Fórmate o desaparece

David Fernández    19 septiembre, 2017

Expuesto así el titular puede parecer una exageración o una absurda advertencia. Pero el que hoy no se preocupe por actualizar sus conocimientos puede tener un gran riesgo de quedar desactualizado en un mundo que avanza y no espera a nadie.

Nuestro entorno evoluciona, se transforma y cambia a un ritmo que en ocasiones es complicado de afrontar. Día a día los avances tecnológicos transforman la manera de comportarse del gran público o las nuevas propuestas comerciales hacen viejas a las más novedosas técnicas de marketing.

Llega un momento en el que podemos estar perdidos de forma absoluta a la hora de enfocar una tarea. Ello es más preocupante si la tarea se enmarca dentro de nuestra actividad laboral o empresarial. Improvisar, buscar atajos temporales o acudir a ayuda externa son soluciones que pueden servir a corto plazo, pero desde luego que llegará un momento en el que no podremos avanzar.

Por supuesto que no es necesario estar a la última en todo lo que leemos en la prensa y en todos los sectores. Nos levantamos a diario con noticias en campos diversos como la robótica, nanotecnología o el transporte ultrasónico y a menos que esos sean nuestros ámbitos de actuación, no deben convertirse en nuestro objetivo de formación.

En cambio, sí debemos dominar todas las nuevas técnicas y novedades que atañan a nuestro trabajo o negocio. Es imprescindible, pues, que no se nos escape nada nuevo, ninguna nueva forma de hacer o la última técnica para conseguir nuestros objetivos primarios o secundarios.

 

Vías de actualización

La primera tarea diaria de uso obligado tiene como centro la lectura. Hoy en día la Red nos permite estar al tanto de manera inmediata de la última información de nuestro sector. No faltan las almas caritativas o interesadas que comparten sus conocimientos y hallazgos. Son numerosos los blogs, webs especializadas, listas de correo o cuentas de Twitter que abordan cualquier sector imaginable.

Nos debemos imponer como rutina el leer y leer. Herramientas como las listas en Twitter, suscripciones a blogs o alertas de Google, que nos facilitan de forma cómoda esta misión. También es importante que sigamos a las personas destacadas en nuestro sector, que compartirán suculentos contenidos relacionados para así mantener y atraer nuevos seguidores. No olvidemos que el cebo en las redes es el contenido, y de ello nos debemos aprovechar.

Pero debemos filtrar lo que leemos y a quien leemos. No vale todo. En una jornada en la que siempre nos falta tiempo, no nos podemos permitir leer textos de poca calidad. Nuestra experiencia con el tiempo nos dictará las fuentes de confianza y nuestra propia intuición nos mostrará lo que es adecuado o no, con solo leer uno o dos párrafos de un texto.

Lo mismo ocurre con los libros. Deberíamos filtrar tanta novedad que nos ofrece el secreto del éxito y acudir a autores de referencia o a obras con opiniones contrastadas.

 

Cómo afrontar la formación en sí

Por todas partes se nos ofrecen cursos, conferencias, seminarios, congresos e incluso másteres y programas superiores. Muchas veces, suelen tener unos precios elevados, tan altos que parece que revelerán el sentido de la vida o el elixir de la eterna juventud.

No es cuestión de volver a la universidad y mezclarnos con los ilusionados adolescentes que velan por abrirse paso en su futuro profesional. Eso exigiría, de nuevo, pasar largas mañanas sentados oyendo al profesor de turno y sus clases magistrales, amén de los exámenes consiguientes. Seguramente que no disponemos de tiempo -y de paciencia- para ello.

Frente a pasar cuatro años de nuestra vida para obtener un grado superior, existen alternativas más rápidas como un máster anual o cursos de semanas o meses. Unos más acreditados y otros menos. Nuestro objetivo no ha de ser acumular títulos, sino aprender.

En este punto debemos pensar a la hora de elegir un curso, máster o título, que invertimos tiempo y dinero, conceptos ambos que transformamos en un tercer valor como es el aprendizaje. En consecuencia, no vale todo. Nuestra selección debería ser exquisita.

  • Primero debemos elegir nuestro objetivo de aprendizaje: reciclarnos, aprender nuevas técnicas o simplemente reinventarnos. Insistimos en que necesitamos aprender porque responde a un objetivo y alrededor de él diseñaremos nuestras etapas de enseñanza.
  • A continuación, el segundo paso es seleccionar un buen programa formativo que va de la mano con la calidad de los profesores que lo impartan. No es lo mismo un equipo formativo que se involucre que otro que se limite a contar obviedades sin reciclar, y sin el menor entusiasmo. Deberemos acudir a opiniones en el sector, reputación y consejos de conocidos.
  • Un tercer paso es planificar la compatibilidad con nuestros quehaceres laborales. Aprender de verdad exige tiempo y dedicación. Y no siempre es fácil conciliar trabajo y esfuerzo de formación. Quizá no sería mala idea reducir jornada durante ese tiempo de aprendizaje.

Existen programas gratuitos para trabajadores, como los de la FUNDAE, que corresponden a formación laboral en todos los sectores, u otras actividades de formación en fundaciones y escuelas de negocios. No debemos dejar de lado los cursos MOOC (Massive Open Online Courses), que ofrecen muchas entidades de prestigio a través de la Red, muchos de ellos a coste cero, y que abordan multitud de temas y sectores.

Pero lo verdaderamente importante son dos cosas: ganas de aprender y esfuerzo para ello. Y tener claro que si no aprendemos, podemos desaparecer del mercado.

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