La digitalización de las pymes, una cuestión de supervivencia

Mar Carpena    15 septiembre, 2021
Digitalización de las pymes

La digitalización es un hecho, un objetivo e incluso un plan concreto para las empresas de nuestro país. Nadie parece poner en duda esta afirmación, y menos aún si echa un vistazo al Plan de Digitalización de Pymes 2021-2025, que cuenta con 4.060 millones de euros hasta 2023 y con el que el Gobierno tiene como objetivo acelerar la digitalización de 1.500.000 pequeñas y medianas empresas.

Lo que tampoco nadie duda es de que son precisamente esas pequeñas y medianas empresas las más débiles en la carrera hacia la transformación digital y que, precisamente, su supervivencia depende de que consigan subirse a ese tren.

Un desafío que la pandemia ha puesto sobre la mesa con total clarividencia. La crisis económica derivada de las medidas de distancia social hizo que, durante los primeros siete meses de 2021, desaparecieran en nuestro país 44.640 empresas respecto al mismo periodo de 2019, según ha alertado la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa, CEPYME.

Sectores más castigados

Como señala CEPYME, el sector más castigado durante la crisis del coronavirus ha sido el de servicios, que cuenta con 44.357 compañías menos en los primeros siete meses de 2021 en comparación con el mismo periodo del año 2019.

El siguiente más dañado ha sido la industria, que ha perdido 3.399 compañías en este mismo periodo. En cambio, sectores como la construcción y la agricultura ya han recuperado los niveles precrisis.

“Las restricciones asociadas con determinadas actividades de la hostelería y la restauración, así como una menor demanda asociada a las limitaciones de movilidad en el ámbito internacional están detrás de este comportamiento”, explican.

Pero, además de esta realidad ya de por sí preocupante, el futuro más cercano aún está marcado por la incertidumbre económica y podrían ser más las pymes que no logren seguir adelante en los próximos meses.

Por ello, además de ayudas económicas o ERTES más flexibles como pide la Confederación, muchos son los que ponen todas sus esperanzas en la digitalización, una vía que podría no solo ayudar a algunas empresas a adaptarse a la nueva realidad, sino que podría, además, propiciar la creación de nuevas pymes.

Digitalizarse, una obligación

El estallido de la COVID-19 hizo que todo cambiase y que, en esa gran transformación, nuevos modelos como el teletrabajo y el comercio electrónico se erigiesen como grandes protagonistas.

Dos nuevas realidades con un denominador común: la tecnología.

El distanciamiento social hizo, como ya hemos señalado, que fueran muchas las empresas que de la noche a la mañana buscaran nuevas fórmulas para continuar con su negocio y, sobre todo, para mantener sus ingresos.

Las ventas a través de Internet fueron, durante un tiempo, incluso la única fórmula para muchos. Esto explica cómo, según los últimos datos hechos públicos por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), tan solo en el cuarto trimestre de 2020, la facturación del comercio electrónico en España aumentó un 9,3% interanual, hasta alcanzar los 14.613 millones de euros.

Y si tomamos en cuenta el conjunto del año, según la CNMC, en nuestro país se batieron todos los récords debido a la pandemia, superando los 51.600 millones de euros, un 5,8% más que en 2019.

Sin embargo, son muchas las pymes que aún no han podido dar ese salto, muchas veces por falta de conocimiento y talento tecnológico, muchas otras por sus escasos recursos económicos. De hecho, en el caso del comercio electrónico, el propio Gobierno señala que, hoy en día, tan solo el 10 por ciento de las pymes españolas vende sus productos a través de Internet, un porcentaje que, con el Plan de Digitalización de Pymes 2021-2025, el Ejecutivo quiere elevar al 25%.

Tecnología para sobrevivir

Estamos, por tanto, ante un escenario en el que no solo es importante contar con una web, vender online o tener presencia en las redes sociales. La digitalización va más allá de eso y debe entenderse como un proceso continuo, en el que la tecnología sea un compañero no solo para vender, sino también para ser más eficiente, ganar en agilidad u ofrecer una mejor experiencia de cliente.

Como explica Rafael Sánchez Pulido, la digitalización de las pymes tiene un punto inicial, pero no un punto final.

Conseguir que puedan acceder a soluciones innovadoras y que se están imponiendo en el día a día del tejido empresarial como el teletrabajo, el cloud computing, el big data, la ciberseguridad o, por qué no, la inteligencia artificial es el auténtico reto de un proceso de transformación digital efectivo.

Más productividad y rentabilidad

Un proceso que no solo implica poder adaptarse a la nueva sociedad, con un cliente cada día más online, exigente y omnicanal. La transformación digital también ofrece a las pequeñas y medianas empresas la oportunidad de aumentar su productividad y con ello su rentabilidad, una mejor toma de decisiones o nuevas oportunidades de negocio.

La digitalización además “es sinónimo de crecimiento y empleo de calidad, de sostenibilidad e inclusión. Su potencial permitiría aumentar el PIB entre 1,5 y 2,5 puntos porcentuales anuales hasta 2025, e incrementar la productividad de las pymes entre un 15% y un 25%” asegura José María Álvarez-Pallete, presidente ejecutivo de Telefónica en el informe Sociedad Digital en España 2020-2021, elaborado por la Fundación Telefónica.

Un desafío pero también una oportunidad, como revela un estudio realizado por la plataforma de comercio electrónico eBay y el Instituto IO Sondea de Investigación de Mercados, en el que se señala que el 80% de las pequeñas y medianas empresas ha reducido el impacto de la crisis gracias a la digitalización y que, de no haberse digitalizado, un 78% de las pymes habría tenido que cerrar de manera temporal o definitiva.

Como vemos, son muchas las razones para abordar esta transformación y cada vez menos los “peros”. De hecho, es la única vía posible para muchas pequeñas empresas que, de no subirse al tren de la digitalización, podrían perderse para siempre en el camino.

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