Diez propuestas pesimistas para impulsar tu vida profesional en 2022

Alfonso Alcántara    24 noviembre, 2021
Vida profesional: cómo mejorarla

Hay datos para el optimismo.

No es mala frase para empezar, ¿verdad? La humanidad en su conjunto progresa en riqueza, salud, educación, longevidad y empleo, y cada minuto que estás leyendo este artículo cien personas están saliendo de la pobreza.

A pesar de las pandemias, crisis económicas, desigualdades persistentes y emergencias climáticas que muestran los telediarios, nunca el mundo mejoró así de rápido. Son las paradojas del progreso, que reveló el especialista en análisis de datos, Kiko Llaneras, hace ya unos años.

Vale, el mundo va mejor de lo que parece, o menos mal de lo que creemos. Entonces, ¿deberíamos también sentir más confianza respecto a nuestro futuro profesional?

Es inevitable sentir dudas en un mercado de trabajo tan polarizado y con mucha precariedad, en el que ni siquiera contar con una alta cualificación y especialización garantiza acceder a buenas oportunidades profesionales.

El filósofo y matemático Bertrand Russell afirmó que un optimista es un imbécil simpático y un pesimista, un imbécil antipático, porque ninguno sabe lo que va a pasar.

Otro filósofo, Raymond Aron, apostilló que lo que pasa por optimismo normalmente es el efecto de un error intelectual.

En fin, ya veis por dónde voy: el mejor pensamiento positivo es el comportamiento positivo.

No podemos elegir cómo sentirnos ni controlar los pensamientos que nos abordan inopinadamente en cada momento. Pero sí podemos elegir qué HACER para sentirnos y pensar mejor.

El piloto Fernando Alonso se justificó tras una mala actuación en una carrera que no fue un problema de pasión, actitud u optimismo, simplemente el coche iba muy lento.

El optimismo por decreto es una triste prescripción. En lugar de obligarnos a «sentirnos felices», parece más sano y efectivo enfocarnos en organizar y conseguir una vida que nos haga sentir mejor.

En este artículo te propongo diez estrategias pesimistas para impulsar tu vida profesional en 2022, que se centran especialmente en aquello que “podría fallar” y que, de hecho, suele fallar.

El lema del buen pesimismo estratégico podría ser este: Sin mucha esperanza, pero con gran convencimiento.

1. Coherencia: éxito es la consecución de los objetivos y del estilo de vida que eliges

No te preguntes “cómo quiero que sea mi vida”, pregúntate mejor “qué quiero hacer cada día”.

No hay mejores metas, valores o estilos de vida que los que TÚ eliges, eso sí, de forma consciente, concreta y expresa.

Una persona con una vida profesional satisfactoria no es necesariamente la más cualificada ni la que obtiene más ingresos; es aquella que se toma su vida profesional como algo personal, que trabaja para vivir bien y que no solo vive para trabajar.

Tus valores no son los que dices, son “los que haces“. Los españoles vimos la televisión el pasado octubre una media de 199 minutos, según datos de Barlovento Comunicación. En 2015 fueron 234 minutos, aunque esta diferencia tal vez se deba a los nuevos medios online que restan audiencia a los canales convencionales.

En todo caso, parece que está claro que disfrutar de las pantallas forma parte de nuestra vida cotidiana, se reconozca o no.

El actor Billy Bob Thornton contó que dejó la relación con la también actriz Angelina Jolie para poder dedicarse a ver la tele.

Se publicó que las infidelidades fueron las razones de su divorcio, pero al parecer los motivos fueron menos interesantes y aún más prosaicos. Angelina estaba muy motivada por perseguir grandes causas dirigidas a intentar salvar el mundo y Billy simplemente quería quedarse en casa tranquilamente viendo la televisión.

Los dos actores se separaron por esos motivos tras tres años de matrimonio: “No nos engañamos, nuestra relación era muy buena y amorosa, pero teníamos proyectos y estilos de vida diferentes”.

¿Quieres “ser feliz” o quieres vivir de forma feliz? O, simplemente, de la forma que elijas.

¿Qué quieres hacer cada día en 2022 para convertirlo en un buen año?

