Martín Cabiedes: “La innovación está sobrevalorada como criterio de inversión”

Raúl Salgado    23 diciembre, 2020
Martín Cabiedes sobre la innovación

Luis Martín Cabiedes es un hombre afortunado que, más que en la suerte, cree en la aleatoriedad. Avalado por sus más de 30 años de experiencia en la red, desmonta sin tapujos mitos y leyendas en torno al negocio de Internet.

Fue de los primeros en tener una cuenta de correo electrónico. Desde entonces, ha realizado más de ciento veinte inversiones en startups, y se ha convertido en uno de los máximos conocedores del ecosistema nacional. Por eso afirma, contundente, que “estamos en una burbuja mayor que las anteriores, debido al exceso de liquidez”.

Lejos del buenismo y quizás de lo políticamente correcto, Cabiedes considera que “la innovación está sobrevalorada como criterio de inversión. Se compra y se vende”.

Tras trabajar en varias multinacionales, aterrizó en la empresa familiar (Europa Press) con el objetivo de poner en marcha nuevos proyectos.

Proveedor de Microsoft antes de lanzar Windows 95 y vendedor de noticias a gigantes como Yahoo, de repente empezó a negociar con empresas de reciente creación que no tenían dinero para pagar por la información y que, a cambio, ofrecían sus acciones.

Y así fue como, de casualidad y prácticamente sin darse cuenta, se convirtió en uno de los primeros inversores en compañías de Internet en nuestro país. Corría el año 1999…

Sin embargo, sigue teniendo alma de filósofo. Seguidor de Kant, sobre todo le interesan la lógica y la teoría del conocimiento, que aplica como cimientos de sus estrategias de negocio.

P.- ¿Qué pueden aprender los inversores de la filosofía?

A medida que el uso de la tecnología se populariza, gana más valor la formación humanista. Pueden aprender los límites del conocimiento, la toma de decisiones en entornos inciertos… La inversión, al fin y al cabo, es manejar la incertidumbre.

P.- Además de inversiones de éxito como Olé, Privalia o BlaBlaCar, ha sufrido fracasos. ¿Qué ha aprendido de ellos?

La mayoría de mis inversiones han sido fracasos. Es más, me he equivocado en el 80% de mis decisiones. Lo que demuestra que hay que relativizar el fracaso y el éxito, porque vivimos en entornos experimentales, donde influyen mucho la aleatoriedad y la suerte.

Si tú tiras un dado y sale un 4, ¿qué culpa tiene el 3? Cuando una inversión sale bien, no hay que creerse tan listo. Como tampoco hay que creerse tonto cuando las cosas salen mal.

Luis Martín Cabiedes piensa que la pandemia, más allá de obligar a realizar ajustes tácticos a la hora de decidir apostar más o menos dinero en un momento determinado, no ha alterado sustancialmente las claves de la inversión. Y más, en su caso, que suele invertir a 10 o 15 años vista.

Además, sus negocios se encuentran fundamentalmente localizados en compañías digitales y pequeñas, las menos afectadas por el coronavirus. De hecho, afirma que “está siendo un muy buen año para la mayoría de mis empresas. No es que yo viera venir la pandemia. Digamos que me ha tocado en el lado bueno, igual que en la crisis de las puntocom me tocó en el malo”.

P.- ¿Se considera un hombre de suerte?

Yo creo en la aleatoriedad. En entornos inciertos, hay que saber que vendrán bien y mal dadas. Al final, lo importante es la media. En las 10 o 12 inversiones que me han salido muy bien ha habido suerte. En las 80 o 90 que me han salido mal, no. Por eso, la estrategia de inversión debe valorar esas posibilidades. Un inversor juega con la estadística.

P.- ¿Y qué más se necesita para triunfar?

La disciplina y el método. Independientemente de la estrategia de inversión que se tenga, hay que seguir con ellos.

P.- ¿Es mejor mirar al pasado o al futuro?

Al futuro, pero las pistas de lo que puede pasar las da el pasado. Todo lo demás es incierto. No es cuestión de extrapolar, sino de mirar en los primeros datos del mercado la proyección.

En el cine, por ejemplo, después de la noche del estreno se sabe si la película va a tirar. Hay que reconocer muy pronto si algo funcionará. Y eso se averigua, no se adivina. No hay bolas de cristal.

P.- ¿Cómo valora el ecosistema inversor en España?

Está excesivamente dominado por la liquidez, aunque paradójicamente las empresas que más la necesitan quizás no la tengan.

Los bancos centrales llevan décadas bombeando dinero y en los últimos años se les ha ido la mano. Hay cantidades ingentes de inversión, lo que no es necesariamente una buena noticia. La competencia entre los emprendedores y los proyectos es enorme.

Actualmente, hay demasiado dinero, sobre todo público, en startups de Internet. Y eso produce aberraciones y burbujas.

Actualmente estamos en una burbuja de dimensiones mayores que las anteriores, debido al exceso de liquidez. Está entrando el dinero a paladas, pero los bienes y servicios no pueden encarecerse en un contexto marcado por una caída enorme de la demanda.

Por eso suben los activos, hasta los inmobiliarios. Esta burbuja resulta significativa, sobre todo en tecnología. Es difícil entender algunas subidas y valoraciones de algunas compañías.

Está claro que la burbuja explotará, pero no mientras sigan hinchándola. Y en este momento de crisis no se puede cortar el grifo. Soy el primero que sostiene que hay que seguir regando.

P.- He leído que para usted la innovación es irrelevante

Está sobrevalorada como criterio de inversión, no socialmente. La innovación se compra y se vende. Muchas grandes empresas dicen que no son capaces de innovar. ¡Pues que compren!

Y la copia es la esencia del negocio. Si Snapchat saca algo, lo copia inmediatamente Instagram. Y es que no se trata de ser innovador, sino de saber ejecutar.

Google, por ejemplo, fue una copia de Altavista. Hace tiempo que no inventa nada, va comprando. La falta de innovación no es relevante. Hay startups que van como un tiro y no innovan. ¿Qué más da quién fue el primero en llegar?

P.- Ya para terminar, si pudiera elegir un superpoder…

El de la juventud, sin duda. Tengo 60 años y me gustaría tener 20. Pero sin dejar de lado el dinero, que es fundamental. Decir lo contrario es de irresponsables y de no saber cuánta gente lo necesita.

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