ComeFruta: De controlar a confiar, un nuevo modelo de liderazgo

Virginia Cabrera    23 marzo, 2020
Equipo de ComeFruta

¿Imaginas un negocio creado con el propósito de acoger a todo el que quiera trabajar en él de manera libre y responsable? ¿Una empresa al servicio de las personas, donde la apuesta sea el bienestar de todos?

¿Te parece una utopía?

Quiero presentarte hoy el caso de ComeFruta, un proyecto que es todo menos una simple frutería online.

ComeFruta nació en 2011, del empeño de José Luis Montesino, de trabajar de una forma diferente. José Luis tenía ganas de reducir horarios, atascos y jefes. Pero, sobre todo, tenía una enorme vocación de sumar a su vida acciones en pro de sus valores. Y a su proyecto, personas que quisieran ser útiles a los demás trabajando en lo que de verdad les gustara.

Descontento al ver cómo una gran parte de las frutas y verduras de la mejor calidad, que producía su explotación familiar del campo de Tarragona, se iban al extranjero a través de mayoristas, se lanzó con un proyecto que conectara lo rural con lo urbano preservando todo el sabor.

Y como buen ingeniero, comenzó en solitario “a enredar” con una tienda online, para vender sus propias naranjas, manzanas, peras y tomates en las mismas cajas que se utilizaban para la recogida.

Así, gracias a su afición por el comercio online y a sus ganas de servir a su gente, hoy ComeFruta es un equipo de 10 personas que sirven fruta y verdura a diario a más de 5.000 clientes en casas y oficinas.

Una forma innovadora de trabajar y organizarse

Jose Luis nunca quiso que ComeFruta se quedara en una simple “frutería por Internet”.

De sus muchos años gestionando equipos, sabe bien que compromiso y actitud proactiva suman tanto como capacitación a la hora de buscar soluciones. Y que ambas solo florecen cuando la gente se siente a gusto, cuando la empresa te demuestra con hechos que es merecedora de ellas, dándote tanta libertad y confianza que te sientes en deuda.

“Combinar autonomía y gestión compartida, no solo de las tareas, sino también de todo el modelo de trabajo, es lo que motiva a la gente a ofrecer esa contribución excepcional, que hace que el proyecto traspase con creces la barrera de la pura excelencia operativa”, apunta José Luis.

Por ello, ComeFruta ha cambiado el tradicional modelo de control por uno de total confianza.

El modelo de organización de ComeFruta

Tres son los anclajes que definen el modelo de organización y de convivencia de esta empresa “en familia”, que acoge a especialistas en fruta, transporte y ecommerce. Todos ellos trabajan libremente, pero “remando” en la misma dirección, para poner la tecnología al servicio de la sostenibilidad de nuestro campo.

1. Construir desde las personas

ComeFruta nace con un modelo de mínimo riesgo, con una persona que idea y que ejecuta a la vez.

Pero crece incorporando personas a las que les encaja esa forma de trabajar, y también el reto de construir una sociedad mejor.

Solo después de subir al barco, van definiendo sus funciones y su nivel de dedicación, hasta encontrar el modelo mixto que combina lo que les gusta y lo que aporta a la cuenta de resultados. Porque ellos tienen claro que el trabajo es solo una parte de su vida y que tiene que permitirles conciliar el resto.

Y esto lo consiguen estableciendo de común acuerdo indicadores medibles que reflejen de manera muy directa el impacto de cada tarea en el negocio, y que modulan también la retribución que reciben.

Así, Aurora se obsesiona con las incidencias por error en manipulaciones o embalajes. Sandra, con los tiempos de entrega y los retrasos en los cobros. Marcos, con la valoración de los clientes sobre la calidad y el sabor de la fruta. Diego, con el tráfico y los leads en la página web; y Beltrán y Verónica, con las ventas.

En un entorno en el que todo cambia rápidamente, ComeFruta lleva en el ADN la importancia de saber adaptarse, pero también la de pivotar sobre lo que es estable dentro del cambio: el conocimiento que reside en las personas.

Así reconocen por igual el valor de quien selecciona, manipula o transporta la fruta, de quien se ocupa de que nunca falle la página web o de quien da la cara ante el cliente.

2. Autonomía, autogestión y modelos abiertos de colaboración

En ComeFruta cada una de las personas que compone el equipo define dónde y cuánto quiere aportar.

Por raro que parezca, cada uno define su puesto de trabajo en términos de tareas, objetivos, horarios e incluso tipo de relación laboral.

Combinan como nadie individualidad y equipo. Son diversos en formación y origen, en intereses, en género y en edad, en habilidades y conocimientos y también en horas de dedicación y en modelos de aportación al proyecto.

Algunos trabajan a tiempo completo y otros por horas o por temporadas. Hay incluso freelancers que llevan colaborando toda la vida. Y todos lo hacen 100% en remoto, con audios de seguimiento semanales y reuniones presenciales cada tres meses.

Pero todos tienen el mismo objetivo. Y pueden hacerlo porque están liderados por alguien que ha pasado de controlar a confiar y que ofrece confianza y ejemplo con sus propias acciones.

