Nuevo liderazgo directivo

Juan Luis Manfredi    22 julio, 2015

El Padrino es una de mis películas favoritas. Es la historia de la familia Corleone, pero no es una película sobre la mafia. Es una película sobre el capitalismo, los negocios y la vida. Se pueden extraer numerosas lecciones de la trilogía. La propia producción del filme, el modelo de negocio, el desarrollo de las habilidades de liderazgo, la creación de una nueva cultura corporativa cuando se produce la transición familiar, el proceso de evolución hasta la madurez directiva de Michael Corleone, la adaptación al cambio o la captación de nuevos perfiles profesionales para un negocio en cambio. Es, toda la obra, un compendio sobre la inteligencia directiva y el liderazgo.

De entre todos los personajes, Tom Hagen, el eterno consigliere, es quien mejor representa la idea de liderazgo a través de la acción. Durante un largo tiempo hemos atribuido el liderazgo a la capacidad de pensar y no de actuar en el ámbito empresarial. Pero los tiempos han cambiado y se demanda una reconceptualización de las habilidades directivas que premien el thinking-by-doing. Veamos qué atributos tiene este nuevo tipo de liderazgo e inteligencia directiva.

La complejidad. Hemos sido educados en el sí y el no, el blanco o el negro. Si algo hemos aprendido de la crisis y de la globalización, es precisamente que los asuntos son complejos, están interconectados y requieren una visión de conjunto. El liderazgo por la acción consiste en escuchar a todos los implicados en una decisión de la empresa. A menudo, preferimos escuchar solo a una parte, sobre todo si nos da la razón. No principia así el liderazgo. La tarea directiva consiste en ser capaz de escuchar todas las opiniones e integrar las mejores ideas bajo un único armazón, sea un plan estratégico de acción o en la misión corporativa. Sin abrazar la complejidad, nuestra empresa silo está abocada a la dificultad.

La promesa de coherencia. La sociedad hipertransparente requiere líderes que sean capaces de cumplir la palabra, preparados para aminorar las diferencias entre la idea y la ejecución y amigos de la rendición de cuentas. Las instituciones que carecen de modelos de gobernanza, que prefieren el rendimiento a corto plazo o que renuncian a sus principios, corren el riesgo de fallar a sus stakeholders. Y no parece que demos segundas oportunidades. Aquí la relación entre medios y redes sociales con responsabilidad corporativa, rendición de cuentas y ejemplaridad se retroalimentan una de otra. De hecho, así se titula mi ponencia en el Business Summer Course de la universidad de Castilla-La Mancha.

Tus competidores son tus mejores aliados. Incluso cuando don Vito ha sido tiroteado, Hagen recomienda encontrar un foco de comunión con sus enemigos («tenemos que conseguir una reunión», le dice a un Sonny enfurecido). En la sociedad red, la supervivencia de las organizaciones pasa por la capacidad de crear redes de trabajo y colaboración. La competencia basada solo en precios o en calidad no parece ser una apuesta sostenible en el tiempo. Las redes, en cambio, ofrecen mejores combinaciones de productos y servicios. En periodismo, Jeff Jarvis sentenció la máxima del periodismo en red: haz lo que sepas hacer bien y enlaza el resto.

La resilencia consiste en la capacidad de prepararse y resistir las condiciones de estrés. Las personas tenemos más o menos tolerancia al estrés, pero las organizaciones carecen de esta habilidad. Creamos organizaciones para que no cambien sus estructuras. El nuevo liderazgo directivo consiste en ser capaces de trasladar estas capacidades a las instituciones, de modo que aprendan, sobrevivan al desorden y abracen las nuevas oportunidades de la globalización. Para eso, habrá que diseñar programas de adaptación al cambio, perseguir acuerdos con universidades y escuelas de negocios, fomentar una cultura corporativa abierta y  promover programas de emprendedores residentes.

En suma, el liderazgo y la inteligencia directiva se trabajan. No son fruto de las musas, sino el resultado de un aprendizaje constante, la promoción de la confianza de los empleados y de los colaboradores, la capacidad de moverse en un entorno complejo y de aprender de las derrotas. Tom Hagen representa estos atributos mejor que ningún otro líder empresarial cinematográfico. No es el propietario del negocio. No es el protagonista de los acontecimientos. En cambio, es el eje sobre el que pivota la compañía, el cambio de cultura y la transformación de los negocios. Asiste al padrino, participa en el proceso de toma de decisiones, genera alianzas, contribuye a la madurez directiva de Michael Corleone, habla con el regulador, visita a la contraparte en las negociaciones más difíciles. Tom Hagen es el liderazgo por la acción. ¿Has identificado ya quién es el consiglieri de tu proyecto? Quizás sea lo que le falta a tu negocio para dar el salto.

Foto: El Padrino

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