Cuatro técnicas de motivación profesional: motivar no es dar ánimos, es dar motivos

Alfonso Alcántara    14 octubre, 2019
motivación profesional

Los barcos japoneses cada vez tenían que ir más lejos en ultramar, porque se agotaban paulatinamente los bancos de pesca más cercanos. 

Para mantener en buenas condiciones sus capturas, tuvieron que usar congeladores. Sin embargo, los consumidores japoneses valoraban mucho más el pescado fresco, así que los armadores decidieron instalar grandes tanques o piscinas para que la pesca se mantuviera viva durante el trayecto de vuelta hasta su venta.

Pero, al parecer, los clientes seguían notando la diferencia en la carne, porque los peces se mostraban inactivos en esas piscinas. 

¿Qué solución darías a este problema? 

Al parecer, la idea más efectiva fue incorporar tiburones en los tanques para que convivieran con las capturas. Aunque los escualos se comían una parte de los peces capturados, esa estrategia servía para mantener activos al resto. 

Sirva la historia metafórica, que tal vez no sea cierta del todo, no para convertir tu trayectoria profesional en una carrera por la supervivencia sino para invitarte a que encuentres, sigas, aprendas, colabores y compitas con los profesionales que son una referencia en tu sector, aquellos a los que quieres parecerte. 

Si quieres mantenerte motivado, compite y compárate con los mejores para lograr ser el profesional que quieres. 

La motivación es uno de los tópicos del management más malinterpretados y peor aplicados en el ámbito de los negocios y del desarrollo profesional. 

En este blog ya hemos contado el secreto de la motivación en las empresa y en la carrera, y en este artículo vamos a intentar rematar la faena con cuatro técnicas motivacionales muy concretas y ejecutables: ‘motivalización’, ‘internalización’, ‘ganificación’ y dedicación. 

1. ‘Motivalización

Fabrícate tu motivación marcando metas. 

Definir objetivos permite recibir el eco de los resultados

Establecer metas es el mejor camino motivacional y el más barato. Una persona que no se propone objetivos o metas profesionales, por definición, es una persona desmotivada, y a menudo, desanimada. 

Generalmente “lo conseguimos porque nos lo proponemos”. Más y mejor planificación tiene como consecuencia más y mejor motivación, especialmente cuando los retos son alcanzables y concretos.

Una de las actividades habituales en un proceso de coaching es animar a que el cliente defina o encuentre objetivos retadores y motivadores a la vez que alcanzables. 

Esta conversación tuvo lugar al final del día en una fábrica, poco antes de que entrara a trabajar el turno de noche (Dale Carnegie, 2002):

— ¿Cómo es que un hombre de su capacidad no consigue que esta planta rinda lo que debe?, preguntó Schwab, responsable de la fábrica a uno de sus jefes de planta.

— No lo sé, he pedido a los obreros que trabajen más, les he dado ejemplo, les he amenazado con el despido, pero nada da resultado.

— Deme un trozo de tiza, dijo Schwab. Volviéndose al obrero que estaba más cerca le preguntó: 

— ¿Cuántas cargas de horno ha hecho su turno hoy?

Sin decir palabra, Schwab trazó un gran número seis en el suelo y se alejó. Cuando entró el turno de noche preguntaron por el seis y le explicaron su significado. Cuando los obreros del turno de día entraron vieron un enorme 7 escrito en el suelo. Al poco, este taller que se había quedado atrás en producción, rendía más que cualquier otro 

La forma de motivarte es implantar el deseo de superarte

2. ‘Internalización

Si la buena motivación es la que sale “de dentro”, ¿cómo la ponemos ahí? 

Decir que “la motivación viene de dentro” no explica nada porque a su vez obliga a explicar cómo se metió ahí y por qué a veces no “sale”. 

Sabemos que esos barquitos tan monos que están dentro de las botellas han sido introducidos por un artesano, no han ‘nacido’ allí. Tal vez desconocemos los procedimientos, experiencias, tiempo y esfuerzo que fueron necesarios para meterlos, pero somos conscientes de que esas técnicas existen.  

Sin embargo, en el caso de la motivación no pensamos de igual forma. Tendemos a creer que hay una motivación intrínseca o interna, que nos surge “desde dentro” y va con nuestra naturaleza; y otra extrínseca o externa que es “artificial” o impuesta por factores ajenos a la persona. 

