Las 10 habilidades que necesitarás para tu futuro profesional

Lluis Serra    7 enero, 2020

Hace unos días asistí a una conferencia sobre el profesional del futuro y las habilidades que más se van a demandar. El ponente, director general de Zeno Quantum, empezó fuerte: “Señores, según la Universidad de Oxford, en pocos años, el 50% de las profesiones desaparecerán, especialmente las llamadas de cuello blanco… Vuestro lugar de trabajo está amenazado… Solo lo comento para vuestra información.” 

Después del susto inicial y de la correspondiente explicación de cómo detectar si nuestra profesión está amenazada hasta llegar a desaparecer, habló de la inteligencia artificial, que no deja de ser la responsable de los cambios que se avecinan en el mundo empresarial.

Pero la gran amenaza es la resistencia al cambio, por los dos motivos de siempre: la seguridad y el confort de los profesionales.

Habló también de las fases del cambio, de construir un nuevo futuro y del talento que cualquier persona de este mundo tiene y que muy a menudo no conocemos.

Y llegó a la parte que más me gustó y que comparto en este post: las diez habilidades del profesional del futuro.

Formación permanente en habilidades

Según el Phoenix Research Institute, es urgente empezar a formarnos permanentemente en estas habilidades, para poder seguir siendo competitivos y así superar las amenazas de la cuarta revolución industrial y marcar la diferencia.

1. Sensemaking

El término sensemaking hace referencia a la capacidad de entender y dar sentido al mundo que percibimos, cada vez más globalizado, complejo y diferente.

2. Inteligencia social

Es la capacidad de relacionarse de manera empática y convivir con otras personas en un mundo digital. Es decir, conseguir tener la habilidad de comunicarnos, interactuar y relacionarnos con personas, aunque no estén presentes físicamente.

La gestión de las emociones es una de las piezas clave de la inteligencia social, igual que lo es en la inteligencia emocional.

3. Innovación y adaptación

La innovación es creatividad, pero no hay innovación sin disrupción. La habilidad de innovar constantemente nos llevará a la creatividad y eso es la “gasolina del futuro”.

Los perfiles menos creativos pero más continuistas serán los que darán sentido a las creaciones, esa es la adaptación.  

4. Competencias interculturales

Esta habilidad está relacionada con la actitud hacia otras culturas. Actualmente ya trabajamos con personas de diferentes lugares del mundo, pero la clave será la internacionalización, que no es lo mismo que saber idiomas.

No piensa igual un chino que un alemán o un ruso, no tienen la misma cultura, hacen las cosas de forma diferente y, sin embargo, todos trabajaremos en la misma compañía o proyecto.

5. Pensamiento computacional

Será fundamental saber hacer frente a problemas de distinta índole y conseguir resolverlos. Lograr que los problemas se hagan más pequeños, se fraccionen, y así encontrar una solución a cada uno de ellos.

Las habilidades para lograrlo son propias del pensamiento lateral y crítico e incluyen disciplinas como el comportamiento humano para conseguir desgranar un problema.   

6. Cultura multimedia

Esta habilidad es la que solemos tener más trabajada. Redes sociales, Internet, movilidad, nuevas tecnologías como la RV (Realidad Virtual), la Realidad Aumentada (RA) o la llegada del 5G, que hará que la vida sea muy diferente de la que conocemos.

7. Transdisciplinariedad

Tendremos que convivir con equipos multidisciplinares y con empresas de diferente índole, aunque ahora los profesionales aún están especializados en un solo ámbito.

Puede llegar el día en que un informático tenga que ser financiero en una compañía. Por ello, debemos ser capaces de entender otros sectores, para poder desarrollar nuestro trabajo en otros entornos.

8. Capacidad de diseño

No se trata del diseño artístico, sino del diseño de las grandes organizaciones.

Existen empresas muy grandes que se mueven por todo el mundo, lo que las obliga a tener grandes estructuras y organigramas para conseguir con éxito sus objetivos.

Los profesionales deberán ser capaces de entender esta mentalidad de diseño de compañías globales.

9. Capacidad crítica cognoscitiva

El pensamiento cognoscitivo consiste en aprender cualquier cosa, ya sea teóricamente, con la práctica o con la experiencia.

La capacidad crítica cognoscitiva nos permite ser personas analíticas ante cada cosa que se plantea. Es un gran reto y no todas las compañías están preparadas para ser críticos y superar la mediocridad. Tenemos que ser valientes.  

10. Colaboración virtual

Es la habilidad de poder trabajar y convivir con otras personas de otros lugares con metodologías diferentes a las nuestras.

Según un estudio realizado por Forrester Consulting, un 84% de las empresas han utilizado videoconferencias en la nube y un 78% tenía terminales en las salas de juntas.

Estas herramientas colaborativas ayudan a incrementar la productividad. Por ello, debemos tener la capacidad de cambiar nuestra metodología para incorporar nuevas herramientas.

La cuarta revolución industrial está modificando el modelo de empresa que conocemos hoy en día. La velocidad a la que suceden las cosas es la gran amenaza.

Estas diez habilidades serán necesarias para el nuevo profesional, si quiere seguir siendo competitivo, sea del sector que sea, lo que nos obliga a formarnos permanentemente.

Sí a la inteligencia artificial, pero sin renunciar a la humana

Álvaro Alegria Meunier    7 enero, 2020

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse, de eso no cabe la menor duda. Basta asomarse a las páginas salmón (y no tan salmón) de cualquier periódico o echar un vistazo rápido al feed de Linkedin para comprobar que la “IA” es el último grito en el mundo de la empresa.

Y lo cierto es que hay sobradas razones para ello. Las capacidades que esta nueva tecnología ofrece permiten no sólo superar barreras hasta ahora infranqueables para los sistemas tradicionales, sino que, más allá desbloquea campos hasta ahora reservados para películas de ciencia ficción.

Una nueva forma de tomar decisiones

Sin embargo, este furor por la inteligencia artificial ha puesto de manifiesto un hecho que resulta, cuanto menos, sorprendente: A la hora de tomar decisiones, las empresas parecen confiar más en las máquinas que en los humanos.

Nadie va a negar que la tecnología tiene capacidades de cómputo exponencialmente superiores a las del humano más inteligente, pero también es cierto que no todas las decisiones empresariales requieren de esos niveles de inteligencia y, en esos casos, la tendencia parece mantenerse: la “máquina” decide mejor.

Posicionarse sobre la certeza de esa cuestión de manera categórica, con un simple, verdadero o falso, es sencillamente imposible. Son tantos los condicionantes y matices que conforman el contexto de cada decisión que, probablemente, la respuesta más adecuada sea que “depende”.

