¿Tengo una buena idea de negocio? Autodiagnóstico en 10 preguntas

Raúl Alonso    3 septiembre, 2021
¿Es viable tu idea de negocio?

Emprender es arriesgar, pero antes de dar el salto, hay que mirar a la piscina. La idea de negocio persigue al emprendedor con insistencia. Por ello, antes de que se convierta en una obsesión, conviene enfrentarse a ella analizando su potencial real.

Convertir una buena idea de negocio en un solvente proyecto empresarial requiere meses de trabajo. Aquí tienes un sencillo modelo de autodiagnóstico en diez preguntas, para saber si ese sueño emprendedor que crece en tu cabeza cuenta con unos cimientos lo suficientemente sólidos para construir un futuro. 

1. ¿Estoy preparado para ser empresario?

Ya sea por imposición de las circunstancias o por vocación, ¿tienes claro que vas a embarcarte en una difícil misión? Hay señales que indican que estás preparado, por ejemplo, tener una idea de negocio que te apasiona o querer aprender y vivir nuevas experiencias. Conviene estar convencido de que el emprendimiento te va a dar la estabilidad y satisfacción que ya no ofrece la actual situación laboral.

También es muestra de madurez emprendedora el miedo al fracaso, pero nunca la aversión. El primer sentimiento protege sobre los riesgos que se van a asumir, el segundo coarta el poder de decisión.      

2. ¿Cuánto tiempo necesito para describir mi idea de negocio?

Cuando la idea está suficientemente trabajada, el emprendedor es capaz de resumir en segundos la esencia de su propuesta. No es una cuestión baladí, ya que cuando no se es capaz de describir con convencimiento en una frase la propuesta, el mercado y el valor añadido que ofrece el cliente final, difícilmente se va a llevar a la práctica.

Por contradictorio que parezca, tener las ideas claras es la mejor forma de tomar decisiones a la hora de pivotar el negocio y adaptarlo a las demandas reales de su potencial mercado, garantizando que se mantienen sus valores esenciales. 

3. ¿Mi experiencia y conocimiento aportan valor al proyecto?

No significa que solo puedas emprender en el sector en el que ya has trabajado o te has formado, pero cuando no se cuenta ni con experiencia ni con conocimiento, es necesario abordar las fases de desarrollo con otras cautelas.

Si es así, hay que dedicar el mayor tiempo posible a hablar con personas que puedan dar claves reales sobre su funcionamiento, estudiar más a fondo la competencia, analizar con más detenimiento a los proveedores (asegurando que se cuenta con recambio para los más estratégicos) y seleccionar para el equipo profesionales afines que puedan cubrir tu inexperiencia. 

4. ¿He sometido mi idea de negocio a un análisis DAFO?

El análisis DAFO es clave para evaluar las oportunidades de éxito de tu proyecto en su mercado. Además de para conocerse mejor, el análisis de las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades debe servir para priorizar entre las diferentes estrategias que el proyecto va a poner en marcha.

De modo muy resumido, siempre se debe valorar entre cuatro tipos de estrategias: la ofensiva para crecer (surge de sumar fortalezas y oportunidades); la defensiva para reaccionar frente a posibles peligros (fortalezas más amenazas); la adaptativa para valorar reorientaciones del proyecto (debilidades más oportunidades); y, por último, la estrategia de supervivencia, que mide la relación frente a la competencia (debilidades más amenazas).

5. ¿Es una idea de negocio acorde con los valores actuales?

La oportunidad temporal es también importante. Algunos de los puntos que se han de evaluar en la actual coyuntura son:

  • ¿Participa de la economía digital? En el momento actual, parece un auténtico suicidio emprendedor mantenerse al margen de los mercados y la gestión digital.
  • ¿Soluciona una necesidad real de tu potencial cliente? La otra posibilidad es que el proyecto persiga crear una nueva necesidad, lo que normalmente requiere más tiempo (y dinero). No es fácil llegar y besar el santo.
  • ¿Defiende los valores de la economía sostenible?
  • ¿Podría verse afectada por restricciones legales o de mercado? Mucho cuidado con jugarse todas las cartas en un sector pendiente de regulación.
  • ¿Es un proyecto de emprendimiento social? Aunque aún está por demostrar, este tipo de empresas podría cobrar relevancia en los próximos años.
  • ¿De qué modo se vincula a su entorno social más cercano?

6. ¿Es una idea rentable?

