Modernización de aplicaciones en 2026, ¿qué opciones tienen las empresas?

La tecnología en entornos corporativos no es una moda; es una herramienta que debe seguir fines concretos, métricas y fechas e, irónicamente, al mismo tiempo, debe estar al tanto del entorno que la rodea. En este mundo de modernizaciones, ¿cuándo conviene reescribir y cuándo debemos dejar el legacy tranquilo?

Necesitamos más software que nunca. Como muestra, según Gartner, el mercado global de desarrollo de este nicho superará los 1,4 billones de dólares en 2026, una tendencia impulsada por la IA. Y es que estamos en un periodo de transición de las aplicaciones desarrolladas por métodos tradicionales a las generadas en forma nativa por la inteligencia artificial. ¿Pero esa modernización es siempre necesaria?

Para comenzar, el mercado no es homogéneo. Mientras algunas empresas se mantienen en la punta de lanza, otras deben arrastrar la llamada deuda técnica. Este término, creado en 1992 por Ward Cunningham, compara las decisiones de diseño en software con decisiones financieras, donde la deuda (atajos) debe pagarse con intereses (esfuerzos adicionales) más adelante.

Y no es un problema nuevo: un estudio de Oliver Wyman estima que la deuda técnica global creció 6 billones de dólares entre 2012 y 2023. Pero, a pesar de su nombre, la deuda técnica es más un reto empresarial que tecnológico. Se define como las obligaciones que acumula una organización al dar prioridad a las demandas tecnológicas a corto plazo frente a las necesarias para el rendimiento y la sostenibilidad a largo plazo.

Esta presión responde a una realidad operativa compleja: los sistemas obsoletos consumen recursos que podrían destinarse a la innovación. Gartner señala que el 46% de las organizaciones aumentó su gasto en modernización de aplicaciones en 2023, situándolo como una de las cuatro prioridades tecnológicas de este periodo.

El costo de modernizarse

El dilema de intervenir y modernizar sistemas no es tan fácil como parece. Se estima que, para el año 2026, los costos de modernización tecnológica variarán según la complejidad de la intervención requerida en cada sistema. En el nivel más básico, el traslado directo a la nube sin cambios estructurales representa la opción más económica, con una inversión que oscila entre los 20.000 y 50.000 dólares por aplicación.

Sin embargo, para aquellas empresas que buscan una optimización intermedia mediante el ajuste del código para aprovechar funciones de autoescalado, los presupuestos ascienden a un rango de entre 80.000 y 250.000 dólares.

En contraste, los sistemas críticos que necesitan una transformación profunda hacia arquitecturas de microservicios o la integración de inteligencia artificial avanzada requieren una inversión significativamente mayor. Estos procesos de reconstrucción total parten desde los 300.000 dólares y pueden superar fácilmente el millón de dólares.

Asimismo, es fundamental contemplar un gasto operativo recurrente para cubrir tareas de mantenimiento, parches de seguridad y el monitoreo constante del rendimiento en el nuevo entorno digital. Sin embargo, a pesar del alto desembolso inicial, el retorno de inversión se manifiesta de forma clara en la eficiencia operativa a largo plazo.

¿Y si dejamos las cosas como están?

Contrario a la tendencia de innovación constante, existe un argumento sólido para mantener ciertos sistemas sin modificaciones. IBM destaca que más de 100 000 clientes, incluidos grandes bancos e industrias manufactureras, aún dependen de sistemas heredados para sus operaciones principales. En estos sectores, la estabilidad es prioritaria; si el software cumple su función y el costo de mantenimiento es bajo, la opción de retener el sistema es la más sensata.

La decisión de dejar un sistema legacy intacto se fundamenta en el riesgo operativo. Si el impacto de una caída durante la migración supera los beneficios de la actualización, la prudencia dicta la continuidad. Esta postura es común en aplicaciones con una fecha de retiro programada a corto plazo.

La modernización es, en última instancia, un ejercicio de equilibrio financiero. Según el Flexera 2026 IT Priorities Report, la mayoría de los equipos tecnológicos utiliza la eficiencia de costos como la métrica principal para evaluar el éxito de sus iniciativas digitales. No se trata solo de usar la tecnología más reciente, sino de asegurar que la infraestructura soporte el crecimiento del negocio de manera sostenible y segura ante las nuevas amenazas cibernéticas.

En otras palabras, modernizar las aplicaciones está bien si se hace con un sentido de negocios y no por FOMO (Fear Of Missing Out). ¿Su empresa en qué estado se encuentra para este 2026?

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Foto de Freepik

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