Perspectivas de las pequeñas empresas dirigidas por mujeres

En España los datos del DIRCE (Directorio Central de Empresas) indican que de las 3.250.500 empresas existentes, algo más de 1.430.000 ocupan de 1 a 50 personas trabajadoras, lo que representa el 44% de todo el tejido empresarial español. De ellas, la inmensa mayoría (el 91%) son microempresas de menos de 10 personas trabajadoras. ¿Quiénes dirigen estas empresas? ¿Cómo son y qué retos afrontan? ¿Tienen las mismas perspectivas empresarias que empresarios? Vayamos por partes.

Desde la perspectiva profesional, la EPA (Encuesta de Población Activa) recoge que en España de cada 100 mujeres que trabajan, 3 tienen su propia empresa; en cambio de cada 100 hombres, hay 7 en esa misma situación profesional. Dicho de otra forma, por cada 100 personas que dirigen su propia empresa (con personas trabajadoras), 72 son hombres y 28 mujeres. Sin embargo, en el conjunto de Europa (la UE de los 27), esta relación está ligeramente en desventaja para las mujeres, que se reducen a 25 de cada 100.

Esta proporción, de poco menos de 1 mujer por cada 2 hombres, se mantiene para las pequeñas empresas, pero se amplía en las medianas y grandes: por cada mujer que dirige una mediana o gran empresa hay casi 4 hombres en su misma situación. Aplicando la proporción (de una a dos) al tejido empresarial existente, podríamos estimar que las mujeres dirigen cerca de 430.000 pequeñas empresas en España.

Qué las impulsa, qué las preocupa, qué las caracteriza, qué las distingue de sus homólogos empresarios… Es ciertamente un campo por explorar, puesto que su realidad cotidiana empresarial queda difuminada entre, por un lado, las políticas, la representación empresarial y la dinámica económica general pensada para las grandes empresas y, por el otro, los análisis, los programas de apoyo, las reivindicaciones y los discursos sobre las mujeres emprendedoras.

Aquí cabe destacar la fotografía de la realidad emprendedora y empresarial que anualmente realiza el Global Entrepreneurship Monitor, este año presentado en febrero en Madrid, así como el reciente estudio Mujer y desafío emprendedor en España que hace una extensa y detallada radiografía, y el Informe 2011 de la igualdad en el emprendimiento del Observatorio Estatal de la igualdad en el emprendimiento. Pero estas fuentes, sólidas y certeras, no ofrecen información sobre la realidad específica de las mujeres y hombres que dirigen pequeñas empresas.

El pasado 13 de septiembre, el Parlamento Europeo aprobó el Informe sobre las mujeres empresarias en pequeñas y medianas empresas (incluyendo en dicha definición también a las microempresarias) en el que, en resumen, instaba a la Comisión Europea y a los Estados miembros de la Unión a trabajar para el acceso y apoyo de las empresarias en el campo de las finanzas, la formación empresarial, las redes de empresas tradicionales y las tecnologías de la información y la comunicación.

En próximos posts hablaremos con más detalle de algunos de estos aspectos; en éste, y tal como está el panorama económico y financiero, me centraré en el acceso a la financiación.

En el campo de las finanzas dicho Informe sugería aprovechar mejor las posibilidades a disposición de las empresarias a través de capital riesgo, prestaciones de la seguridad social, subvenciones especiales y descuentos en los tipos de interés que permitan un acceso justo e igualitario a la financiación, puesto que actualmente éste no está garantizado.

Una de las razones que explican esta desigualdad es, paradójicamente, que las empresarias adoptan un enfoque más prudente que los empresarios a la hora de asumir riesgos económicos y financieros, y ello es penalizado por los canales habituales de financiación formal (bancos e instituciones financieras) o informales profesionales (capital riesgo e inversión privada).

Citando a Ana María Llopis, fundadora de Openbank y actual fundadora y consejera delegada de IDEAS4ALL:

“Las mujeres emprendedoras lo tenemos más difícil porque asumimos menos riesgos, y como asumimos menos riesgos pedimos menos dinero, y como pedimos menos dinero al final no hacemos todo lo que queremos y no llegamos tan lejos. Tenemos que aprender a pedir más.”

Así que para promover ese acceso igualitario entre empresarias y empresarios, el Parlamento propone:

a) Realizar un análisis en profundidad, y comparativo entre países, de las desigualdades de acceso financiero.

 El sector financiero es lo suficientemente opaco como para no ofrecer información sobre si empresarias y empresarios accedemos de forma diferenciada al crédito que facilita la puesta en marcha y/o consolidación de nuestras iniciativas. Obtener esta información directamente de las instituciones financieras es prácticamente imposible, a menudo porque ni ellas mismas analizan sus datos crediticios a empresas tomando en cuenta si son mujeres u hombres quienes están al mando del negocio. (extraído literalmente del “Libro rojo de las mujeres emprendedoras”).

 b) Alentar a bancos e instituciones financieras a crear servicios de apoyo empresarial favorables para la mujer.

c) Facilitar el acceso de las empresarias a las evaluaciones de crecimiento potencial y cálculos de riesgo potencial.

d) Establecer programas de preparación a la inversión para mujeres que contribuyan al diseño de planes comerciales viables, y a la identificación de posibles inversiones.

e) Garantizar que las empresarias que han llegado a una situación de insolvencia o han interrumpido en varias ocasiones sus carreras tienen acceso a una asistencia y apoyo para la recuperación financiera.

 

Los Estados Unidos están más avanzados en este ámbito, gracias a medidas positivas como las citadas y otras muchas más, que se han adoptado para promover y ayudar a las mujeres que desarrollan sus propias empresas. En 1979 se creó la Oficina de mujeres propietarias de empresas, parte de la Oficina para la Pequeña Empresa de los Estados Unidos. Su acción ha permitido, sin duda, que en 30 años se haya duplicado la participación de mujeres en el tejido empresarial.

El Parlamento Europeo lamenta que la crisis financiera y económica haya agudizado los problemas de muchas empresas, especialmente en los primeros tres años de actividad; e insiste en que el desarrollo de unas pymes rentables, tanto dirigidas por hombres como por mujeres, puede ayudar a los Estados miembros a lograr un desarrollo económico más sostenible.

Las empresarias de pequeñas empresas, para lograr sus objetivos, se enfrentan a algunos problemas distintos de sus homólogos empresarios, tanto en España como en el resto de la Unión Europea, y su contribución, tanto a la sociedad como a la economía, debe ser reconocida y apoyada. Reclamemos pues todos esos apoyos y reforcemos de paso la actividad de la pequeña empresa en general.

 

Foto @Victor1558, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

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