Pero ambas tienen el mismo origen: las experiencias que tenemos en el “exterior”, en la vida, como no puede ser de otra forma. Lo que pasa es que no somos conscientes de cómo esas experiencias generan o cambian nuestras motivaciones.

Sabemos mucho más lo que no queremos que lo que queremos. 

Somos más conscientes de nuestros motivadores negativos, de aquello que no nos interesa o nos disgusta. Si nos obligan a trabajar a punta de pistola nuestra motivación sería negativa, no actuaremos porque queremos sino para evitar un daño o un problema. 

No es necesario recurrir a un ejemplo tan extremo para ser conscientes de que una parte de nuestra vida personal y profesional está motivada de forma negativa: hacemos cosas para no estar peor o para evitar problemas. 

Sin embargo,no percibimos de forma tan clara las motivaciones positivas, tendemos a interiorizarlas con naturalidad. Pero están ahí también, en el exterior, lo que pasa es que han sedimentado con el tiempo y no recordamos cómo llegaron a ser importantes.

Si quieres “sentir” la motivación para conseguir los objetivos que te propones, organiza tu vida para que la motivación crezca. 

Si tu trabajo te motiva “intrínsecamente”, más allá de la “pasta”, es porque las tareas y actividades que desempeñas se ajustan a tus intereses, aquellos que desarrollaste cuando eras un niño o un joven jugando con tus padres, tus amigos, en la escuela, sin darte cuenta, gradualmente. 

Si te gusta la ingeniería, tal vez su origen tiene mucho que ver con esos mecanos que hacías con tu madre; si te vuelve loco la filología inglesa, posiblemente todo empezó con esos cuentos con tu padre… Si vuelves la vista atrás y das un repaso a tu vida encontrarás las experiencias que hicieron crecer en ti tus motivaciones actuales. 

La buena noticia es que las experiencias que eliges tener ahora también te ayudan a crear nuevos intereses. No se le puede pedir a nadie que saque su “motivación interna” si no la tiene, si nunca llegó a entrar; pero sí se le puede invitar a que la desarrolle.

Podemos cambiar nuestra motivación e introducir en la botellita, de forma gradual, el barquito que hemos elegido. ¿Cómo?, la idea es fácil aunque conlleva tiempo, planificación y esfuerzo. 

3. ‘Ganificación’

¿Qué puedes hacer para ‘tener ganas’?

Si no tienes tiempo para hacer ejercicio, tendrás que encontrarlo para estar enfermo

Si no tienes motivación para planificar, tendrás que encontrarla para enfrentar problemas en el futuro. Muchos problemas profesionales se deben al círculo de la desmotivación. Personas que viven un período de bonanza o de tranquilidad profesional, que tienen un empleo o una actividad profesional suficientemente satisfactorias, no perciben ningún problema y no sienten la motivación de mejorar en el presente y de planificar el futuro. 

Esas mismas personas, cuando pasan a estar en crisis porque han perdido el empleo o han sufrido un revés profesional o empresarial, no tienen tiempo ni motivación para pensar en el largo plazo, sólo para sobrevivir. 

¿Cómo salir del círculo de la desmotivación? 

Todo el mundo tiene acceso a las tecnologías, pero no todo el mundo tiene ganas de aprender. ¿Alguna vez has querido hacer algo, pero simplemente no estabas suficientemente motivado para hacerlo? 

Y si en lugar de explicar y justificar tu inactividad por tu falta de motivación te preguntaras: ¿qué haré para aumentar mi motivación y conseguir hacer esto?

No te exijas sentir motivación, simplemente sigue remando. 

Cuando nos exigimos estar motivados para pasar a la acción nos estamos poniendo mucha presión. Cuando nos ocupamos activamente, con o sin ganas, la pasión y el interés surgirán de la propia actividad. De la inactividad sólo puedes esperar más inactividad. Y es contagiosa. 

Si en este momento “no tienes ganas” de continuar con tu plan, con las tareas que tienes previstas, en lugar de abandonar, para hacer más probable que las ganas vuelvan, podrías dedicarte a otras actividades más agradables o menos exigentes pero también relacionadas con el plan. 

En lugar de retomar la redacción de ese capítulo del libro que tanto te está costando tal vez podrías revisar la documentación o contenidos que he almacenado en Evernote referidos a otros capítulos, una labor mucho más llevadera.

La clave es mantener la inercia de la ocupación y “lanzar un mensaje a tu voluntad”puedo seguir haciendo lo que debo incluso cuando no siento las ganas.