No obstante, el objetivo de este artículo no es dar una respuesta a dicha cuestión, sino plantear el debate sobre las razones que, aparentemente, nos llevan a confiar más en una máquina que en un humano. Porque, cuando se toma la decisión de confiar en una máquina, dicha máquina ha sido diseñada y programada por un humano; y la decisión última de depositar dicha confianza la toma igualmente un humano.

Factores que pueden hacer a una máquina más «confiable» que a una persona

Desde un punto de vista estrictamente personal, dotar de mayor confiabilidad a las máquinas que a las personas se debe a distintos factores, no todos ellos positivos.

El primero, como ya hemos adelantado, son las mayores capacidades de cómputo. La tecnología puede almacenar más información, más variada y cruzarla y contrastarla a unos niveles que los seres humanos somos incapaces.

El segundo, aunque pueda resultar obvio, es la falta de humanidad. Los seres humanos tenemos sentimientos, prejuicios, sesgos, experiencias que, aunque no queramos, influyen nuestra capacidad de razonamiento y, por tanto, condicionan nuestras decisiones. (No valoro si esto es negativo o positivo. Sólo pretendo dejar claro que, en ocasiones, este es uno de los aspectos que se busca evitar al designar una máquina como decisora).

El tercero, y posiblemente el más polémico, se trata de una cierta dosis de cobardía. Si las decisiones las toma una máquina; que además hemos convenido que es menos falible que un humano, los humanos nos liberamos de la responsabilidad sobre las decisiones. Así, si el resultado obtenido no es el esperado, la culpa nunca será nuestra, sino de la máquina. Como mucho, podrá ser culpa de quien diseñó y programó la máquina, pero, en ningún caso, del humano que debería haber tomado dicha decisión en ausencia de la misma. En mi opinión, este es un aspecto peligroso, pues la ausencia de responsabilidad puede llevar a la irresponsabilidad.

Conclusión

Sea como fuere, motivado por la velocidad de los avances tecnológicos, la realidad es que muchas de las grandes empresas han pasado casi directamente de tomar decisiones 100% humanas, basadas únicamente en la experiencia e intuición, a ceder dicha capacidad de decisión a la inteligencia artificial. Y en dicho proceso se ha pasado por alto un paso intermedio: las decisiones humanas basadas en datos.

Es muy probable que las máquinas tomen decisiones más precisas, más asépticas y más coherentes que los humanos, pero, lamentablemente, parece que nosotros mismos nos hemos quitado la oportunidad de demostrar cuán buenos podríamos haber sido comparados con las máquinas, si hubiéramos sido capaces de confiar en nosotros mismos.

En cualquier caso, hay algo que no debe perderse nunca de vista. Que por muy superior que sea la inteligencia de una máquina, comparada con la de un humano, está será siempre artificial. 

Para mantenerte al día con LUCA, visita nuestra página web,  suscríbete a LUCA Data Speaks o síguenos en TwitterLinkedIn YouTube.

Deja un comentario en Sí a la inteligencia artificial, pero sin renunciar a la humana

En qué consiste el convenio de Budapest y cómo regula la ciberdelincuencia

Juan Carlos Estévez    6 enero, 2020

La penetración de las redes informáticas trajo consigo los ciberataques que hoy, de acuerdo con el Informe de Riesgos Mundiales 2019, se encuentran entre las amenazas globales más graves del planeta, junto a los fenómenos meteorológicos extremos, el fracaso de la protección climática y los desastres naturales. De ahí que el concepto de ciberdelincuencia se convirtiera en una preocupación para los gobiernos de todo el mundo y se firmara el  Convenio de Budapest sobre ciberdelincuencia  para hacerle frente de forma eficaz.

¿En qué consiste específicamente el convenio de Budapest sobre ciberdelincuencia?

De acuerdo con la definición oficial, el Convenio de Budapest (CETS No.185), sancionado el 23 de noviembre de 2001 por el Comité de Ministros del Consejo de Europa, es:

El primer tratado internacional sobre delitos cometidos a través de Internet y otras redes informáticas, que se ocupa especialmente de las infracciones de los derechos de autor, el fraude informático, la pornografía infantil y las violaciones de la seguridad de la red. También contiene una serie de poderes y procedimientos, como la búsqueda de redes informáticas y la intercepción”.

El objetivo principal de este instrumento, definido en el preámbulo, es establecer una política penal común y alineada entre países, orientada a la protección de la sociedad contra la ciberdelincuencia, Esto se alcanza  tipificando los delitos informáticos de forma similar en todas las naciones, unificando normas procesales y a través de una cooperación internacional armónica.

En la práctica, es el único instrumento internacional vinculante sobre este tema. Y pretende ser una guía para que los países desarrollen legislaciones nacionales integrales y alineadas contra el Cibercrimen.

Además, facilita la adopción de medidas para detectar y perseguir, nacional e internacionalmente, a los ciberdelincuentes. Ejemplo de ello es la creación de una red 24/ 7 para garantizar una rápida cooperación internacional que reaccione frente a cualquier incidente y facilite la extradición de criminales cibernéticos (artículo 24).

Esto es clave en la lucha global contra la ciberdelincuencia, dado el carácter transfronterizo que esta puede llegar a tener (por ejemplo, la víctima del cibercrimen se halla en España, pero fue engañada por un delincuente ubicado en USA a través  de un portal hosteado en México).

Cabe señalar que el tratado no define explícitamente el concepto de ciberdelincuencia, pero sí establece los tipos de cibercrimen que los países deben tipificar en sus legislaciones. Entre estos, son de gran importancia por su impacto y frecuencia, los delitos informáticos reseñados en el Titulo II:

Falsificación informática: hace referencia a la introducción, alteración, borrado o supresión, deliberada y de forma ilegítima, de datos informáticos que dé lugar a datos no auténticos, “con la intención de que sean tenidos en cuenta o utilizados a efectos legales como si se tratara de datos auténticos”.

Fraude informático: son los actos deliberados e ilegítimos que causen perjuicio patrimonial a otro mediante la introducción, alteración, borrado o supresión de datos; o causándole interferencias en el funcionamiento de sus sistemas informáticos.

El artículo 37 establece que los Estados no miembros del Consejo de Europa y que no hayan participado en la elaboración del tratado, pueden adherirse por invitación del Comité de Ministros del COE. A la fecha ya son más de 50 países a nivel global los que se han adherido al tratado,

¿Cómo rige en España?