3. Calidez y competencia

Lo que realmente los hace diferentes no es solo la fruta. En ComeFruta destacan por una vocación de servicio que demuestran en miles de pequeños gestos.

Confían en su equipo y no venden nada sin probarlo. Incorporan recomendaciones de amigos y clientes. Responden con una amabilidad extrema y, si llega el caso en que algo no sale del todo bien, piden disculpas y compensan en lo que pueden. Llevan a rajatabla eso de “más hacer lo que dices y menos decir lo que haces”.

Apuestan por un contexto de ganancias para todos, con el producto y el equipo como base para un buen servicio al cliente. Buscan un mundo más sostenible, pero se focalizan en ayudar en lo más próximo.

Y lo miden todo, compartiendo datos con total transparencia y semana a semana. Incidencias, tiempos, obra social, compensaciones, gastos. Y por supuesto, sueldos, bonus y beneficios están al alcance de cualquiera del equipo.

Además, son rentables. Desde el tercer año tienen sus cuentas en verde y crecen a dos dígitos. No buscan ser una megaplataforma frutera ni hacerse ricos. Les gusta más ser un proyecto libre y rentable que les permita crecer como personas dando un buen servicio a otras.

Las dificultades y errores de ComeFruta

Pero no todo ha sido un camino de rosas. Es un modelo de relación que cuesta poner a punto, y que ha tenido que solventar diversos problemas que han ido surgiendo.

Les costó encontrar ese contexto win-win que buscaban con los productores, pues fue complicado (y a veces imposible) engrasar el flujo de venta que se puede manejar online y la necesidad del agricultor de dar salida a productos que se recogen en pocos días o en función del clima.

Acertar con los grados de maduración que permitan ofrecer la fruta en su punto fue otro reto, así como encontrar embalajes adecuados para este tipo de transporte, que al final tuvieron que diseñar ellos mismos.

En lo digital, montar un ecommerce que funciona técnica y económicamente tampoco fue fácil.

En su momento no había hábito de compra de producto fresco, pero tampoco ha crecido como se esperaba, así que sus primeras previsiones de ratios de conversión no se cumplieron ni de lejos, por lo que hubo que añadir como actividad extra el marketing de contenidos (el blog) y las campañas de generación de tráfico.

Las fichas de producto, en apariencia simples (una manzana es una manzana) también han dado algún que otro quebradero de cabeza.

Adaptar el lenguaje del productor a algo que entienda y valore el consumidor no es inmediato y confiesan haber tenido durante mucho tiempo errores de comunicación e interpretación por hablar en diferentes lenguajes.

También se equivocaron con las personas. Sin ser del todo conscientes de que no todos estamos preparados aún para esta forma de trabajar, ficharon gente que simplemente no encajaba, que no sabía trabajar de forma independiente y no presencial, a quien no motivaba ese plus de independencia y autogestión, y que no era capaz de conseguir resultados de impacto en el negocio.

Pero a ellos, les hace ilusión seguir creciendo, porque tienen la vista puesta en compartir lo que aprenden, en cómo hacer que su modelo sirva de ejemplo a otras empresas.

Un giro radical en el modelo de gestión

Como seres humanos, nos definimos con relación a las causas a las que servimos y a los problemas que pretendemos resolver. Pero llevamos casi un siglo definidos básicamente en función de crecimientos y resultados.

Hoy tenemos el reto de emocionar y sorprender a ese consumidor digital que tan poca atención nos presta. Y además, de hacerlo contando con todo el equipo.  

Sin embargo, sorprende descubrir que, en los últimos años, los términos “innovación técnica” o “innovación tecnológica” han aparecido en miles de artículos. “Innovación estratégica, comercial o del modelo de negocio” en unos cientos. Y resulta que los relacionados con la “innovación en management” o “innovación organizacional” apenas ocupan un lugar destacado.

Cambiar los modelos de gestión no solo es posible, sino que es necesario. Y lo mejor es que ya lo hemos hecho otras veces.

A finales del siglo XIX, las empresas tenían una media de cuatro empleados y eran muy pocas las que contaban más de 200 trabajadores.

A cualquiera de aquella época le habría parecido imposible que un negocio como Ford fabricase más de medio millón de coches al año una década más tarde, porque le habría resultado impensable (por no decir imposible de llevar a cabo) el cambios de gestión que fue necesario para lograrlo.

Los tiempos están cambiando. Y necesitamos cambiar con ellos la forma en la que gestionamos a nuestros equipos.

¿Podemos dar ahora otra vuelta de tuerca? Fácil no es, pero parece que toca. Del mismo modo que los militares más brillantes de la historia fueron aquellos capaces de imaginar nuevas formas de motivar, dirigir, formar y desplegar a sus soldados, son los cambios organizativos los únicos que hacen que modifiquemos significativamente nuestra posición competitiva.

La revolución digital nos obliga a dominar la tecnología, pero también a ser capaces de liberar el brillo y el alma creativa de todos los miembros del equipo.

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