Estimar la viabilidad económica de tu proyecto es una parte esencial del plan de negocio, pero antes de trabajar en ese análisis de forma minuciosa, conviene hacer estimaciones que determinen si conviene o no seguir trabajando en la idea:

  • ¿Qué cantidad aproximada necesito para poner el negocio en marcha? Es decir, inversión inicial de lanzamiento.
  • ¿Cuánto va a costar mantener el negocio operativo al mes? Costes fijos, incluidos los de financiación y personal.
  • ¿Qué gastos varían en función de las ventas? Costes variables.
  • ¿Qué tipo de ingresos se van a generar en la fase de desarrollo e implantación? ¿Requiere un proceso largo de desarrollo de tecnología o maduración de procesos antes de empezar a facturar, o va a generar con rapidez recurrente de caja?.
  • ¿Qué ventas se pueden conseguir en los tres primeros años?
  • ¿Es un proyecto escalable? Medir su potencial de crecimiento es también vital desde el primer momento, porque lo que no crece acostumbra a desaparecer.

Se trata de una primera aproximación sobre su viabilidad, teniendo en cuenta que además de cubrir la inversión inicial y otras imprescindibles para la marcha del negocio en el corto plazo, la empresa debe tener liquidez para satisfacer sus compromisos de pago inmediatos. El presupuesto de tesorería [saldo inicial + (cobros – pagos)] siempre debe estar en la cabeza del emprendedor.

7. ¿Puedo financiar el proyecto?

El emprendedor está obligado a acercarse a su idea con realismo, especialmente en las cuestiones económicas. Aunque sean muy sonoros los ejemplos de emprendedores sin límites hechos a sí mismos, el común de los empresarios debe asumir proyectos a la medida de sus posibilidades y crecer con los recursos generados.

Una vez establecido el presupuesto, hay que estudiar qué parte se puede asumir con recursos propios (o de familiares) y qué otra debe ser financiada. En este punto, es importante que el emprendedor no hipoteque (en todas sus acepciones) su vida, en especial cuando se han cumplido los 40. 

En cualquier caso, lo habitual es sumar a los ahorros un crédito bancario u optar a líneas de financiación subvencionadas, las de Enisa son las más populares cuando el proyecto tiene un componente innovador. En ese caso, también se puede estudiar contar con la ayuda de alguna incubadora de startups.

En el mercado financiero se asegura que siempre hay dinero para las buenas ideas. Si es tu caso y estás dispuesto a no tener el cien por cien de la propiedad, se puede acudir a inversores privados como business angels e incluso el crowdfunding. Para llamar a la puerta del capital riesgo, hay que esperar a que los números reales demuestren la viabilidad.

8. ¿Es viable técnicamente?

¿Qué tecnologías necesito para producir mi producto o servicio?, ¿existen soluciones en el mercado o debo desarrollarlas? Estudiar la viabilidad técnica de la idea de negocio es otra de las claves de evaluación. El 99% de las ideas son viables técnicamente por un medio u otro, pero es importante determinar desde el principio si se puede utilizar tecnología ya viable o el proyecto requiere un esfuerzo extra en innovación, cuyo coste de desarrollo puede ser un gran condicionante en tiempo, dinero y selección de los partners adecuados.

Por otro lado, la empresa que consigue innovar, que desarrolla tecnología propia con acierto, da un paso de gigante en su fortaleza frente a la competencia y el mercado.   

9. ¿Tengo una estrategia de venta?

No hay proyecto empresarial sin estrategia de venta, ni estrategia de venta sin un profundo conocimiento del cliente. La idea de negocio solo toma forma de empresa cuando define cómo se va a comercializar su producto o servicio, siendo este uno de los puntos en donde puede diferenciarse de la competencia.

Por ejemplo, puede apostar por canales de venta no convencionales o transformar la venta de un producto en un servicio, apoyarse en el marketing online o en las demostraciones de producto en el punto de venta… Las posibilidades son infinitas, pero la idea de negocio debe crecer en tu cabeza dando prioridad a cómo se va a llegar al consumidor final.   

10. ¿Qué opinan de mi idea de negocio?

Aunque la soledad del emprendedor es rotunda, cuando debe tomar decisiones, conviene estar acompañado en el recorrido… desde el principio. Resulta pueril actuar con secretismo: someter tu idea de negocio a la opinión de esas personas en las confías y profesionales que respetas, es una de las mejores vías para analizar y mejorar su viabilidad.

Foto de Nick Fewings en Unsplash

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