España firmó el tratado el 23 de noviembre de 2001 y lo ratificó mediante el instrumento de ratificación del convenio el 1 de octubre de 2010 en el que el país se compromete a observarlo y cumplirlo en todas sus partes.

Sin embargo, las reformas al ordenamiento penal –derivadas de la ratificación- solo se hicieron realidad hasta el 24 de diciembre de 2010 cuando entró en vigencia la LO 5/2010 de 22 de junio.

Esta reforma fue inspirada en la Decisión Marco 2005/222/J AI, sustituida por la Directiva 2013/40UE que, en cierta forma, impulsó la Reforma al Código Penal Español de 2015 que introdujo artículos importantes para la tipificación de los diferentes tipos de cibercrimen, como el artículo 197 bis que castiga el acceso no autorizado a sistemas informáticos, o el 197 ter que penaliza la producción, adquisición, importación o entrega a terceros de datos de acceso o software desarrollado o adaptado con el fin de cometer delitos.

Ya en 2019, España aprobó la Estrategia Nacional de Ciberseguridad, la cual busca «garantizar el uso fiable y seguro del ciberespacio, protegiendo los derechos y libertades de los ciudadanos, y promoviendo el progreso económico».

La lucha del Estado contra la ciberdelincuencia es frontal. Aun así, solo en 2018 se registraron 110.613 ciberdélitos que costaron millones de euros a las víctimas, según cifras del Observatorio Español de Delitos Informáticos.

Qué es el SEO social y cómo puede ayudarte a tener más visibilidad

Ismael Ruíz    3 enero, 2020

¿SEO social? Es probable que nunca hayas escuchado estos dos términos juntos y que, por tanto, te estés preguntando si es posible combinar las redes sociales y el SEO. La respuesta es sí.

Si quieres saber cómo aprovechar el SEO social o Social Media SEO, primero necesitas saber qué es. Presta atención, porque hoy aprenderás a utilizar las ventajas de las redes sociales para impulsar tu posición en las SERP.

¿Qué es el SEO social?

El SEO social es una estrategia que combina el posicionamiento web con los canales sociales, con el objetivo de obtener más tráfico y transformarlo en clientes fieles.

Esta estrategia tiene en cuenta cuatro pilares del marketing digital:

  • Contenido de calidad.
  • Posicionamiento web.
  • Email marketing.
  • Y redes sociales.

¿Cómo contribuye el SEO social a un mejor posicionamiento?

Son muchos los factores (en torno a 200) que influyen en la posición que Google le otorga a nuestra página, algunos de ellos tienen relación con la cantidad de visitas que tenemos, el tiempo de permanencia o dwell time, la tasa de rebote y otras métricas, y es precisamente en este punto donde las redes sociales nos pueden ayudar.

El buscador está teniendo cada vez más en cuenta la experiencia que tenga el usuario dentro de tu web. Y algo que le puede hacer pensar que la experiencia es satisfactoria es que accedan a tus contenidos desde las redes sociales, que es donde los usuarios pasan más tiempo libre y de ocio.

El SEO social tiene la particularidad de dotar a tus contenidos de un porcentaje de tráfico social interesante, el cual dará a Google una señal de que es un contenido que está gustando a tu comunidad de usuarios.

¿Qué redes sociales debes trabajar para potenciar el SEO social?

El SEO social no solo te ayudará a posicionar tu web en las SERP, también dará un impulso al posicionamiento de tus redes sociales; lo que a su vez te ayudará a subir aún más puestos en Google. En definitiva, se trata de una especie de ciclo que se retroalimenta, ya que la mejora de uno contribuye a la mejora del otro y viceversa.

Estas son las tres redes sociales más útiles para tu estrategia empresarial y de las que puedes sacar un mayor rendimiento:

Facebook

Se trata de una de las mejores plataformas para la creación de contenido. Permite un formato mixto de texto e imágenes y contenidos multimedia que lo hace perfecto para compartir las publicaciones de tu blog.

En Facebook existen pocos límites para subir contenidos que puedan interesar a tus seguidores, además de que el formato se adapta perfectamente, sin importar la extensión.

Twitter

Twitter es un poco más limitado que Facebook a la hora de publicar contenido; aún así es una de las redes sociales que más visitas directas puede conseguirte.

Y es que mientras los usuarios de Instagram o Facebook navegan fundamentalmente de una publicación a otra dentro de la propia red social, si ven algo que les llame realmente la atención en Twitter, es muy probable que decidan ir a la fuente para enterarse mejor y ver el contenido en detalle.

Twitter es especialmente útil si te dedicas a hacer contenidos de marketing, negocios o emprendimiento.

Linkedin

Ahora mismo quizá sea la red social que más tráfico orgánico lleva a blogs y webs. Los usuarios son reales, con nombres y apellidos, no avatares ficticios, por lo que no hay tanto «troleo» ni fake news como en Twitter.

Muchos buscan en esta red noticias relacionadas con su actividad, se interesan por ampliar información sobre posibles contactos y hacer networking, y cuidan mucho los comentarios que hacen, porque dejan huella en su marca personal y en su curriculum.

Si pensamos en el posicionamiento de pago, hay que tener en cuenta que la publicidad en Linkedin es unas nueve o diez veces más cara que en Facebook Ads, por ejemplo. Pero quizá te compense, porque si tu público objetivo está mayoritariamente en esta red social, podrás realizar una segmentación más acertada de tu audiencia, a la vez que envías tráfico social y cualificado a tu web y consigues una mayor tasa de interacción.

En conclusión, el SEO social, pese a ser relativamente reciente, es una tendencia que está en constante crecimiento, y cuyos beneficios para el posicionamiento web son evidentes, dada la importancia que Google le da a esta fuente de tráfico.

Aprovecha al máximo las redes sociales, y utilízalas para dar visibilidad a tu contenido y también para aumentar puestos en las SERP.

Si lo piensas, es “matar dos pájaros de un tiro”, por un lado estás mejorando tu presencia en redes sociales, y por el otro estás ayudando a posicionar mejor tu página.

Queridos Jefes Magos: ¿y si para 2020 terminamos con la «reunionitis»?

José Ramón Suárez Rivas    3 enero, 2020

Son como vampiros del tiempo, la productividad y la energía de los trabajadores. De cada una, además, sale otra (es como ese ramo que se tira en las bodas) y se convierten en un trabajo en sí mismas: son las reuniones como deporte corporativo, como competición a ver quién convoca más incluso. Bueno, llegados a este extremo, hablamos más bien de su perversión: de la “reunionitis», un mal generalizado y al alza en las organizaciones, del que se ha escrito mucho ya.

El Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) calcula que pasamos más de un tercio de nuestra vida laboral metidos en reuniones. Hay un exceso claro de encuentros que no son importantes ni imprescindibles y además el coste emocional y económico de la «reunionitis» es alto. Ocurre con frecuencia que se utilizan como la única herramienta de colaboración y las hay, por ejemplo, meramente informativas, a las que podría sustituir perfectamente un sencillo correo electrónico. En otras ocasiones la finalidad no está clara y se convierten en un divagar interminable. A veces quienes están en ellas se preguntan qué pintan allí…

Un claro recorrido de mejora en las reuniones

En fin, las empresas tienen un claro recorrido de mejora en sus reuniones…y lo saben. Recientemente, por ejemplo, BBVA las limitaba a 45 minutos y daba algunas directrices al respecto. Incluso se está poniendo de moda hacerlas de pie, como la mejor manera de ir al grano y acortarlas.

Según expone el Wharton Center for Applied Research (CFAR) en su informe Better business meetings, un empleado medio desperdicia 31 horas mensuales en reuniones ineficaces, aproximadamente el 18 por ciento del tiempo total.

Según esto, y si en España el sueldo medio está en torno a los 23.600 euros según la última encuesta de estructura salarial del INE, una pyme con diez empleados tira a la basura 40.000 euros cada año, algo así como dos meses de sueldo con su respectiva productividad. Y pensemos que en una gran compañía el fenómeno de la «reunionitis» es más alarmante aún.

¿Qué pasa, además, si la reunión dura más de la cuenta? Según un informe de Atlassian:

  • El 91 por ciento de los asistentes se distrae.
  • El 73 por ciento hace otras cosas.
  • Un 39 por ciento llega a dormirse en algún momento.

Según otro estudio de esta misma compañía, los empleados suelen tener 62 reuniones al mes, un promedio de 2,8 reuniones al día. Si están dispersas en la agenda, además, como suele ocurrir, es un motivo de frustración, ya que la jornada laboral es un “parar y empezar” continuo, que impide al trabajador disponer de una franja amplia de tiempo para concentrarse en su trabajo.

Peter Drucker decía que “Una empresa con demasiadas reuniones es una empresa enferma”.

Quizá sea acertado decir que la reunionitis es la consecuencia de la ineficacia de las reuniones en un equipo de trabajo, y que tanto encuentro constante se puede convertir en una forma de procrastinación.

Reuniones productivas y las estrictamente necesarias

Pero, bien entendida y gestionada, la reunión es una herramienta de trabajo en equipo que puede dar grandes frutos y conducir al éxito de los proyectos.

Aunque miremos de reojo a nuestros “jefes magos”, todos los participantes de una reunión son responsables de hacerla productiva, y existen cuatro reglas para que no se conviertan en un cóctel de desmotivación.

  1. El historiador naval británico Cyril Northcote Parkinson afirmó que «el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine»
  2. Según otra ley de Parkinson, la de la trivialidad, “en la gran mayoría de las reuniones el tiempo dedicado a cada asunto es inversamente proporcional a su importancia”.
  3. El principio de la efectividad de Lane Kirkland, que fue presidente de la Federación estadounidense del trabajo y congreso de organizaciones industriales, apunta a que “la efectividad de la reunión es inversamente proporcional al número de asistentes”. No siempre es bueno llenar la sala.
  4. Y, por último, según el principio de eficacia sistémica: “cosa que se dice, cosa que no se repite”. Porque ¿cuántas veces en una reunión se entra en el bucle del hámster en la rueda?

«Reuniones que matan»: metodología para que no ocurra

Según Patrick Lencioni, experto en liderazgo, gestión del cambio, trabajo en equipo y cultura corporativa, las reuniones en los lugares de trabajo “son dolorosas, frustrantemente largas y, en muchas ocasiones, inútiles. Sin embargo, son fundamentales en la gestión de las organizaciones». En su libro “Reuniones que matan” -título revelador- incluye una serie de interesantes recomendaciones para hacer estos encuentros atractivos, productivos y hasta divertidos.

El antes: la preparación

  • La convocatoria debe hacerse con la antelación máxima e incluir solo a las personas necesarias. El objetivo debe estar claro y adelantarse en dicha convocatoria.
  • La agenda, con los puntos que se van a tratar debe ir por adelantado y las horas de comienzo y finalización deben estar prefijadas. De esta manera, los asistentes evitarán la tentación de extenderse y se concentrarán para abordar todos los temas previstos en el tiempo acordado. Además, si los empleados saben la hora a la que acaba, podrán organizar mejor su agenda personal (conciliación). Debe haber un cumplimiento riguroso, por respeto, en la hora de comienzo y finalización.
  • ¿La primera hora es la mejor? La reunión debe entorpecer lo menos posible la dinámica habitual de trabajo y debe tener lugar cuando la gente está más fresca y despejada o, dicho de otra forma, que “estén presentes en cuerpo y no ausentes de mente”.
  •  Lo correcto es empezar por los puntos urgentes o más relevantes. Si surgen aspectos nuevos se tratarán al final el encuentro. La reunión exige una preparación por parte de sus miembros, que incluye la del del material y recursos necesarios para la misma.

El durante: la realización

  • Es importante seguir la agenda y los tiempos marcados.
  • La concisión y la precisión deben ser reglas de oro de quien la dirige.
  • Es necesaria la atención y concentración de los convocados, que no deben distraerse en otras actividades.
  • No debe faltar el diálogo o la discusión para la toma de decisiones y acuerdos, pero es importante que quien lidera la reunión haga que esto suceda de forma ágil y orientada al resultado perseguido.
  • Se trata de crear un buen clima de confianza durante la reunión, hay que respetar el turno de palabra y escuchar activamente, sobre todo, si se usa la videoconferencia.
  • La duración de las reuniones dependerá de la importancia de las cuestiones que se traten. La clave reside en tomar decisiones de forma que todos conozcan qué se debe hacer y por qué. Esto permite ahorrar tiempo posteriormente en llamadas y correos electrónicos sobre cuestiones que ya han quedado definidas.
  • El cierre debe ser “el acta de reunión” con el establecimiento de los próximos pasos, determinación de la responsabilidad de tarea, establecimiento de tiempos, etc. y hay que “colgar” esta información en un repositorio común (OneDrive, OneNote, Office365) o, en última instancia, remitirla por email al equipo.
  • Lo de pedir feedback de la reunión debe hacerse solo cuando proceda para concretar alguna medida de mejora para las próximas, ya que de manera recurrente puede convertirse en una carga más.  

