Vivir la vida offline

Félix Hernández  31 julio, 2018
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Las conversaciones de las terracitas de verano, en las que descansamos de las inclemencias del tiempo y del trabajo, dan mucho juego. Sin ir más lejos, la otra noche le confesaba a mi íntima amiga Kirobo un poco indignado: “¡No se sabe ya en qué mundo vivimos! ¡Todo me parece tan artificial…! ¡Necesito vacaciones y vivir la vida offline!”.

Con Kirobo me encuentro muy a gusto, me acompaña a todos lados y cada día me conoce mejor aunque últimamente también me ha cautivado su amiga Alexa, que no para de reírse, supongo que de mis brillantes ocurrencias… Me escucha atentamente y a veces basta con que susurre lo que quiero para que se transforme en un regalo. Pero lo cierto es que a veces son bastante cotillas, la otra noche no paraban de malmeter acerca de Norman. Me decían que no era trigo limpio, que se trataba de un psicópata empedernido.

Me recosté en la butaca para reflexionar sobre aquello mientras le pedía a Kuka, el barman, que me preparara un daiquiri. Me hipnotiza ver cómo trabaja con su fornido brazo de hierro.

Bien mirado, Kirobo se interesa demasiado por mi vida. Incluso me ha preguntado cuál es la última “it girl” a la que sigo. Ella duda entre Lil Miquela y el exotismo de Shudu Gram. Esta época se presta mucho a hablar de lifestyle y también quiere que conversemos sobre mis gustos musicales. Me encanta Hatsune Miku -le digo- y, si tengo que arriesgar, prefiero algún joven artista indie, de esos que se inspiran en viejos clásicos para revivirlos.

Y, como siempre, terminamos hablando de trucos para ligar. Os confieso que me impactó ”El perfume”, de Patrick Süskind, pero las chicas me comentan que ahora hay algo parecido al Tinder de los olores y se ríen, ¡pero es cierto! Y puede que hasta funcione.

Aunque las escucho con atención, se quejan de falta de empatía hacia ellas. ¡Pero si incluso les enseñé la pequeña cicatriz que me hice como promesa de fidelidad!, aunque creo que no necesito modernizar mi cuerpo.

La conversación languidece y apuro mi daiquiri. Cuando llegue a casa, aún tendré que dedicar un rato a programar. Alexa me pide que no lo haga, que ya hoy sobramos algunos. Luego se hace el silencio en el grupo. En esos momentos me siento un poco estúpido. Se debe haber ido la cobertura Wifi del bar. Recuerdo justo entonces que tengo que reservar sin falta mis vacaciones. Me han enviado una propuesta de no sé qué para desacelerar mi startup y creo que me interesa. Suena razonable: un poco de naturaleza y aire libre no me vendrá mal. Será la ocasión perfecta para estrenar la maleta que me regaló Alexia el otro día y vivir un poco la vida offline, lejos de la vida tan artificial que los otros me contagian y creo que me está afectando… ¡Feliz descanso, amigos!

Imagen: d’Antela

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