El fracaso es muchas veces la clave del éxito

Raúl Salgado    4 diciembre, 2019
Fracaso

“El fracaso es la clave del éxito. Cada error nos enseña algo”. “El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia”. “El fracaso es, a veces, más fructífero que el éxito”. “No hay nada que aprender del éxito (… ), todo se aprende del fracaso”. Y así, sucesivamente, hasta cientos de frases manidas que inundan Google de reflexiones en torno a uno de los mayores temores, y aprendizajes al mismo tiempo, de los emprendedores y de todos en general.

Lo cierto es que incluso leyendas como Bill Gates o Steve Jobs tuvieron que pegar algún que otro traspié antes de cosechar el éxito por el que todo el mundo los conoce.

En nuestro país también hay ejemplos bastante representativos, como recientemente admitía Carlos Blanco en una entrevista que le hicimos. En 2001 apostó todo su dinero en un proyecto que terminó fracasando y le obligó a vender su piso para pagar deudas y volver a casa de sus padres, con su mujer y dos hijos. Años más tarde invirtió en Glovo cuando apenas era un simple Powerpoint, y ahora es uno de los emprendedores e inversores más reconocidos del panorama nacional.

Malas decisiones o tardías

Los motivos más habituales por los que suele fracasar un emprendedor son de lo más variopintos. Problemas con el equipo, dificultades para rodearse de talento, no escuchar al cliente, no saber crecer con la empresa, la poca preparación o experiencia, perspectivas o enfoques erróneos, falta de riesgo y de inversión… Sin embargo, fundamentalmente se pueden resumir en la falta de tino a la hora de tomar decisiones.

De cada fracaso el emprendedor puede sacar una lección. Albert Bosch, CEO y fundador de Housfy, asegura que “los errores que nos hacen fracasar son los que nos muestran el camino en el futuro. Es importante recordarlos para no repetirlos. Al fin y al cabo, la vida es un trayecto que tarde o temprano nos abocará al fracaso. Es un proceso de aprendizaje constante. Nunca dejamos de cagarla ni de aprender”.

En este mismo sentido, Miguel Vicente, presidente y cofundador de Antai Venture Builder y artífice del éxito de empresas como Wallapop o Glovo, entre otras muchas; destaca que “el fracaso es la clave del emprendimiento. De hecho, el emprendedor fracasa cada día en muchas cosas: estrategia, marketing, etc. Lo que marca la diferencia es la habilidad de darse cuenta de ello y de corregir los errores a tiempo”.

Así pues, el fracaso forma parte de la cultura de formación para ser un emprendedor exitoso. Y Emilio Márquez, CEO de La Latina Valley, sostiene que hay que fracasar para aprender. “Nadie nace sabiendo. Es extremadamente raro que el primer proyecto del emprendedor sea un éxito absoluto. Los fracasos, por lo tanto, son indispensables para crecer como emprendedor”. No obstante, añade que para que un fracaso sirva como aprendizaje, es necesario que el emprendedor esté dispuesto a aceptarlo.

Bernardo Hernández, otro de los emprendedores e inversores con más renombre en nuestro país, tras haber trabajado en compañías como Google, Flickr, Yahoo o Tuenti, reconocía en otra entrevista que de Jeff Bezos, Mark Zuckerberg o Larry Page había aprendido la necesidad de evitar que tanto el éxito como el fracaso afecten emocionalmente. Y es que son términos relativos que forman parte del día a día de las empresas.

Bosch, quien anteriormente fue CEO de Groupalia, ha conocido a emprendedores de éxito que jamás han fracasado, a quienes fracasando una vez se han rendido, a quienes han fracasado más de dos veces y terminaron encontrando el éxito y a quienes han fracasado muchas veces pero siguen intentándolo. “No hay nada escrito, pero supongo que si fracasas muchas veces, te cansas de intentarlo”, opina. 

Miguel Vicente confiesa haber fracasado varias veces en su carrera como emprendedor. Entre sus fracasos destaca el sufrido en su época en Letsbonus, la primera startup que fundó en 2009, como consecuencia de lograr crecimientos demasiado rápidos que les llevaron a estar presentes en seis países en apenas dos años. Esta vertiginosa expansión les hizo perder el foco e incurrir en varios errores a nivel de negocio.

Sea como fuese, Vicente alude a un estudio de la Universidad de Stanford, que explica cómo los emprendedores que han fracasado tienen más probabilidades de éxito en sus siguientes negocios. Y recuerda otra estadística bastante elocuente: la edad media de los emprendedores de startups exitosas es de 45 años

Márquez, por su parte, reconoce haber fracasado unas cuantas veces: desde una apuesta por un negocio inmobiliario que falló por la falta de un mercado real activo en aquella fecha, hasta los comienzos de una plataforma de videojuegos online que no pudo salir adelante por los elevados costes de producción. Varios fiascos de los que, sin embargo, ha aprendido los inconvenientes que puede conllevar llegar demasiado pronto, o tarde, a un proyecto concreto.

El fracaso no es una derrota

En cualquier caso, no está nada claro el número de veces que puede fracasar una persona sin impedirle terminar triunfando, ya que dependerá de los apoyos que pueda conseguir y de los motivos del chasco.

Y aunque él, como inversor, piense que un fracaso en el historial del emprendedor es una oportunidad para haber ganado experiencia, en España se castiga mucho más que en otros países como Estados Unidos, donde incluso se ve con buenos ojos a la hora de invertir y conceder financiación. 

En cuanto a la penalización del fracaso, Bosch indica un hándicap típico de España, donde únicamente interesan las empresas que facturan a corto plazo, lo que señala como gran limitación, puesto que disminuye el número de opciones y mete más presión al emprendedor.

En este contexto, el CEO de La Latina Valley relata que en España el fracaso se asume interna y externamente como una derrota, mientras que en EE. UU. se concibe como una oportunidad de aprendizaje.

“Por estas tierras es complicado ver charlas que incidan en los motivos de un fracaso. En los mercados anglosajones no solo son recurrentes, sino que además se aplauden. Es muy español (y triste) alegrarse del fracaso ajeno, cuando debería ser todo lo contrario: una vía para aprender a mejorar”, aclara.

Finalmente, pese a mostrarse de acuerdo con que en España solíamos tener un cierto miedo al fracaso, Vicente declara que “cada día se reconoce más como una parte esencial del éxito”.

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