El después: el seguimiento

  • Los responsables del equipo asumen el seguimiento y control de lo que se ha decidido realizar. También deben coordinarse con el resto de los miembros en los que se han delegado tareas-acciones para que sean corresponsables de las mismas.
  • Seguimiento de los acuerdos, acciones y tareas acordados durante la reunión.

Concluyo con el deseo de que nuestros “Jefes Magos” lean este artículo y con una frase de Xavier Marcet: No necesitamos más tiempo reunidos sino concentración de calidad y líderes que lleven la agilidad a lo más común que se hace en una empresa: reunirse.

¡Feliz 2020 lleno de reuniones productivas!

Imagen: TEDxSeoul

¿Por qué es importante contar con un departamento de control interno?

Alvaro Sandoval    2 enero, 2020

En la actualidad, las empresas están inmersas en la mejora de la competitividad de su modelo de negocios. En ese sentido, el departamento de control interno debe asegurarse de se cumplan con los objetivos comerciales y administrativos con el menor riesgo posible. Para ese efecto, se debe llevar a cabo una adecuada gestión de riesgos legales, crediticios y tecnológicos.

Veamos cómo este departamento es clave para el cumplimiento de los objetivos de la organización con una adecuada gestión de riesgos.

¿Cuál es la función del departamento de control interno?

Para Servin (s/f), el control interno tiene el objetivo de resguardar los recursos de la empresa, evitando pérdidas por fraude o negligencia. Además, este departamento debe ser capaz de detectar las desviaciones que se presenten y que puedan afectar el cumplimiento de los objetivos de la organización.

Brookins (2019) explica que las funciones de control interno son las siguientes:

  • Establecer protocolos y procedimientos que ayuden a llevar orden y cohesión a las operaciones de las empresas.
  • Prevenir el fraude a través de la conciliación de los extractos bancarios, las revisiones de auditorías internas y otras actividades.
  • Separar las tareas de los empleados según un orden lógico. Por ejemplo, mediante esta actividad se asegura de que el personal de cuentas por pagar, no maneje las cuentas por cobrar.
  • Ayudar a la empresa a demostrar la integridad de sus estados financieros ante los reguladores estatales.

Ventajas de contar con un departamento de control interno

PWC (2018) revela que el 49% de las organizaciones de todo el mundo dijeron que habían experimentado fraudes y delitos económicos. Lo más sorprendente es que el 52% de estos fraudes son perpetrados por empleados de la empresa. Contar con un departamento de control interno puede evitar que los empleados violen las políticas internas y, en consecuencia, cometan delitos que comprometan la seguridad financiera de la organización.

Esto es así, gracias a que este departamento garantiza que los recursos de la empresa se utilicen para los fines previstos. ISOTools (2019) dice que los auditores aportan seguridad respecto a los siguientes contextos:

  • La confiabilidad de la información que se audita.
  • La ejecución de auditorías de control externo.
  • El cumplimiento de la legislación y las regulaciones aplicables a las operaciones de la organización.

Por ejemplo, en el proceso de verificación y evaluación de una nueva adquisición, una analista de compras puede seleccionar un proveedor que esté relacionado con ella.  A cambio de una pequeña regalía por la gestión. Los proveedores afectados pueden llevar a la empresa a los tribunales. Esto se traduce en costes legales imprevistos para la organización. ProcureDesk (s/f) muestra el ejemplo de HP. La multinacional pagó $55 millones de dólares en 2010 para resolver las acusaciones de que pagó de dinero a individuos para ganar contratos con el gobierno de Estados Unidos.

Control interno como herramienta indispensable para el crecimiento de la empresa

Thomson (2015) explica que muchas personas entienden que la gestión de riesgos es un freno para la innovación. Al contrario, se trata de una herramienta de aprendizaje para lograr el cumplimiento de los objetivos. Entonces, ¿cómo ayuda este departamento al crecimiento de las empresas? Control interno puede ser consultado cuando haya obstáculos en un nuevo proyecto. Thomson expone que, de este modo, los auditores pueden ayudar a determinar qué funciona y qué no funciona. Además, puede probar y refinar supuestos.

Balaji (2019) expone que las organizaciones innovadoras adoptan enfoques innovadores. Estos enfoques pueden incluir acelerar la adopción de análisis avanzados, la inteligencia artificial y aplicación de principios de auditoría Agile. De este modo, los auditores pueden identificar interferencia en los procesos y actividades de la empresa. Además, los auditores pueden generar ideas para el uso de tecnologías que ayuden a eficientizar estos procesos. Como herramientas de colaboración y capacitación en extracción de datos, por ejemplo.

La mayoría de las innovaciones pueden requerir nuevas tecnologías y la asignación de un presupuesto. Sin embargo, Deloitte (2016) encontró que solo el 40% de los auditores entiende que su función tiene un fuerte impacto e influencia. Este dato revela que la verdadera innovación en auditoría interna generalmente implica un cambio de mentalidad. En ese sentido, Balaji dice que hay que provocar un verdadero cambio disruptivo. Para la comprensión de la importancia de la auditoría interna, la mentalidad deseada debe ser proactiva. Además de progresista y más centrada en ofrecer valor y conocimientos comerciales que la mentalidad de auditoría interna tradicional.

Comunicación organizacional: 4 consejos para mejorar su practica

Alvaro Sandoval    2 enero, 2020

En la era de la cuarta revolución industrial y de la globalización, los expertos coinciden en señalar la importancia crucial de la comunicación organizacional. Por medio de ella se transmite la información, el conocimiento que es clave para gestionar el compromiso laboral. Sin embargo, todavía es un desafío pendiente para la gran mayoría de las empresas, que no logran ver su relación directa con los resultados tangibles de la organización. ¿Cuál es el impacto de la comunicación corporativa en los equipos de trabajo y en la productividad?

De acuerdo con una encuesta de O.C Tanner (s.f.), el 86 % de los ejecutivos y empleados menciona la mala comunicación y la falta de colaboración como la causa principal del fracaso de las empresas. Por el contrario, las organizaciones que tienen una buena comunicación se benefician de una mayor productividad. Según la firma Gallup, cuando las personas trabajan en un ambiente donde hay una buena comunicación y los objetivos son claros, se sienten más satisfechas y su motivación es mayor. Esto puede incrementar la rentabilidad hasta en un 21 % (Harter, 2018).

Pero lograr una buena comunicaciónentre losmiembros de su organizaciónno es un asunto fácil. Implica reconocer las conductas de los empleados, los procesos de comunicación verbales y no verbales, los flujos de información y las distintas técnicas de intervención. Para esto se necesita contar con el apoyo decidido de la alta dirección.