En lugar de preguntarte ‘qué hago si no tengo ganas’, pregúntate mejor ‘qué puedo hacer para tener ganas’. Cómo activarte: ¿qué harías si tuvieras motivación? 

En lugar de esperar a que te llegue la motivación para actuar, ponte a hacer lo que harías si tuvieras motivación. Si piensas o sientes que no tienes ganas de trabajar, tal vez trabajando te entren esas ganas. Ya mencionamos que el concepto “despido Interior” describe la renuncia a poner empeño en el trabajo caracterizada por aparcar los propios intereses, decidir no aprender nada nuevo y cerrar los ojos ante la incompetencia o la injusticia de jefes y compañeros. Por muy desesperante que sea una situación y por muchas razones que tengamos para no intentar nada, ¿se puede pasar a la acción sin motivación? 

Los profesionales no pueden depender de estar motivados para desempeñar su labor. Es recomendable generar un estilo y un contexto de trabajo que dependa más de los planes marcados que del ánimo imperante. Dicho de otra forma, te sientas como te sientas lo importante es hacer lo que ‘debes’, lo que has planificado, y así la motivación es probable que aparezca.

Si no te sientes motivado para perseguir un objetivo, tal vez deberías organizar tu plan de trabajo de una forma más motivadora. Si sigues sin tener ganas de perseguir esa meta, ¿seguro que es una meta que te interesa? Tal vez deberías buscar objetivos alternativos. Si nos empeñamos en lo que no queremos o no podemos, ¿cómo esperamos tener ganas?

Si tienes que “obligarte” a perseguir tu objetivo, tal vez has elegido un objetivo equivocado.

4. Dedicación

Invierte en lo que te motiva, motívate invirtiendo.

Un pianista famoso daba un recital en una fiesta. La anfitriona le dijo: 

—Haría lo que fuera por tocar como usted. 

El pianista la miro pensativo y replicó: 

—No, no haría lo que fuera. 

La anfitriona avergonzada frente a sus invitados se vio obligada a replicar: 

—Sí, haría cualquier cosa. 

El pianista volvió a negar con la cabeza: 

—Le fascinaría tocar como yo en este momento pero no estaría dispuesta a practicar ocho horas diarias al día durante los próximos 20 años para alcanzar este dominio.

¿Estas dispuesto a pagar el precio para obtener lo que quieres? 

Ajusta tus objetivos a tu disposición. En un momento y contexto determinado, algunos profesionales están dispuestos a ampliar su zona de confort, mientras que otros no se sienten especialmente motivados para cambiar o crecer.

¿Quieres ser un gran pianista pero no estás dispuesto a dedicar 20 años de tu vida necesarios para conseguirlo? Si no estás dispuesto deberás aceptar que serás un pianista con una habilidad media. 

¿Estas satisfecho con esa imagen, con esa meta? Entonces, adelante. 

Tal vez tus motivaciones cambien en el futuro, pero ahora son las que son. Los intereses profesionales fluctúan y lo que hoy no queremos tal vez mañana lo acojamos con entusiasmo. Y al contrario. Lo importante es empezar a perseguir alguna liebre. Ya veremos si luego nos animamos con un león.

Es importante recordar que la consecución de determinados objetivos puede exigir una inversión mínima “no negociable”. En algunos casos, si sólo estás dispuesto “en un cincuenta por ciento” a pagar el precio tal vez tendrás también la mitad de posibilidades o menos de tener éxito. Y en otros escenarios no tendrás ninguna posibilidad a menos que subas esa dedicación.

Pagar aumenta tu motivación. 

Invertir en un proyecto u objetivo aumenta per se nuestra motivación, y una mayor motivación incrementa nuestra disposición a invertir. 

Una meta motivadora conduce a una actitud más arriesgada de inversión, pero también la realización de una mayor inversión para la consecución de una determinada meta puede dotar a este objetivo de mayor valor motivacional para la persona que hace el esfuerzo. 

Si te gusta mucho el idioma inglés y has decidido usarlo para impulsar tu carrera profesional, estarás dispuesto a pagar o a esforzarte por realizar estancias en el extranjero. Y al revés, la inversión en experiencias formativas fuera de tu país de origen puede conducirte a un mayor interés por darle peso a los idiomas en tu vida profesional.

Si algo no te motiva, posiblemente es que no te has dedicado el tiempo suficiente. Nos puede interesar cualquier cosa si le damos una oportunidad.

Foto: AbsolutVision

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