2. Decide qué es lo importante e intenta organizar tu vida para ser consecuente con esa decisión

¿Cuántos padres, directivos, empresarios, empleados o profesionales autónomos declaran que “su familia es lo primero” y, sin embargo, dedican al ámbito profesional casi toda la jornada y gran parte del fin de semana?

No hay caminos buenos o malos, sino decisiones incoherentes que nos perjudican a nosotros y a quienes nos rodean.

Alinea tus valores con la manera en que vives o cambia la vida para alinearla con tus valores. ¿Qué va a ser?

Si trabajar es una parte muy importante en tu estilo de vida, no te engañes ni engañes a tus personas queridas para que estas puedan ajustar sus expectativas.

Si has decidido que la familia debe ser lo primero, organiza tu vida para que lo sea.

Pregúntate qué te gustaría hacer más de lo que ya te gusta hacer ahora.

3. Cambiar es inevitable, mejorar es una decisión

Antes de cambiar, decide qué no debe cambiar.

Intentar «cambiarlo todo» supone un esfuerzo muy grande que además puede ser infructuoso. porque si se produce alguna mejora no sabrás a qué se debió.

Si quieres mejorar tu vida personal o profesional de una efectiva. introduce pequeños cambios, uno a uno, para ver qué efectos tienen cada uno de los factores y modificaciones que vas introduciendo.

Te sorprenderá comprobar que tu vida puede mejorar mucho tocando solo “una tecla”. Y si no se producen avances, habrás invertido poco tiempo y esfuerzo y podrás probar introduciendo otro pequeño cambio.

Si quieres introducir el deporte en tu vida, por ejemplo, podrías empezar solo con un paseo diario de diez minutos, a ver qué pasa.

Si eres un directivo que quieres mejorar la motivación en tu empresa, podrías empezar, por ejemplo, aplicando un sistema sencillo para conocer la opinión de tus profesionales.

“La perfección se logra al fin, no cuando no hay nada que agregar, sino cuando ya no hay nada que obtener”. Antoine de Saint Exupery.

4. Decide qué quieres conseguir, no qué quieres evitar

—¿Adónde vas?

—A donde me lleve el viento.

—Ya, pero y si no soplara el viento, ¿adónde irías?


Existen dos tipos de profesionales, aquellos que persiguen lo que quieren y aquellos que solo evitan lo que no quieren.

Vale. Estas clasificaciones dualistas no son reales, porque en general las personas podemos comportarnos de forma «perseguidora» o de forma «evitadora», en función de diferentes objetivos y contextos.

Pero es importante enfocarnos en encontrar lo que nos motiva e interesa, y no reducir nuestras elecciones solo a la eliminación de las opciones que nos disgustan.

No te preguntes lo que no quieres, pregúntate lo que quieres.

5. Mejor un objetivo malo que ninguno

Si creas una meta, creas un camino y la motivación para prepararte a recorrerlo.

Para empezar a mejorar tenemos que considerar nuestra situación personal y profesional actual y los objetivos que nos proponemos: ¿qué queremos conseguir?

¿Con cuáles de estas metas te identificas?

1. Reinvención. Consideras que ha llegado el momento de un cambio, estás pensando en reinventar tu vida profesional.

2. Nuevos retos. Eres un directivo o un profesional con proyección que quiere asumir nuevas metas y proyectos.

3. Especialización. Te planteas especializarte, encontrar nuevas vocaciones y caminos profesionales.

4. Carrera in company. Tu objetivo es crecer y dar un impulso a tu carrera en la empresa en la que trabajas actualmente.

5. Equilibrio. El estilo de vida que quieres no se ajusta a tu desempeño profesional cotidiano y buscas el equilibrio personal y laboral.

6. Empleos. Buscas nuevas oportunidades profesionales.

7. Iniciativa. Te planteas la posibilidad de emprender y convertir en negocio lo que sabes hacer.

8. Motivación. Has decidido crear o buscar mayor motivación y satisfacción en tu actividad profesional.


Si no sabes qué quieres, tu primer objetivo es saberlo.

6. Un objetivo no es lo que decides hacer, un objetivo es aquello a lo que dedicas tiempo

¿Cómo puedes diferenciar la falta de recursos de la falta de verdadera motivación para abordar un objetivo?