A continuación, se presentan 4 consejos que usted puede implementar para gestionar de forma eficiente la comunicación organizacional.

4 consejos para una comunicación organizacional efectiva

1. Desarrollar la habilidad de comunicación de los gerentes y supervisores

Los gerentes y supervisores tienen un papel clave en la construcción del entorno conversacional de las empresas. De acuerdo con Gallup (Harter, 2018), pueden influir hasta en un 70 % en el compromiso de los equipos de trabajo.

Sin embargo, las investigaciones recientes señalan que más del 40 % de los gerentes tiene problemas con su forma de comunicar (Solomon, 2015). Se les dificulta compartir su experiencia y errores, reconocer el mérito de otros, impartir las instrucciones, hablar cara a cara y ser empáticos. Esta situación se puede mejorar invirtiendo en el desarrollo de las habilidades blandas de los gerentes.

2. Establecer una comunicación de doble sentido

Un aspecto fundamental para fortalecer las relaciones humanas dentro de las grandes empresas es establecer una comunicación bidireccional. Es necesario romper con la tradicional comunicación por niveles jerárquicos. Esto solo es posible si se reconoce el valor de la retroalimentación. Practicar la inclusión y la escucha es una estrategia que fortalece la confianza del trabajador.

Según un artículo publicado por Naz Beheshti (2019) en la prestigiosa revista Forbes, un trabajador que se siente escuchado resulta entre 4 y 6 veces más propenso a sentirse capacitado para realizar su trabajo. Esto aumenta su satisfacción laboral, su compromiso y su desempeño. Una buena práctica es construir mesas de reuniones con mayor diversidad, donde todas las voces sean escuchadas.

3. Compartir los propósitos de la organización

Diversos estudios señalan que muchos empleados desconocen la misión y los objetivos de las empresas en las que trabajan. Esto se debe, entre otras cosas, al escaso seguimiento de la información que se genera y al impacto que produce. Como consecuencia, muchos trabajadores se sienten desconectados, lo cual impacta de manera directa en su productividad. Esto ocurre sobre todo cuando trabajan en áreas como servicio al cliente, en las que se requiere una atención personalizada de calidad.

El primer paso para corregir esta situación es ser transparente y compartir información relevante con los empleados. Esto ayudará a motivarlos: se sentirán incluidos y más comprometidos.

4. Impulsar la productividad con aplicaciones de comunicación organizacional

En la actualidad, existe una gran cantidad de alternativas tecnológicas para fomentar la comunicación organizacional: intranet, mensajería de texto, correos electrónicos y dispositivos móviles. La comunicación es ahora en tiempo real. Esto ha revolucionado la forma en que se trabaja y en que se comunican las empresas. Tecnologías como el almacenamiento en la nube facilitan el acceso a los contenidos compartidos desde cualquier dispositivo conectado a Internet.

Para las grandes empresas, resulta conveniente contar con software que permita el análisis en tiempo real que se deriva de las comunicaciones internas. Estos programas son capaces de detectar puntos débiles y de elaborar reportes en tiempo real. Una estrategia que permitirá implementar con agilidad los cambios que se requieran.

Aunque la estrategia correcta dependerá de la situación particular de las comunicaciones de su empresa, las examinadas en este artículo se consideran fundamentales en la gestión del talento humano del siglo XXI. ¿Cómo gestiona su empresa la comunicación organizacional?

Cómo a través de la auditoría las empresas son más productivas

Alvaro Sandoval    2 enero, 2020

En la actualidad, ganar confianza y eficiencia son dos atributos muy valorados en las empresas. A través del proceso de auditoría es posible contar con ambas.

Según la RAE (Real Academia Española, 2019), auditar es realizar “una revisión sistemática de una actividad o situación con el fin de evaluar qué tanto cumple las reglas o criterios a las cuales deben someterse. En pocas palabras, auditar es comparar un evento contra un estándar para saber qué hace falta corregir o mejorar.

Entre mayor sea su grado de cumplimiento, más confiable será la empresa. Por ejemplo, si la auditoría financiera reporta que cumple con todas las normas, significa que su información financiera es transparente. Esto no solo dará tranquilidad a los inversionistas, sino también a los empleados, los proveedores y los clientes.

Lo mismo sucede con la eficiencia. Al momento de revisar todos los procesos durante la auditoría, se podrá identificar claramente qué tan productiva es la operación. Por ende, los errores se podrán corregir antes de que sus consecuencias sean fatales.

¿Quién realiza la auditoría?

Es muy importante que la persona encargada de realizar la inspección sea ajena al evento o actividad a revisar. De lo contrario, se estaría comprometiendo la veracidad del reporte.

Por eso, dependiendo del tipo de auditoría que necesiten realizar, es muy común que las empresas contraten agencias especializadas. También el proceso puede llevarse a cabo por personal de la misma empresa. Pero ellos deben ser un equipo independiente. Por ejemplo, en la auditoría informática, la gente involucrada no deberá formar parte del departamento de Sistemas.

Beneficios de la auditoría

Aunque la auditoría surgió durante la Revolución Industrial para identificar fraudes, con el paso del tiempo se ha transformado. Sobre todo recientemente, gracias a la innovación tecnológica.

Entre los beneficios que la firma Deloitte (2019) enumera en su artículo “Auditoría Ágil” están:

  • Permite responder rápidamente a los cambios que el negocio necesita
  • Reduce el tiempo empleado para descubrir fallas o errores
  • Ayuda a tomar mejores decisiones

¿Cómo se realiza una auditoría?

Paso 1: Planeación

Define qué se va a auditar, qué criterios se emplearán, en qué momento y quiénes lo realizarán. Primeramente, será necesario definir el alcance. ¿Se incluirán todas las sucursales?, ¿qué ciudades o países serán considerados?, ¿qué proceso será auditado?, etc. Por lo general, se auditan aquellos eventos donde se sospecha que existen un mayor número de irregularidades. Aunque esto depende exclusivamente de la empresa.

Seleccionar los criterios se refiere tanto a cómo será gestionada la información, hasta la forma en que será documentada. Por ejemplo, como parte de la gestión deberá definirse quién será el punto de contacto para la auditoría, a quién se le entrega el reporte, etc.

En cuanto a la documentación, ésta incluye definir el formato, el contenido, el nivel de detalle o si existe alguna regulación que especifique los aspectos anteriores.

Por otra parte, para definir en qué momento se llevará a cabo la auditoría y su frecuencia intervienen varios factores. Algunos dependen de la empresa como el objetivo de la auditoría, sus políticas o el nivel de riesgo a la que está expuesta. Otros son externos como los lineamientos gubernamentales o si es requisito para participar en alguna licitación.

