El futuro del individuo y la sociedad depende de la capacidad de aprender

Alicia Díaz Sánchez    15 noviembre, 2021
Sin aprendizaje no hay futuro

“Una de cada tres personas piensa que sus competencias se quedarán obsoletas en un periodo de dos años”, según Linkedin.

La consultora Gartner va más lejos: “El 70 por ciento de los profesionales aún no dominan las habilidades para llevar a cabo el trabajo actual”.

¿A qué nos llevan estas afirmaciones? Claramente, a la necesidad de un aprendizaje continuo, para no quedarnos fuera del mercado laboral, si es que no lo estamos ya… Estos “avisos” cobran más fuerza aún en el escenario demográfico y económico actual, debido al envejecimiento cada vez mayor de la población y a la necesidad de trabajar más años para poder mantener el sistema de pensiones.

La situación se “agrava” además con los cambios constantes y rápidos que provoca la tecnología. Muchos empleos que conocíamos ya no existen y muchos otros aún no se han creado ni sabemos cómo serán. La idea de “un trabajo para toda la vida” se ha ido desmoronando poco a poco, y lo más probable es que los jóvenes de ahora cambien de puesto de trabajo más de 20 veces a lo largo de su vida.

Por todo lo anterior, debemos conseguir que el aprendizaje forme parte de nuestro día a día.

El futuro está en el aprendizaje

Javier Martínez Aldanondo, especialista en gestión del conocimiento y director de Knoco, asegura que “no hay nada más importante que aprender, porque es crítico para el individuo y para la sociedad”. Al contrario de lo que muchos piensan, se trata más de una actitud que de un proceso, que requiere querer aprender y, en segundo lugar, ser humilde y reconocer que hay cosas que no sabemos. Durante la ponencia “El futuro depende de nuestra capacidad de aprender” derribó algunos mitos sobre el aprendizaje y dio las claves para seguir formándose a lo largo de la vida.

Asimismo aseguró que, para tomar buenas decisiones cada día, no basta con ser inteligente, es necesario tener conocimientos y dedicar mucho tiempo a aprender. Según Martínez, “una persona es inteligente cuando es capaz de aprender rápidamente” y es precisamente esto lo que demandan las empresas.

En su opinión, los tres factores que más influyen en el aprendizaje son la motivación, el tiempo y la oportunidad de practicar. “Aprender tiene que ver con recordar las experiencias que vivimos. No depende de la cantidad de neuronas que tenemos, sino de las conexiones que se establecen entre ellas. Por eso, cuanto más se repite, más se aprende”, manifestó.

Organizaciones ágiles e inteligentes

Desde el punto de vista de la organización, como las empresas “no tienen memoria ni cerebro”, repiten los mismos errores. Se crean para operar, para vender, para ser rentables, y dejan en un segundo plano la adquisición de conocimientos, lo que provoca un desequilibrio.

Hay que aprender de lo que hacemos. Todo lo que proponen las metodologías ágiles es justamente incorporar el aprendizaje dentro del grupo. El problema es la individualización del trabajo, los compartimentos estancos. En general, la formación está diseñada para el individuo, y eso no es suficiente porque las personas pueden aprender, pero eso no significa que las organizaciones aprendan automáticamente».

Una organización aprende cuando conecta personas. De ahí la importancia de la red de conexiones que establecen los empleados. El desafío no es tener los mejores individuos, sino generar una mejor inteligencia colectiva, para que todos colaboren y compartan conocimientos.

“Hoy en día hay mucha información, lo que no hay es atención”, recalcó Martínez. Si antes la información era poder (porque solo tenían acceso unos pocos), ahora la información “compartida” es poder, porque la capacidad de progreso es muy limitada cuando aprendes solo.

Barreras que dificultan el aprendizaje

Hay ciertos mitos y excusas que dificultan la capacidad de aprender, como el miedo al cambio, la falta de tiempo, el pensar que no es necesario, etc.

El cambio no es nuevo, sino su velocidad. Los conocimientos caducan rápidamente y la única respuesta es no dejar de aprender. “En este sentido, hay una ley universal que dice: si quieres sobrevivir, tienes que aprender a la misma velocidad que las cosas cambian».