Muchas personas no están satisfechas con su vida profesional diaria y declaran que «quieren cambiar». Sin embargo, la mayoría no hace nada al respecto, porque dicen no tener tiempo debido a las obligaciones impuestas por su estilo de vida y su desempeño laboral actuales.

Hazte esta pregunta: Si tuvieras cinco minutos, ¿qué harías con ellos?

Definir metas concretas es motivador, porque te ofrece referencias propias y ajenas para conocer la eficacia de los pasos que das.

Si hubieras empezado a aprender chino hace diez años con una dedicación de cinco minutos al día, ya habrías estudiado 18.250 minutos, 304 horas o ¡38 días completos!, considerando que un día tiene 8 horas de trabajo.

Estarás pensando que los cálculos de este tipo son algo tramposos, porque esos cinco minutos diarios (que no habríamos dedicado al chino) tal vez hubieran sido invertidos en otras actividades y objetivos también provechosos. Además, para alcanzar un mínimo de concentración, las sesiones de estudio deberían incluir períodos más largos.

Pero el objetivo de este ejercicio es ayudarnos a generar alternativas y a visualizar escenarios para planificar la vida profesional y para motivar los cambios necesarios.

Otra ventaja de estas reflexiones teóricas es que nos enfocan en lo que queremos y no solo en lo que supuestamente no podemos. También nos ayudan a decidir y hacernos conscientes de nuestras prioridades: ¿estos cinco minutos que dedico a ver Netflix debería dedicarlos a aprender chino?

7. No aprendas profesiones, aprende a ser profesional

“Sabemos poco de cualquier cosa, así que podemos dirigirnos hacia donde queramos”.

Esta idea del Nobel, Francis Crick expresa el hecho de que cualquier materia o contenido puede convertirse en un objetivo o vocación profesional.

La sociedad del conocimiento tiene dos características: podemos aprender lo que queramos con el coste más bajo de la historia y todo está por descubrir, siempre.

No esperes la vocación, constrúyela. En la vida y en la carrera profesional nos puede interesar casi todo si le damos una oportunidad.

La leyenda urbana de que cada uno tenemos una supuesta vocación, a la que hemos de seguir cual canto de sirenas, es un bulo como el de la media naranja. Lo importante siempre es el zumo. Y hay muchas formas de exprimirlo.

Nos puede gustar casi cualquier cosa si le dedicamos el tiempo y el cariño necesarios.

Lo esencial no es el avión, lo esencial es volar. No se trata tanto de aprender profesiones como de aprender a ser profesional.


Ya no se puede vivir sin aprender toda la vida.

El objetivo de un profesional no es mantener un empleo, sino mantenerse empleable.

Jacques Delors, histórico expresidente de la Comisión Europea, dijo en 1996 que el 80% de las profesiones que existirían en diez años no se conocían. En 2021 casi no podemos asegurar las que existirán dentro de un par de años, ¿verdad?

Especialízate y sé difícil de reemplazar.  

Descubre lo que se te da bien y dedícale más tiempo. O dedícate el tiempo suficiente a algo hasta que se te dé bien.

Hazte fuerte en una competencia, en un tema, en un sector, en una aplicación o herramienta.

Muchas vocaciones «surgen» con la especialización, porque cuanto más conoces un sector o una actividad, más motivado te sientes por trabajar en esos ámbitos.

Polivalencia es la capacidad para especializarse pronto, ser polivalente no es lo contrario de estar especializado.

Las habilidades transversales nos permiten aprender nuevas profesiones con más facilidad y conectar unos sectores con otros.

Por otro lado, la especialización garantiza la prestación de servicios o la elaboración de productos específicos.

El mejor profesional no es el que acredita mucha experiencia, sino el que demuestra que ha aprendido más.

8. Marca: cuanto más tardes en definirte, más tardarán en encontrarte

Construye o potencia una marca especializada en 2022.

Presenta tus servicios y habilidades profesionales de una forma efectiva para llegar a los empleadores, clientes y profesionales que te interesan. Las entrevistas de trabajo o entrevistas con clientes también son formas de presentación profesional que representan tu marca.