Además, como la compañía invertirá ciertos recursos durante el proceso, es importante programarla en aquellas fechas donde la carga de trabajo no sea excesiva. Una vez lo anterior, será momento de organizar al equipo de trabajo. Lo recomendable es incluir auditores con experiencia en el área. Por ejemplo, para una auditoría a una empresa de servicios, los auditores deberían estar especializadas en servicios más que en productos.

Además, según su tipo, será necesario que los auditores cuenten con ciertas certificaciones, requerimientos o entrenamientos. La descripción del perfil también es útil para que la compañía determine si prefiere que la auditoría sea realizada interna o externamente.

Paso 2: Ejecución

En esta fase, el objetivo principal es recolectar toda la evidencia disponible.

Aunque cada tipo de auditoría tiene su propia metodología, existen tres maneras básicas:

  • Entrevista: Es el método más empleado y las primeras son de gran ayuda para tener una visión general del panorama.
  • Revisión de documentación y registros: Cada vez son más populares las versiones digitales de estos documentos de trabajo, ya que reducen significativamente el tiempo empleado en su revisión.
  • Observación de campo: se refiere a la inspección física que se hace del evento o actividad 

Por lo general se utiliza una mezcla de estos tres métodos para mejorar la confiabilidad y certeza de los datos. Por ejemplo, es muy común que los auditores se apoyen en la revisión de documentación y la observación de campo para comprobar la veracidad de la información obtenida en las entrevistas.

Paso 3: Análisis y redacción del reporte final

Durante este paso, el equipo de auditores evaluará la información recolectada para determinar cuál es el estado de la empresa.

Cada hallazgo encontrado en el paso anterior determinará si se cumple con los lineamientos establecidos, o no, y cuáles son las consecuencias.

Por ejemplo, en las auditorías tributarias y administrativas, el reporte final podría detonar sanciones o multas para la compañía.

La parte final del reporte incluye recomendaciones, las cuales comprenden una serie de acciones correctivas que ayudarán a la compañía a evitar pérdidas, sanciones administrativas o tributarias, demandas, etc.

Tipos de auditorías

Hoy en día existe una gran variedad de auditorías. Sin embargo, las más comunes son:

  • Auditoría financiera: busca determinar si los estados financieros de la empresa están libres de errores considerables y de acuerdo a la reglamentación vigente.
  • Auditoría de cumplimiento: Revisa si las operaciones financieras, administrativas y económicas se conducen de acuerdo a las leyes y reglamentos más adecuados para la empresa.
  • Auditoría de gestión: identifica si la organización ha cumplido ordenadamente en el logro de sus metas y objetivos propuestos; así como si la administración ha cumplido con las obligaciones que le fueros asignadas.
  • Auditoría de control interno: evalúa el sistema de control interno para determinar si es efectivo y eficiente; si su información financiera es confiable; y si cumple con las leyes y regulaciones que le aplican.
  • Auditoría informática: se encarga de revisar si el procesamiento de los datos que se manejan dentro de la empresa, conservan su integridad, y si además cumplen con las leyes y las regulaciones establecidas.
  • Auditoría forense: está orientada a prevenir, controlar y cumplir las leyes en cuanto al fraude. También identifica si existe corrupción o lavado de dinero dentro de la compañía.
  • Auditoría ambiental: determina si la empresa es amigable con el medio ambiente y con los lineamientos de un desarrollo sostenible.

Por lo anterior, realizar una auditoría en la empresa no es una herramienta para generar culpas y sanciones. Sino es una manera de evitar consecuencias fatales.

Además, conforme se van corrigiendo los errores, la organización eleva su productividad y está mejor preparada para las adversidades.

La psicología detrás de los ciberdelitos

Sebastián Molinetti    2 enero, 2020

¿Sabes qué es la psicología criminológica?

En líneas generales, se trata del área o subdisciplina de la psicología que se encarga de estudiar objetivamente el comportamiento y los procesos mentales que intervienen en la ideación y comisión de un delito.

Teniendo en cuenta que los ciberdelitos ocurren cada 39 segundos y se encuentran entre las amenazas globales más graves, profesionales tan importantes como el Doctor Lee Hadlington han empezado a aplicarla a la ciberdelincuencia, obteniendo resultados que vale la pena conocer.

¿Quién es el doctor Hadlington y cuál es su área de estudio?

Hadlington es un importante Investigador en Ciberpsicología y profesor asociado en dicha materia en la Universidad de Montfort, Leicester en el Reino Unido.

En entrevista con Avast en septiembre de 2018, dijo que su área central de estudio era la observación de “los factores humanos en el contexto de la ciberseguridad y la susceptibilidad al cibercrimen”, aclarando que la Internet va mucho más allá de la tecnología porque afecta nuestra cognición y nuestras interacciones sociales.

¿Y qué nos dice sobre la psicología del delito cibernético? 

En la entrevista en mención, el doctor Hadlington hace referencia a las palancas psicológicas que explotan los hackers para obtener la respuesta humana deseada y llevar a cabo sus ciberdelitos

Al respecto, afirma que hay muchas cosas potenciales para explotar, y pone como ejemplo la ingeniería social, que en el fondo es pura psicología.

Dice el doctor, “el atacante no solo necesita comprender cómo trabajamos como individuos sino también cómo trabajamos como individuos dentro de una sociedad y luego explotar eso”.

Trata de entender cómo piensa la víctima potencial y cómo puede lograr que responda de determinada manera. Para ejemplificar, cita las palancas psicológicas que usa el delincuente para obtener la respuesta deseada en diferentes tipos de ciberataques:

  • Ransomware: el delincuente explota el miedo, la angustia y la incertidumbre de la víctima ante la posibilidad de perder el acceso a información valiosa para ella.
  • Estafa nigeriana: aquí se juega con la escasez y las recompensas. El ciberatacante desencadena en la víctima la respuesta deseada al ofrecerle la posibilidad de obtener algo a cambio de nada.
  • Atrapado en el extranjero: se crea la sensación de urgencia y se aprovechan los lazos emocionales con un ser querido que necesita ayuda.
  • Phishing: generan confianza en la víctima para obtener fácilmente y de manera voluntaria -pero desinformada- información crítica. 

Así es cómo piensa un delincuente cibernético a la hora de atacar. Él es consciente de estos impulsores psicológicos, se mete en la psiquis de las potenciales víctimas y trata de comprender ante qué estímulos responderían mejor.

Así aprenden qué funciona y qué no, agregándole lo que haya que agregarle para aumentar su eficacia. De ahí que cada día sean mejores, más efectivos y más sofisticados.