La ventaja que tenemos los individuos es que no nos depreciamos, siempre tenemos capacidad de adquirir conocimientos (learnability) a lo largo de nuestra vida, ya sea leyendo, practicando, escuchando historias, analizando nuestros errores o tratando de explicarnos el porqué de las cosas. Y en este punto es fundamental la curiosidad, la necesidad de hacernos preguntas que nos empujen a reflexionar.

Otro mito es pensar que el aprendizaje se produce en el aula, en un lugar concreto, pero no es así, ya que el 90 por ciento de los conocimientos se adquieren fuera de la oferta educativa formal. Podemos aprender en todas partes y todo el tiempo.

Pero quizá la excusa más reiterada para posponer el aprendizaje es decir que requiere tiempo y recursos. Todos tenemos tiempo, pero decidimos no priorizar el aprendizaje. En cuanto a los recursos, hoy en día hay formación disponible y al alcance de todos en Internet; “quien no se forma es porque no quiere”, subrayó Martínez.

Curiosidad y generosidad para poder aprender

En todo este escenario, destacan dos conductas críticas: la curiosidad por aprender de otro y la generosidad o interés por compartir lo que sabemos. El conocimiento está distribuido por todo el mundo y cada persona aporta una pequeña pieza. Lo compartimos cuando conversamos y, por eso, las historias son seguramente la herramienta más útil en la transmisión de conocimientos a lo largo del tiempo.

“Para aprender no hay que desaprender, como se escucha en muchos foros. No se trata de dejar ir los conocimientos, simplemente la realidad nos demuestra que algunos ya no nos sirven y dejamos de utilizarlos”, indicó Javier Martínez.

Lo que debe quedar claro es que el principal obstáculo para el aprendizaje somos nosotros mismos. Ponemos cientos de excusas para no afrontarlo: “no soy bueno para…”, “soy demasiado mayor”, “mi empresa no me forma”, “no tengo tiempo”, “no tengo dinero… “. Debemos entrenarnos para vencer estos mantras y no perder nunca el interés y la curiosidad por aprender.

«Casi siempre disponemos de tiempo para lo que nos importa. Así que o aprendemos rápidamente o correremos el riesgo de convertirnos en una commodity«, remarcó.

El papel de la tecnología

Transformación digital, blockchain, deep learning… ¿Qué impacto causa la tecnología en el empleo? Las máquinas son mejores que nosotros en cuanto a capacidad para almacenar información y procesarla rápidamente. “La inteligencia artificial nos está obligando a ser más inteligentes, a investigar cómo funciona el cerebro y por eso deberíamos estar contentos y preferir hacer un trabajo intelectual, en lugar de otro repetitivo”, manifestó Martínez.

El ejemplo lo tenemos en el cubo de Rubik. Un robot tarda 0,38 segundos en resolverlo, mientras que el récord humano está en 4,22 segundos. ¿Esto qué significa? Nada. ¿Queremos dedicarnos a hacer tareas mecánicas?  

“Si eres conductor, te vas a quedar sin trabajo. ¿Es grave? Si eres conductor, sí; y si no haces nada por remediarlo, más. La pregunta debería ser: ¿Por qué quieres hacer algo que puede hacer una máquina? Si tu trabajo consiste en ejecutar (y no en pensar), te vas a quedar sin empleo. La ventaja es que aún tienes tiempo para anticiparte”.

¿Hay alguna técnica para aprender? La recomendación de Martínez es que cada cierto tiempo nos hagamos cuatro preguntas: ¿Qué había planificado? ¿Qué pasó en realidad? ¿Qué salió bien y qué no? Y, por último, ¿qué haría distinto, qué aprendí?

Para concluir, el especialista en gestión del conocimiento recurrió a una frase muy ilustrativa de Maquiavelo, y que resume bastante bien todo lo explicado durante su intervención:

La humanidad se divide entre los que saben y los que no saben. El que sabe tiene siempre una posición dominante. El segundo es un esclavo del otro.

Foto de Tim Mossholder en Unsplash

Comentarios

  1. Muchas gracias Alicia por estos minutos de lectura, motivación y aprendizaje. Puedo ahora poner palabras a sensaciones o ideas que tengo de forma frecuente respecto a la formación, a compartir, a la actitud activa o pasiva de personas de mi entorno cercano en este tema… Hace muchos años alguien me dijo: » Lo que no se comparte, se pierde». Veo que a día de hoy, sigue siendo válido. Gracias.

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