Cómo conseguir que además de vestir la camiseta, tus empleados sientan los colores

Raúl Alonso    18 enero, 2023
Cultura empresarial

Como en el fútbol, las empresas quieren que sus equipos suden la camiseta. Pero sacar lo mejor del empleado no es posible sin una efectiva motivación, sin una cultura empresarial que enamore y unos incentivos personales que satisfagan. Cómo lograr que el empleado sienta los colores.

Las cuentas en redes sociales de prometedoras startups están llenas de sonrientes jóvenes luciendo en el pecho de sus camisetas el logo de su empresa. Una imagen que, desde San Francisco, se ha convertido en símbolo de éxito de proyecto y de excelencia en el clima laboral.

Pero resulta iluso pensar que detrás de esas personas vestidas con este ligero uniforme hay necesariamente un equipo de éxito. Cualquier entrenador sabe que no es lo mismo vestir la camiseta que sudarla.

La camiseta como símbolo de la misión

La imagen de cientos de miles de personas vestidas con la albiceleste en Buenos Aires ha recorrido el mundo. La camiseta se convierte aquí en símbolo identitario de la tribu celebrando un objetivo, levantar la copa de campeones del mundo 2022. La imagen se convierte también en símbolo de un éxito nacional logrado por la selección argentina, aupada por una hinchada infatigable.

En la medida en la que la empresa logre el compromiso de que sus empleados vistan la camiseta con orgullo, tiene asegurados varios goles al mercado. Pero nadie se la pone sin conocer cuál es su misión.

“Llevar la inspiración y la innovación a cada atleta del mundo”, “Hacer nuestro mundo más humano, conectando la vida de las personas” o “Refrescar al mundo. Hacer la diferencia”

Adidas, Telefónica o Coca-Cola resumen así una misión empresarial que además apunta al bien general, lo que la convierte en más fácilmente identificable.

Pero la misión empresarial no se limita a la redacción más o menos afortunada de un eslogan. Debe quedar fielmente reflejada en su cultura de organización y refrendada por cada una de sus decisiones de gestión; de otro modo no será creíble.   

De vestir a sudar la camiseta

El empresario, como el entrenador, sabe distinguir muy bien entre quién viste la camiseta y quién la suda. Este paso, en el que la motivación marca la diferencia, depende de la capacidad de la organización para mantener implicados a sus empleados y conseguir los objetivos marcados.

“Si cumples con los deseos de tus empleados, estos cumplirán con los de tu empresa”. El tópico empresarial recuerda al líder que el trabajador puede verse estimulado por una buena misión empresarial, pero requiere compromisos más personales para emplearse a fondo. 

Hablamos de una justa compensación económica, pero también de otro tipo de incentivos que cada empresa debe saber identificar y utilizar en la medida de sus posibilidades.

Trabajar en Silicon Valley es para muchos jóvenes profesionales un aliciente tan importante como el sueldo, como también lo puede ser hacerlo en una empresa líder en su sector o localidad. La conciliación laboral y familiar, el teletrabajo, la carrera profesional e incluso el buen clima laboral, son factores que también marcan la diferencia.

Para sudar la camiseta, es importante que la empresa convenza con su misión empresarial y ofrezca una serie de retribuciones flexibles a la medida de cada uno de sus empleados, coherentes con su etapa laboral y situación personal: los incentivos de un millennial esperando un bebé no deben ser los mismos que los de un «zeta» en su primer trabajo.

Definir estas políticas flexibles es clave para que el equipo vista y sude la camiseta. Deben comunicarse además de forma efectiva para que todos las conozcan y puedan disfrutarlas, convirtiéndose así en un reclamo para captar y retener talento.

De sudar la camiseta a sentir los colores

Quizás sea posible ir más allá de la motivación laboral. Instaurar una cultura del esfuerzo individual nacido desde la base empresarial, para recorrer esa milla extra que marca la diferencia entre el buen trabajo y el excelente.

Hablamos ahora de un factor más complejo de definir y de alcanzar. Algo así como la felicidad en el trabajo, que podemos identificar con un básico como acudir al puesto laboral con ilusión.

Se trata de dar un paso más, sentir como propia la misión empresarial y percibir como justas las compensaciones por el trabajo realizado. Para sentir los colores, hay que formar parte de la tribu, como así lo ha hecho la mayoría de la ciudadanía argentina durante el Mundial de Catar, porque ese triunfo les daba la felicidad.

Y la mejor vía para alcanzarlo es trabajando el clima laboral. Una de las obsesiones de los profesionales de los recursos humanos en los últimos años es cuidar de ese medio o hábitat en el que se desarrolla un trabajo.

De nuevo es la empresa la que debe definir qué factores influyen más en el establecimiento de un buen clima laboral en su organización, y fijar los baremos de medición a través de encuestas de clima laboral.

Entre estos factores, seguramente se deba incluir la forma de relacionarse con la plantilla, dotar al empleado de los medios adecuados para realizar su trabajo con garantías de eficiencia y seguridad, o programar actividades para reforzar el sentimiento de equipo.

Medidas que pueden acompañarse con otras como reconocer los logros individuales y colectivos, favorecer el aprendizaje y el desarrollo personal o dar autonomía y responsabilidad a los empleados. Todos ellos son factores para lograr que además de vestir la camiseta empresarial, sienta sus colores.

Imagen de diana.grytsku en Freepik

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