Llega la transformación digital a los jefes: nuevos roles en la gestión de personas

Virginia Cabrera    4 abril, 2019

Aunque en la actualidad lo habitual sea solicitar conocimientos de cloud computing o inteligencia artificial, y data scientist o UX designer sean las capacidades más valoradas, según LinkedIn en 2019 la gestión de personas sigue ocupando un lugar muy destacado en las demandas de las empresas.

Y es que digitalización es sinónimo de nuevos perfiles laborales: freelances, digital workers, “knowmadas”… y hasta compañeros robotGestionar de manera exitosa estos nuevos equipos mixtos (con no humanos incluidos) es un reto para cualquier directivo porque los nuevos modelos de trabajar precisan de nuevas habilidades para la gestión de estos equipos.

La transformación digital tiene que llegar también a los jefes, como es obvio. No solo porque las metodologías agile están aplanando estructuras y cambiando supervisores por jefes de tribus. Hay dos poderosas tendencias económicas que también nos llevan a reflexionar sobre ello.

Bienvenido, compañero robot

Aunque España se sitúa aún a años luz de China, Corea del Sur, Japón, Estados Unidos y Alemania en lo que a robots industriales se refiere, en las fábricas españolas ya tenemos a dos robots por cada mil trabajadores. Es cierto que la mayoría aún sin capacidad suficiente para interactuar de manera inteligente con humanos y de momento se ocupan solo de tareas que requieren esfuerzo físico, pero las soluciones robóticas de ultima generación ya están aquí para sustituirnos en caso necesario. En el ámbito sanitario ya se monitorizan pacientes e incluso se realizan operaciones a distancia. Dentro de no muchos años veremos robots como conductores de transporte, como vigilantes de seguridad o incluso ganaderos que se encargarán de ordeñar las vacas o agricultores capaces de recoger las frutas y verduras con mimo.

Tan solo en la próxima década los robots dejarán sin empleo a 800 millones de trabajadores en todo el mundo. ¿Cómo van a evolucionar y a interactuar quienes se queden en las empresas con esos “intrusos” que quitaron el empleo a sus compañeros? ¿Qué van a pensar y a sentir y qué motivará a nuestros colegas robots?

Seguro que pronto veremos cómo algunos mandos se especializarán como mediadores entre robots y humanos. Esta figura deberá, entre otras cosas, decidir quién hace qué y esforzarse para hacer realidad eso de que las máquinas han llegado para ayudar y contribuir a que disminuya el recelo y esa percepción de ataque al statu quo de algunas personas. Tendrán que apoyar ese desplazamiento de las personas hacia tareas de mayor valor que la llegada de los robots pide a los humanos y hacer que redunde en una mayor satisfacción. En definitiva, tendrán que encargarse de la nada fácil tarea de que perdamos el miedo a lo desconocido.  

Conseguir que los robots terminen siendo vistos como simples asistentes liberadores de tareas duras y entender los beneficios y nuevas oportunidades laborales que nos aportarán estos “compañeros de hojalata” e incorporarlos de manera colaborativa en los equipos no será tarea fácil y requerirá de perfiles con habilidades renovadas que establezcan estrategias para aprender a convivir con ellos.

También aparecerán los especificadores y entrenadores de robots, managers que igual que hoy definen con las unidades de recursos humanos qué nuevos perfiles se necesitan y acompañan a los recién llegados en su entrenamiento lo harán con los asistentes robóticos. Pronto se acabarán los robots generalistas y llegará el diseño a la carta, y a este respecto el responsable del equipo tendrá mucho que decir.

Hola, gig economy

Parece que la economía colaborativa y los nuevos hábitos de consumo que buscan inmediatez y acceso al servicio por encima de la propiedad están arraigando y, del mismo modo que aparecen plataformas que conectan directamente necesidad y servicio, los profesionales lo tendrán más fácil para ofrecer sus servicios “por encargos”.

Cada vez son más los trabajadores que, empoderados por la digitalización, cuestionan su entorno laboral y buscan redefinir su aportación y hasta el tipo de relación que quieren establecer con las empresas. Se acerca la era de los profesionales que trabajarán para varias compañías, insertados en distintos proyectos con diferentes equipos.

Crece así la economía gig, que es como se denomina a este tipo de trabajo estructurado en base a proyectos cortos cubiertos por freelances. Y, aunque hoy el término se utiliza más bien para referirse a conductores de Uber o repartidores de Amazon, dentro de poco veremos cómo este modelo se expande a todo tipo de sectores y profesionales. Según el Oxford Internet Institute, en Australia ya se anuncian muchas más vacantes de economía gig que de cualquier otro trabajo. Los datos fiables todavía son escasos pero parece que un 1 por ciento del trabajo en Estados Unidos ya es de esta naturaleza.

En este escenario, a nadie se le escapa que quedan muchos cabos por atar. No por casualidad el término “gig” proviene de la época en la que los músicos de jazz se ganaban la vida con “la voluntad” que recibían en cada función. Así que además de un marco jurídico claro, los profesionales también deberán aprender a poner en valor sus propuestas diferenciales y a moverlas en el mercado en busca de nuevas oportunidades y tendrán que saber negociar condiciones.

Precisarán de ayuda para hacerlo. Y, por eso, surgirán los agentes para freelances que se se encargarán de conseguir nuevas oportunidades laborales para sus representados. Pero también de asesorarlos en el ajuste de su propuesta de valor al mercado o en la búsqueda de ocasiones para el networking.

Nadie dijo que ser jefe fuese fácil y de ahora en adelante el reto será aún más apasionante para quienes quieran seguir liderando equipos. Me he referido solo a algunas tendencias que marcarán cambios pero habrá más. La transformación digital llega también a la gestión de personas. Sin duda, un desafío interesante en un universo digital en el que todo indica que el trabajo en relación de dependencia, tal y como lo conocemos, va a desaparecer.

Imagen: Gerad Altman

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