En busca de la felicidad en el trabajo

Lluis Serra    28 enero, 2022
La felicidad en el trabajo

En el artículo “El mundo necesita personas como tú” hablaba sobre la importancia de nuestras decisiones y acciones para encontrar otra forma de vivir y conseguir ser más felices. Hoy planteo otros puntos de vista para reflexionar y seguir buscando la felicidad, incluso en el trabajo.

Trabajamos para conseguir ser felices en el ámbito personal. Pero para lograrlo en lo personal, ¿no sería mejor conseguirlo primero en el ámbito laboral?

Pilar Jericó, empresaria, conferenciante, consultora y profesora de escuelas de negocio, comenta en su libro “No miedo: En la empresa y en la vida” que todos sentimos miedo cuando nos enfrentamos a un cambio o a determinadas situaciones laborales. El miedo nos lleva a no actuar y paralizarnos.

Señales para detectar la infelicidad en el trabajo

Siempre he pensado que hay unas señales de alarma que verifican si nuestro trabajo es una carga o nos ayuda a conseguir lo que realmente queremos de la vida.

Cuando nuestra vida comienza el viernes por la tarde, y si durante la tarde noche del domingo nuestro estado de ánimo cambia a peor y crea pensamientos negativos, significa que automáticamente nuestro cerebro está enviando señales a nuestro cuerpo para que percibamos que el trabajo se está convirtiendo en una carga. Incluso puede cambiarnos la manera de ser y el carácter por unas horas.

Otra señal muy clara es cuando hablamos mal de nuestro trabajo o de la empresa a la que representamos. Cuando los discursos contra los jefes, compañeros, clientes o la misma empresa son repetitivos, destructivos y frustrantes y es todo un desastre. O si todo acostumbra a ser siempre culpa de terceros y no de nosotros mismos, y pocas veces planteamos una solución constructiva para todas esas quejas. Cuando pensamos que todo el mundo es nefasto y se hace todo fatal, excepto lo que realizamos nosotros, todas esas «señales» son una advertencia de que no estamos en el sitio adecuado.     

El miedo al cambio

Somos pocos los que disfrutamos de lo que hacemos (me siento afortunado), pero para muchas personas su trabajo es una carga, porque a menudo trabajan solo por dinero. No quiero entrar en opiniones sobre la precariedad del empleo, si no hay trabajo o si los sueldos son bajos. Está claro que en algunos sectores es así, pero también es cierto que hay oportunidades, pero no las aprovechamos por varios motivos, pero hay dos que se repiten: miedo a cambiar y miedo a salir de la zona de confort.

Este ejemplo puede ser un buen indicador: pensemos en algo que nos hace realmente felices, como podría ser ir a esquiar un fin de semana. Tenemos que levantarnos temprano y poner el despertador a las 5 de la mañana. Estoy casi seguro de que os despertaréis y os levantaréis de la cama un poco antes de que suene el despertador. Ese aparato que también te despierta para ir a trabajar entre semana, pero dejas sonar y sonar hasta que lo paras o retrasas un ratito más para disfrutar de unos minutos más acostado. Esa es otra señal de alarma: que se nos peguen las sábanas demasiados días de la semana.

La importancia de las tareas

Lo que es una realidad es que, si no estamos bien en el trabajo, no tendremos energía para cuidarnos. La felicidad o infelicidad en el trabajo es el reflejo de las carencias que hay en general en nuestra sociedad. Nos lo ponemos muy difícil nosotros mismos y parece que no nos damos permiso para ser felices.

No son las tareas ni nuestro lugar de trabajo, ni la empresa por la que trabajamos lo que nos puede hacer felices, sino cómo vivimos desde la plenitud, desde nuestra misión y desde el sentido que le demos a lo que estemos realizando en cada momento. Lo que realmente genera motivación son las tareas que nos ponen en contacto con el ser que podemos llegar a ser.

Una de las cosas que hago cuando el trabajo no me gusta mucho es planificar las tareas como os contaba en el artículo “Procrastinar: un mal hábito para la productividad”. Puede ser que el trabajo en sí no me guste, pero intento que cada tarea me agrade y emocione lo máximo posible. Así puedo ajustar mi vocación por el trabajo. Las tareas no cambiarán, pero sí podemos cambiar nuestras emociones cuando las realizamos.

Muchas personas caen en el denominado absentismo psicológico, que es nocivo para ellas y para la empresa. El absentismo psicológico implica que nuestro nuestro cuerpo está presente en el trabajo, pero mental y anímicamente estamos ausentes.

Sentirse realizados y ser felices

Está claro que en el hecho de ser felices en el trabajo también influye, y mucho, la empresa. Pero esperar a jubilarnos para ser felices es una trampa.

En algunas empresas nos piden implicación, pero no nos dejan participar en la toma de decisiones que nos afectan ni nos dejan sentirnos parte de lo que se está haciendo. Para sentirse «realizado», es preciso llevar a cabo tareas que aporten valor, que te hagan sentir útil e incluso que te guste realizar. Sentirse realizado es sinónimo de felicidad y todo el mundo quiere sentirse así.

Si pertenecemos a un equipo de fútbol, pero jugamos muy poco, es difícil que nos sintamos parte del equipo. Pero cuando jugamos un rato, sentimos la obligación de marcar. Y como hemos hecho lo que nos toca hacer, a final de mes cobramos. Pese a ello, nuestros conocimientos, talento y aportaciones a la empresa pueden ser mínimos.

Buscar momentos de tranquilad en el trabajo ayuda mucho. Salir de las rutinas, las prisas y el estrés nos hará estar más tranquilos e incrementar nuestra capacidad de concentración.  

Y finalmente, y es una opinión personal, las empresas tienen que buscar un equilibrio entre hombres y mujeres para darles, a todos, la felicidad que se merecen. La parte femenina es más sensibilidad, generosidad, flexibilidad, intuición, capacidad de comunicación, de relacionarse y de cooperar. La parte masculina es más lógica, más racional, con capacidad de decisión y empuje.

Pero, donde se necesita lógica, se necesita intuición; donde se necesita decisión, se precisa empatía; donde se necesita foco, es necesaria la tolerancia. Y lo que necesitamos todos es no tener miedo y actuar.

Foto de Noah Silliman en Unsplash

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