La creatividad empática

Guzmán López    17 septiembre, 2012

La idea de la fregona, a pesar de pertenecer a un ingeniero, no fue producto del pensamiento racional sino emocional. Cuentan que Manuel Jalón, que así se llamaba su creador, cansado de ver a su madre arrodillada fregando suelos y escaleras de las casas en donde trabajaba, decidió que con su creatividad levantaría del suelo a su madre, y a todas las mujeres que por entonces realizaban el mismo trabajo, de una vez por todas. Y así fue como inventó un artilugio que, por simple que pueda parecer, revolucionó en su día todo el sector de la limpieza hasta nuestros días.

Jalón siempre afirmó que su idea le vino gracias al amor de hijo, es decir, del corazón. Pero, ¿acaso el corazón puede también ser creativo? Después de descubrir su historia parece que sí. Los menos románticos podemos dar una explicación a todo esto.

Desde hace un tiempo los neurólogos han descubierto que los humanos no tenemos solo un cerebro sino tres. Es lo que han decidido llamar cerebro triuno, ya que el mismo cerebro parece estar compuesto por tres más. Esto es el resultado de miles de años de evolución en el que uno se superponía a otro. Por tanto, en el interior de cada cerebro podemos encontrar, por orden de aparición en la historia evolutiva, los siguientes cerebros: reptiliano, límbico y el neocórtex. El primero está orientado a la acción, el segundo al sentir y el último a la anticipación y al pensamiento.

Cuando hablamos de creatividad siempre solemos vincularla al último y más reciente cerebro, el del pensar. Si queremos resolver un problema o bien generar una idea para un nuevo producto, siempre decimos eso de “vamos a pensar a ver qué se nos ocurre”. Pues bien, se ha demostrado que cada uno de los cerebros que componen el triuno puede darnos una creatividad diferente.

En este artículo me gustaría centrarme en la parte del cerebro que se ocupa de las emociones, de los sentimientos, es decir, del sentir. Es ahí donde Manuel Jalón encontró la inspiración para su mejor invento, ya que más que su inteligencia o su preparación lo que marcó la diferencia fue su capacidad de empatizar, es decir, de ponerse en el lugar del otro para entender y experimentar sus sentimientos.

La creatividad emocional o empática no es algo nuevo. Prácticamente todos los artistas han creado a través de sus sentimientos hacia la mujer amada, la naturaleza o incluso Dios. También tenemos la creatividad surgida del odio, como cuando Chopin, al enterarse de que los rusos invadían su patria, escribió su magnífico estudio “Revolucionario”.

El mundo de la empresa también lo viene utilizando desde hace años. Uno de los casos que más me gustan es el de la empresa de juguetes Imaginarium. Para empezar, la entrada a sus tiendas tiene dos puertas, una grande para adultos y otra pequeña para los que realmente son sus clientes. Los niños pasan por esa puerta hecha a su medida. Esa idea procede sin duda de una gran identificación con ellos. Pero eso no acaba ahí, todos sus juguetes están pensados para ellos como nunca se ha hecho, con una empatía tal que parece que sean los mismos niños, como en aquella película de Tom Hanks, los que diseñen y aporten ideas para su producción.

Otro caso ejemplar es el de la película “Bichos”, en el que los guionistas se pasaron tres semanas arrastrándose por el suelo para acercarse lo máximo posible a lo que siente un animal de esas dimensiones y que, evidentemente, observa todo desde otro punto de vista. Gracias a ello la película se nutrió de unos planos inéditos hasta la fecha.

Ser empático no es fácil. Nos cuesta mucho sentir lo que siente el otro, porque a veces incluso no nos permitimos apreciar nuestros propios sentimientos. Se ha demostrado que desde las emociones se puede crear y muchas veces es una creatividad mucho más profunda y sincera que la que acostumbramos a practicar. Cuando Vueling nos hace el trayecto más cómodo y agradable con ideas como ponernos música reconocible y actual para despegar y aterrizar, series como Los Simpsons o Friends para pasar el rato o toda la «usabilidad» que nos da su web para comprar o cambiar billetes de avión, lo está haciendo desde la empatía con sus clientes. Ellos también han volado y saben lo estresante que puede llegar a ser. Esto debería ser lo normal. Lo extraño es la cantidad de empresas que no hacen fácil la adquisición de sus productos (con muchos trámites o clics de ratón) o el uso de los mismos. Apple o Google son empresas muy empáticas con sus clientes. Todo muy sencillo, limpio y eficaz, parece ser su lema. Y los clientes lo agradecen.

Por tanto, debemos apreciar más lo que sentimos y no eclipsarlo tanto debajo de lo que pensamos, ya que corremos el riesgo de convertirnos en programas informáticos fríos y cuadriculados. El sentir es lo que nos hace humanos, y eso mismo genera nuestra condición de creativos. No lo olvidemos.

 

Foto @Eddi van W., distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

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