11 errores en tu pensamiento que te impiden progresar

Raúl Alonso    15 noviembre, 2019
Errores del pensamiento

Las cosas no siempre son como uno cree. Analizamos y tomamos decisiones según lo que pensamos, pero qué pasa si ese razonamiento está sesgado por falsos esquemas mentales: ¿podemos tomar una decisión acertada desde una realidad que distorsionamos?

Por mucho que cueste reconocerlo, muchas de las acciones del animal más racional están condicionadas por distorsiones cognitivas o errores de pensamiento. Estos esquemas mentales llegan a modificar la realidad percibida y, muy importante, el modo en que vamos a reaccionar.

¿Reaccionamos al hecho o al sentimiento?

Lo explica con claridad el psicólogo canadiense Lucien Auger en su obra Ayudarse a sí mismo (Sal Terrae, 1987), un influyente libro desde su primera edición en 1974.

Según Auger, cuando un hecho afecta a una persona, la forma en que va a reaccionar no depende tanto del suceso en sí como del modo en que lo ha percibido, “de las ideas que nos expresamos a nosotros mismos a propósito de tales acontecimientos o personas”.

Un ejemplo un tanto burdo es el del invitado que, por descuido, rompe una pieza de nuestra vajilla favorita durante una cena. El resultado es exactamente el mismo que cuando lo hizo nuestro hijo, pero es muy posible que la forma en que reaccionamos sea completamente distinta: mientras que al primero le disculpamos, a nuestro hijo adolescente le cae una bronca del quince.

La diferencia está en que mientras en el primer ejemplo nuestro pensamiento interno asume el incidente casero con resignación, sabiendo que no se puede hacer nada para cambiar las cosas, en el segundo lo hacemos con enojo, culpabilizando.

Si trasladamos el escenario a los muchos incidentes que a diario todos vivimos en nuestra labor profesional, podemos resumir que en muchas ocasiones nuestro abatimiento o ira están más relacionados con la percepción que con el hecho en sí.

Cómo reaccionar de forma coherente

Para reaccionar con mayor coherencia, ser más objetivos y eficientes, resulta muy útil identificar las distorsiones cognitivas más comunes.

Distorsiones cognitivas: ¿en cuántas te reconoces?

1. O todo o nada. Pensamiento dicotómico o polarizado

Es un error de pensamiento que nos obliga a valorar como bueno o malo, ganador o perdedor, valiente o cobarde, verdad o mentira…

Esta polarización, por ejemplo, dificulta pactar soluciones de consenso en la negociación o valorar que entre una empresa amiga y otra enemiga, hay rangos de colaboración intermedios de los que beneficiarse.

2. Siempre será así. Sobregeneralizar

Se trata de razonamientos construidos a partir de experiencias pasadas y que nos llevan a concluir que siempre se va repetir el mismo resultado: ‘Para qué presentarnos a un concurso público si nunca lo ganamos’.

3. Concentrarse en el detalle. Filtro mental

¿Cuántas decisiones has tomado empecinado en un único detalle? No permitas que el análisis desde una única circunstancia negativa o positiva te induzca a la pérdida de oportunidades o al error.

4. Negar lo bueno. Descalificación de lo positivo

Cuando no se disfruta de una situación positiva por no valorarla o tener miedo a que ese reconocimiento cambie la situación. La empresa que no reconoce el beneficio de su cuenta de resultados como un gran éxito, tiende a no reinvertir esos beneficios en crecimiento.

5. Juzgar al otro sin conocimiento. Lectura de pensamiento

Es uno de los sesgos que más dificultan el acuerdo en la negociación. Ocurre cuando nos dejamos llevar por prejuicios o pálpitos, prejuzgamos a la otra parte y sus intenciones sin tener criterios objetivos que justifiquen ese razonamiento.

6. Error del adivino. Anticipación negativa

Cuando transformamos una posibilidad en un hecho cierto, condicionando además las decisiones. Normalmente ocurre cuando se anticipa que algo va a salir mal.

Da igual que un posible cliente nos pida información adicional sobre una propuesta de venta o que demore su respuesta, porque tanto la petición como la callada se identifican como falta de interés. Y el peligro está en que esa convicción se traslade al potencial cliente convertida en decepción o inseguridad: finalmente ese mal augurio se hará realidad.

7. Magnificar o minimizar. ‘Catastrofización’ 

Una tendencia con la que muchos se identifican. Consiste en exagerar la importancia de los hechos. Por ejemplo, cuando en una exposición pública se trastabillan unas palabras, pensamos que nuestra intervención ha sido penosa.

También ocurre cuando minimizamos nuestras cualidades (‘no puedo con el inglés’ o ‘soy muy mayor para aprender a utilizar WordPress’) o siempre vemos el futuro con pesimismo (‘y si llega la crisis…’).

8. Categorización negativa. Etiquetación

Un gran error en aquellos profesionales con responsabilidad sobre otras personas o que deben trabajar en equipo.

Consiste en etiquetar a los otros, con mayor o menor justificación, pero siempre elevando una característica negativa a la globalidad de la persona: ‘Es un despistado’, ‘es un envidioso’, ‘es un trepa’

9. Echarse la culpa. Personalización

Un pensamiento realmente aniquilador es cuando nos atribuimos la responsabilidad de los sucesos negativos que nos ocurren a nosotros o a otras personas, sin que exista una causa objetiva para pensar así. ‘Soy un perdedor’, ‘si no hubiera hecho esa compra, nunca habría ocurrido’…

10. El efecto espejo. Razonamiento emocional

Hay quien se mira al espejo y siempre se ve más viejo, más gordo o delgado, porque transforma emociones negativas en su realidad percibida.

Trasladado al mundo profesional lleva a situaciones como: me da miedo confiar en las personas, luego delegar es peligroso; si automatizar tareas conlleva una inversión y un mantenimiento, es caro, así que mejor continúo como estoy.

En definitiva, los razonamientos justificados en emociones inciertas paralizan la empresa.

11. Culpabilidad y autoculpabilidad. Los “deberías

Pocos sambenitos tan peligrosos como esos que comienzan por un ‘deberías…’. Cuando lo dirigimos hacia los otros generan malestar y conflicto (‘deberías esforzarte más’), y cuando los dirigimos hacia nosotros mismos, frustración (‘deberías haberlo pensado antes’).

Imagen de Benjamin Balazs

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