Vigilancia tecnológica: la clave para no reinventar la rueda

Mercedes Núñez  2 octubre, 2014

“Vigilancia tecnológica” fue el título del último encuentro de TEDxGranVia al que tuve ocasión de asistir y debo reconocer que no tenía muy claro sobre qué iba a escuchar hablar. Pues bien, el término está relacionado con “inteligencia competitiva” y Clara Parapar, responsable de Transferencia de Tecnología de Fundación General CSIC, explicó que la vigilancia tecnológica es el instrumento que usamos para la toma de decisiones estratégicas. La vigilancia es el primer paso, un proceso pasivo, y la inteligencia la toma de decisión tras dicho proceso.

Si tenemos en cuenta que en Europa en 2011 se gastaron 60.000 millones de euros en “reinventar la rueda”, una cifra similar al presupuesto del programa Horizonte 2020 para paliar el grave problema de la competitividad en el Viejo Continente, la importancia de esta metodología es evidente.

Los procesos de vigilancia tecnológica han demostrado su eficiencia y eficacia y por eso es importante que se integren en las organizaciones y la concienciación al respecto. “Puede hacerse con herramientas gratuitas y no muchos recursos”, dijo Clara. Pero es necesaria una cultura de la información, otorgar valor a la documentación; no vale con el instinto, como ha pasado durante mucho tiempo.

Se refirió a la velocidad sin precedentes a la que ocurren los cambios en la era digital, que exige revisiones periódicas de lo que sabemos, y a lo complicado que resulta discernir entre las múltiples fuentes (y formatos) los contenidos relevantes: la difícil fórmula de transformar la información en conocimiento.

Apuntó que lógicamente no todas las fuentes tienen el mismo peso científico-técnico. Destacó el papel de la patente como una fuente de información estructurada muy importante y un elemento clave para el desarrollo industrial.

En Estados Unidos, Alemania, Francia, Corea o Japón esta metodología está muy implantada pero en España aún se emplea poco. No podemos pensar que es algo que interesa sólo a investigadores o ingenieros. La empresa que no responde a inteligencia competitiva acaba desapareciendo del mercado. De entrada, puede estar trabajando en balde… Vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva sirven no sólo para saber qué va a ocurrir en el futuro, sino para desenvolvernos en el presente o no repetir errores cometidos en el pasado.

Y me quedo con dos de los vídeos que se proyectaron durante el evento:

– “¿De dónde vienen las buenas ideas?” del divulgador científico Steve Johnson que, tras rastrear la innovación a lo largo de la Historia, concluye que es un proceso evolutivo y a menudo coral, y que nacen de un entorno propicio para la intuición, la colaboración y el intercambio multidisciplinar. Condiciones que deben fomentarse en las organizaciones.

Noreena Hertz, por su parte, apunta que hay que dejar de considerar a los expertos como los apóstoles modernos y preguntarnos qué hipótesis y evidencias manejan, ser críticos porque dudar es bueno, la incertidumbre se acerca más a los desafíos del siglo XXI. “Es el momento de enfrentar el mundo con los ojos bien abiertos, con confianza en los expertos pero siendo conscientes de sus limitaciones y, por supuesto, de las nuestras”, defiende la economista.

Imagen: vrogy

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