Claves para cerrar la brecha de competencias entre el mundo académico y el laboral

Brecha de competencias

El número de parados en España supera los tres millones de personas. Mientras tanto, más del 75% de las compañías admite un desajuste significativo entre lo que buscan y lo que encuentran en los procesos de selección, según un informe del IESE, que pone de manifiesto la alarmante brecha de competencias que existe en el mercado laboral.

No es que los puentes entre el mundo académico y el laboral se hayan dinamitado, pero lo cierto es que la revolución tecnológica ha agravado la crisis de habilidades y destrezas, y amenaza la productividad y competitividad de buena parte de las empresas.

Crisis de habilidades y competencias

Los expertos prevén que las dificultades para los reclutadores irán in crescendo durante los próximos años, como si universidades o centros de formación profesional se comunicaran en un idioma distinto al del ecosistema empresarial y fueran incapaces de entenderse.

Lejos de ser una moda pasajera de la que habla todo el mundo, la digitalización ha marcado un punto de inflexión. Un antes y un después en las empresas, que no únicamente ha transformado por completo las formas de trabajar, sino que ha impactado de lleno en las relaciones laborales, la cultura corporativa y los desafíos de las compañías.

Menos teoría, más práctica

“La brecha entre los conocimientos adquiridos en las universidades y las exigencias del mercado laboral que plantean las empresas continúa creciendo, porque en muchos casos los estudios universitarios siguen todavía un modelo de enseñanza demasiado teórico que, en ocasiones, no se ajusta a la realidad de las competencias requeridas para ciertos puestos de trabajo”.

Son palabras de Ana Delgado, socia y directora de Educación en The Valley, quien además de advertir sobre la falta de práctica, asegura que muchas empresas requieren experiencia que no se puede adquirir si las universidades y centros formativos no facilitan esa inmersión en el mercado laboral entre sus competencias como formadores de profesionales.

Ahora bien, ¿cuáles serían las principales claves para cerrar esa brecha de competencias?

Colaboración entre universidades y empresas

La base para ir realizando los ajustes pendientes reside en el acercamiento de las partes, puesto que la colaboración de universidades y empresas es necesaria para que la formación y la entrada al mercado laboral de nuevos profesionales sea mucho más fluida y accesible.

Las universidades deben modernizar sus contenidos y métodos e implantar formaciones mucho más prácticas que incluyan tareas reales que se encontrarán los alumnos en las empresas. Esto se logra en parte gracias a la colaboración, ya que nos proponen retos y nos dan la oportunidad de que nuestros alumnos puedan realizar propuestas y enfrentarse a funciones muy similares a las que desarrollarían formando parte de una compañía”.

Formación continua

En cuanto a las empresas, Delgado explica que deben ofrecer estas posibilidades y dar la oportunidad a sus profesionales de renovarse con formaciones continuas, ya sean in company o de manera paralela, para que el mundo laboral y universitario sigan en conexión y se puedan actualizar los perfiles.

Competencias más demandadas

La tecnológica continúa al frente de las áreas que registran una mayor brecha. De hecho, más de 9 de cada 10 empresas reconocen dificultades para encontrar los graduados que necesitan para desempeñar labores relacionadas con el Big Data o el marketing digital.

No obstante, los desajustes también son más que evidentes en las competencias y habilidades profesionales que cada día demandan más empresas: las soft skills, que empiezan a priorizarse incluso sobre los títulos académicos y las capacidades técnicas, y serán indispensables en los profesionales del futuro.

La resolución de problemas complejos y el pensamiento crítico, la creatividad o la gestión de personas son algunas de las capacidades que conforman el podio de las denominadas “habilidades blandas” más necesarias en el mercado laboral actual.

“La capacidad de un profesional para adaptarse, ser flexible, trabajar en grupo de manera colaborativa y continuar aprendiendo y renovándose a lo largo de su carrera son ya imprescindibles a la hora de contratar a un profesional. Por ello, las universidades deberían incluir este tipo de competencias en sus formaciones y fomentar una manera de aprender y trabajar mucho más similar a la que se encontrarán los alumnos al entrar al mundo laboral”, comenta Delgado.

En cuanto a los desajustes más apreciables respecto a este tipo de capacidades, el informe señala los relativos al liderazgo, la negociación o innovación y creatividad. Asimismo, saltan las alarmas en actitudes como el compromiso o la visión global. Y se remarca la importancia de los valores éticos, la concienciación medioambiental o la learnability, es decir, el interés constante por el aprendizaje.

Foto de Freepik

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