Si no te gusta lo que recibes, analiza lo que emites.

A veces lo que quieres ser, lo que los demás ven y lo que quieres vender no están bien ajustados. Desarrolla una reputación profesional coherente con la marca que has definido o adapta tu marca a la reputación profesional que tienes.

Si, por ejemplo, tu marca es la prestación de consultoría financiera para emprendedores, pero tu dedicación principal es la impartición de formación, tal vez sea más coherente para tu carrera profesional adaptar tu marca o crear una nueva para este tipo de actividad. De esta forma, te sentirás más valorado en tu ámbito y podrás captar más clientes potenciales.

Definirse no es ponerse límites, es decirle al mundo lo que puede esperar de ti.

Para ser profesional también tienes que ser profesional en parecerlo. Y la forma natural de generar esa reputación es especializarse, es decir, crear un espacio profesional propio para conseguir posicionarte como tú quieres en la mente de los clientes que te interesan.

Si no eres especialista en algo, no eres profesional en nada. Mejor crear varias marcas pequeñas y específicas que una grande y genérica.

Si estás buscando mejores oportunidades, recuerda que el mejor currículum es una prueba de tu profesionalidad compartida en la Red y que cualquier conversación en las redes puede ser una entrevista de trabajo.

Guía breve para crear tu marca


1. Si quieres especializarte, ponte nombre y apellidos

El nombre principal de tu marca, pongamos “consultor”, siempre requiere uno o varios apellidos: consultor especializado en, consultor de proyectos sobre, consultor en… interesado por…

2. Los nombres de tu presencia online

Al elegir el nombre de tu marca y de tus servicios, ten en cuenta que deberás también encontrar los nombres adecuados para tu website y para tus cuentas en redes sociales. Compra los dominios relacionados con tus marcas y registra esos nombres en TODAS las redes sociales. En caso de duda, mejor perder una pequeña inversión que arrepentirse de no haberla hecho.

3. Te encontrarán por las palabras

Las etiquetas o palabras clave facilitan el posicionamiento de nuestro servicios y productos en la mente de los clientes potenciales a los que te diriges y que quieres que te encuentren por esos términos.

Si tuvieras que elegir tres vocablos clave que te representan como tú quieres, ¿cuáles serían? En mi caso, actualmente, serían estos: “conferenciante motivador para empresas», a los que añadiría «con rigor y humor».

4. Convierte tu marca en un relato

Las palabras hacen probable que nos encuentren, pero las historias propician que nos compren y dan fuerza y contenido a una marca profesional.

No digas que arreglas tuberías, di mejor que creas hogar.

Convertir tu marca en historias y tus historias en una marca es la mejor forma de comunicar para ser recordado y valorado. Vender es el objetivo, y el medio es relatar cómo cambiará la vida de tus clientes si te compran.

5. Inspírate en las marcas de tus referentes

No te compares con los que tienen más seguidores en las redes, sino con los profesionales de tu sector que tienen más influencia y relevancia.

Defínete y preséntate en las redes sociales como lo hacen los profesionales a los que quieres parecerte, para ser encontrado y valorado como ellos.

6. Sé breve, nadie tiene tiempo

Si no sabes decir quién eres y qué haces de forma específica y diferencial, los clientes no sabrán quién eres ni qué haces de forma específica y diferencial.

Elabora, mejora y adapta continuamente tus presentaciones para sentirte más cómodo con ellas y ser más efectivo para comunicar y vender.

Si eres un profesional “en general”, no te elegirán a ti en particular.

9. Inténtalo lo suficiente: a veces solo es cuestión de insistir

Si bien no a todos los profesionales que trabajan mucho les va muy bien, a aquellos a quienes les va bien es porque suelen trabajar mucho.

Un admirador halagó al guitarrista Andrés Segovia:

—Maestro, daría mi vida por tocar como usted.

El guitarrista le contestó:

—Ese fue el precio que pagué.

Parafraseando al dramaturgo alemán Bertolt Brecht, podría decirse que hay personas que son buenas porque luchan un día y hay personas muy buenas porque son capaces de luchar muchos años, pero las personas que luchan toda la vida son las “imprescindibles”.

