Reinventa tu negocio con los mapas mentales

La regla número uno en creatividad es entender perfectamente nuestro problema o reto creativo antes de querer solucionarlo. Muchas veces confundimos el síntoma con el propio problema y dirigimos nuestras soluciones al lugar equivocado. Por eso parece que hay algunas situaciones que deseamos cambiar que parecen no tener solución. En realidad sí las hay, solo que nuestro enfoque no es el adecuado. Podríamos decir que muchas veces nuestro planteamiento lleva asociados más problemas que soluciones.

Esto se debe, generalmente, al tipo de pensamiento que utilizamos. Nos empeñamos, bien por la educación, bien por la costumbre, en pensar de manera lineal y secuencial. Esto significa que resumimos nuestros problemas a una o como máximo dos variables o factores cuando, en realidad, todos los problemas son más complejos.

Nuestro cerebro funciona de manera sistémica, es decir, a través de la conexión de diferentes conceptos, informaciones y experiencias. Todo está relacionado ahí dentro, nada queda aislado en sí mismo. Por ello, a la hora de pensar sobre algo deberemos tener en cuenta muchos más factores de los que a priori solemos considerar.

Los mapas mentales, la famosa herramienta creada por Tony Buzan, nos permiten contemplar nuestro reto, objetivo o problema desde todas sus áreas y, por tanto, entender y generar más ideas a los mismos.

Los mapas mentales son un intento de rastrear cómo funciona nuestro cerebro y qué connotaciones tiene lo que estamos pensando. Al pasarlo a un papel y trabajar en ello, veremos cómo de repente aparecen más caminos conectados de los que inicialmente pensábamos. Eso nos trae más pistas, hace más evidentes las conexiones que, aunque estaban, eran difíciles de observar. Cuanta más información tenemos sobre algo, más fácil es de comprender y, por tanto, de resolver.

Cómo utilizar los mapas mentales

Para empezar cualquier mapa mental, necesitamos partir del problema que queramos solucionar a través del concepto que mejor lo defina. Lo pondremos en el centro rodeado de un círculo. A partir de ahí se trata de ir generando ramas y sub-ramas relacionadas con el concepto central. En el mapa podemos utilizar todo aquello que lo haga más comprensible. Podemos utilizar colores diferentes para cada rama principal, iconos o emoticonos para darle un toque emocional o dibujos que hagan más comprensible lo que estamos pensando.

Por ejemplo, podemos realizar un mapa mental para entender mejor el beneficio de nuestro cliente respecto a nuestro servicio o producto. Para ello podemos empezar de varias formas. Nuestro concepto principal, situado en el centro, puede ser el mismo cliente, nuestro producto o simplemente el beneficio. Sea cual sea el elegido, nuestro mapa cambiará, ya que las conexiones serán diferentes. Si, por ejemplo, escogemos el cliente como concepto principal, veremos cómo lo que pensamos acerca de él se empieza a materializar a través de diferentes ramas y sub-ramas desde el círculo principal. Lo deseable aquí es tomar conciencia a través de lo visual de aquello que pensamos que es nuestro cliente, de sus motivaciones, deseos y necesidades y de cómo todo eso se entrelaza y conecta entre sí, llevándonos a una nueva visión y manera de entender la situación.

La idea es que de un solo vistazo podamos comprender la maraña de conexiones que tenemos respecto a ese concepto, que lo veamos con más claridad. Esto nos llevará a una nueva comprensión de lo que estamos buscando y, por ende, a nuevas y creativas soluciones.

Para más información se recomienda la lectura de El libro de los mapas mentales, de Tony Buzan. Ahí encontraremos las múltiples aplicaciones y beneficios de su utilización, así como las claves para realizar un eficaz mapa mental.

 

Imagen: @John Mallon Iphoneography, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

Exit mobile version