Afirma Hadlington durante la entrevista:

La gente piensa en los cibercriminales como niños en sus habitaciones simplemente probándolo, pero estas personas lo hacen como un negocio, por lo que no sorprende que investiguen qué funciona y qué no «.

Percepción de lo más acertada si se tiene en cuenta que, de acuerdo con estadísticas recopiladas por Hosting Tribunal, el cibercrimen es más rentable que el comercio mundial de drogas ilegales. La industria del narcotráfico asciende a los 400 mil millones de dólares anuales, y solo en 2018 los ciberdelincuentes ganaron cerca de 600 mil millones de dólares.

Por supuesto, en la psicología del delito cibernético existen otras motivaciones. Los resultados de un estudio con ciberdelincuentes condenados en los Países Bajos, realizado por la investigadora holandesa Marleen Weulen Kranenbarg, profesora de criminología de la Universidad Libre de Ámsterdam, encontró curiosidad, reto, ira, venganza, lascivia y, por supuesto, lucro, entre los impulsores que llevaron a estos personajes a convertirse en hackers de sombrero negro.

En todo caso, la mayoría de las veces los cibercriminales se aprovechan de la confianza de las personas y se juega con sus emociones para explotar los sistemas de seguridad.

“No es credulidad, es una falta de conciencia sobre los riesgos”

Esto nos dice el doctor Hadlington en los tramos finales de la entrevista.

Más allá de entender qué es la psicología criminológica y cuáles son los procesos mentales que intervienen al cometer infracciones cibernéticas, las personas tienen que ser conscientes de los riesgos que están en línea y aprender a actuar de forma segura en la web. Y ejemplifica:

Si te dijera, ‘deja tu puerta abierta’, dirías ‘cállate, ¡me robarán!’ Pero si dijera ‘ve al Wi-Fi público local y verifica tus datos bancarios’, probablemente harías eso. ‘Está en mi teléfono, es seguro, está bien’”.

La educación sobre las ciberamenazas y comprender la forma cómo piensa un delincuente cibernético es el comienzo de la solución al problema.

Redes eléctricas inteligentes para un sistema energético sostenible y eficiente

Antonio Moreno Aranda    2 enero, 2020

En la misma fecha que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Madrid se celebró el VI Congreso de Smart Grids. El impacto mediático de este encuentro sobre redes eléctricas inteligentes fue mucho menor, pero en él se discutieron cuestiones clave para conseguir los objetivos de reducción de CO2 y avanzar en la lucha contra el cambio climático. ¿Cómo?, os preguntaréis. ¿Qué tiene de inteligente un enchufe?

La sesión arrancó con una revisión del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC). El texto define los objetivos nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, la incorporación de energías renovables, la descarbonización de la demanda (electrificación) y medidas de eficiencia energética.

De la voluntad a la realidad vía inversión

Los objetivos de dicho plan se pueden resumir en tres grandes cifras: la reducción del 21 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990, la consecución de un 42 por ciento de uso de energías renovables sobre el uso de energía final y, en tercer lugar, una mejora de un 39,6 por ciento de la eficiencia energética del país. Sin duda, se trata de unos objetivos muy ambiciosos que deben ir acompañados de fuertes inversiones. Se estima que el proceso de modernización hacia una economía descarbonizada requerirá 236.000 millones de euros hasta 2030. Lo relevante es que, a diferencia de otras ocasiones, parece que por fin se pasará de la voluntad a los números.

¿Por qué redes eléctricas inteligentes?

Y un dato más: la generación eléctrica debe reducir en la próxima década un 70 por ciento sus emisiones de CO2. La única manera de conseguirlo es la implantación masiva de energía renovables, en concreto eólica y fotovoltaica, que cambiarán completamente la generación y distribución de energía eléctrica.

Si a eso le sumamos cinco millones de vehículos eléctricos y el almacenamiento masivo en baterías queda claro que las redes de distribución eléctrica serán fundamentales. Y no basta con las que tenemos actualmente, es necesario saltar a las redes eléctricas inteligentes o smart grids. ¿Pero en qué consisten? Por definición son aquellas redes capaces de integrar el comportamiento y las acciones de todos los usuarios conectados a ellas, de tal forma que se asegure un sistema energético sostenible y eficiente, con bajas pérdidas y altos niveles de calidad y seguridad de suministro.

Los cuatro ejes de la nueva política energética

En definitiva, la figura del distribuidor de energía eléctrica va a ir ganado importancia y complejidad, con flujos variables y bidireccionales en los que las redes inteligentes tendrán un papel fundamental dentro de la política energética. En concreto se requerirán acciones en cuatro grandes ejes:

  • Nueva arquitectura de red con recursos energéticos distribuidos (la fotovoltaica favorece la aparición de la figura del proconsumidor en el mercado eléctrico).
  • Incorporación de nuevos activos y modelos de negocio (nuevos agentes y roles).
  • Profunda digitalización y automatización gracias a IoT y la inteligencia artificial.
  • Desarrollos legislativos y normativos específicos para la nueva situación.

El papel clave de las TIC en las smart grids

Con este cambio de paradigma surgen, además, nuevas necesidades técnicas muy concretas. Si os digo, por ejemplo, que harán falta base de datos distribuidas y seguras para agregar todos los puntos de generación y consumos, seguro que pensáis en blockchain, y efectivamente es la tecnología adecuada. Al igual ocurre con las comunicaciones TSN, cuya mayor virtud es que son deterministas y ya se utilizan en entornos críticos como la bolsa. Y es que, como se comentó medio en broma medio en serio, en un segundo puede pasar una cosa y en mil milisegundos mil cosas…

Una cuestión recurrente durante el congreso fue la necesidad de una mayor flexibilidad en el nuevo entorno, mucho más descentralizado y complejo. No parece factible cargar los vehículos eléctricos con paneles fotovoltaicos de noche, ni hacerlo a medio día en los hogares cuando precisamente suelen estar en los lugares de trabajo. Esta nueva realidad implicará la creación de mercados en los que el producto que se intercambie será la propia flexibilidad de conectarse o verter energía a la red en un momento u otro a precios distintos según casen oferta y demanda.

En resumen, el reto al que se enfrentan las smart grids es conseguir que la ecuación «producción = consumo» se cumpla, en un escenario mucho más complejo, en el que las TIC jugarán un papel clave. Facilitarán, además, la transición energética que permita cumplir los objetivos de descarbonización y electrificación de la demanda que exigen los planes gubernamentales y el propio planeta.

Imagen: mini-malist