El psicólogo Lewis Terman concluyó, en un estudio clásico de 1921 en la Universidad de Stanford, que el éxito en la vida tenía que ver más con definir objetivos y perseverar en su consecución que con la propia inteligencia de las personas.

Parece que se puede llegar muy lejos sin necesidad de ser muy listo, lo que fue una buena noticia para mí.

Conoce y previene los motivos que aumentan la probabilidad de abandonar:

1. Avances insuficientes

Necesitamos obtener algún logro de vez en cuando que nos motive para continuar en la carrera. La falta de resultados o los resultados negativos son la principal causa de abandono en la persecución de una meta o en la dedicación a un proyecto. Y con razón.

Si estás poniendo todo lo necesario por tu parte durante un tiempo suficiente sin obtener resultados, tal vez sea mejor rendirse a la evidencia.

2. Planificación deficiente

Los malos planes y las técnicas inadecuadas pueden acabar con las mejores intenciones y expectativas.

3. Motivación débil

El objetivo no es tan motivador como queremos creer y, por tanto, la dedicación y esfuerzo no son suficientes.

4. Falta de soporte social

Las críticas y la falta de apoyo tienden a debilitar cualquier proyecto profesional. En cualquier caso, este tipo de problemas también pueden incluirse en el ámbito de la planificación: no haber sabido contar con los apoyos necesarios y no haber previsto la presión del entorno.

5. Meta mal definida

A veces no fracasamos, sino que no sabemos siquiera qué perseguimos. Eso es equivocarse antes de empezar.

“Siempre quise ser alguien, pero ahora comprendo que debí haber sido más específica”. Lily Tomlin.

10. Sobreestimar el éxito conduce al fracaso; prepararse para el fracaso conduce al éxito

“Creímos que íbamos a cambiar el mundo y casi no podemos cambiar ni de compañía de móvil”. Forges.

La idea de que ser ambicioso conduce a grandes conquistas se contrarresta mediante la idea de que desear demasiado favorece la infelicidad.

El “si quieres, puedes” está muy condicionado por el número de oportunidades disponibles y por el perfil de los competidores. Muchas veces, aunque quieras y te prepares mucho, no podrás conseguir lo que pretendías.

Las expectativas optimistas sobre la búsqueda de empleo o la creación de un negocio dependen especialmente de la habilidad de sus protagonistas para superar los obstáculos implicados.

El mejor pensamiento positivo es el comportamiento positivo.

Ser positivo tiene más que ver con «comportarse positivamente» que con limitarse a «pensar bien». Podemos sentirnos mal y hacer nuestros “deberes” y, al contrario, sentirnos bien y desatender nuestras obligaciones. Las emociones influyen menos en nuestra vida de lo que pensamos.

Por ejemplo, las buenas expectativas sobre el futuro de una relación de pareja dependen sobre todo de las competencias cotidianas de los integrantes de la pareja para confirmarlas, y no tanto de su optimismo sobre la continuidad de la relación.

Ser optimista no mejora por sí solo las cosas e incluso puede ser perjudicial por la frustración que puede implicar no conseguir lo que se espera.

Es mejor ser pesimista en estimar el éxito porque te obliga a prepararte de forma más exhaustiva.

Los estudios indican que las personas que fracasaron intentando montar su negocio, cuando analizan el proceso en retrospectiva, tienden a evaluar que sus probabilidades de éxito eran menores de las que valoraron cuando empezaron el proyecto. Dicho de otra forma, pensamos de forma optimista al inicio, pero nos volvemos realistas al final. Qué remedio.

Tras una mala experiencia personal o profesional, a toro pasado, tendemos a arrepentirnos de la supuesta mala decisión:

“No sé cómo pude embarcarme en esa aventura, si estaba claro que no iba a salir bien”.

Y al contrario, cuando alcanzamos un logro y echamos la vista atrás, sobrevaloramos la seguridad que teníamos de que el proyecto saliera bien.

Si quieres tener más probabilidad de alcanzar tus objetivos, date un margen mayor para equivocarte y busca asesoramiento para ajustar tus expectativas a las condiciones reales.

Foto by Artturi Jalli en Unsplash

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