“Organizaciones mariposa” o con el síndrome de Peter Pan

José Ramón Suárez Rivas    11 noviembre, 2019
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Seguro que a estas alturas ya habéis oído que hay tres cosas seguras: seguiremos pagando impuestos, las organizaciones tendrán que digitalizarse o desaparecerán y estamos inmersos en un cambio continuo y acelerado. Si lo primero es obligatorio, qué decir de lo segundo cuando además de una espada de Damocles –a Thomas Cook me remito…- es una enorme oportunidad. Y respecto a lo tercero, ya lo decía Unamuno: “el progreso consiste en el cambio”.

Una correcta gestión del cambio

Las organizaciones tienen el gran reto de tomar conciencia de lo que es “ser digital”. Para George Westerman, del MIT, “cuando la transformación digital se hace bien es como una oruga convirtiéndose en mariposa, pero cuando se hace mal simplemente se queda en una oruga más rápida.”

Nacho de Pinedo, cofundador y CEO del ISDI (Instituto Superior para el Desarrollo de Internet), señala que el término genera confusión. No deberíamos hablar de transformación digital, sino de “transformación para la era digital”. Y dicha transformación, aunque tiene cierto componente tecnológico, implica sobe todo hacer las cosas de otra manera, una correcta gestión del cambio, como hemos explicado ya en numerosas ocasiones en este blog.

La transformación digital supone un cambio cultural, se trata de recuperar la competitividad perdida en el nuevo contexto y eso exige actualizar la manera de pensar, organizar, dirigir, gestionar, medir, crear, producir, comercializar y comunicar para adecuarse a un nuevo entorno en el que el cambio es lo único que permanece.

Sin cambio podríamos hablar de un “suicidio digital”, de un “digiticidio”. Aunque, como leía en un artículo la semana pasada, también es cierto que “en el contexto actual la supervivencia pasa con frecuencia por el suicidio y la resurrección”.

La importancia de la estrategia y un partner tecnológico

De lo que no hay duda es de quela estrategia, no la tecnología, es el motor de la transformación digital”, como señala Gerarld Kane, del MIT.

Y no es pan comido acometerla. Por ello nacía a comienzos de año Telefónica Empresas, con el objetivo de acompañar a las compañías y Administraciones públicas para que puedan llevar a cabo con éxito su metamorfosis. Telefónica Empresas es el socio de confianza que facilita la hoja de ruta de la digitalización de las organizaciones, tanto desde el punto de vista interno como de los servicios y la experiencia que ofrecen a los clientes. Como señalaba al principio, la transformación digital es una realidad inevitable y una necesidad urgente para conseguir el objetivo de la triple “C” que toda organización ansía: crecer, competir y crear valor.

Capacitación y aprendizaje continuos

Para la supervivencia en este momento resulta clave concienciarse de la importancia de adquirir competencias digitales.

Se trata de que las compañías sean digitalmente competentes. Y, aunque la apuesta por blockchain, IoT, big data e inteligencia artificial y cognitiva va en aumento, también queda aún mucho recorrido en aquellas competencias “que forman la base de la pirámide digital” como cloud y virtualización, experiencia de cliente o ciberseguridad (cuyo valor esencial afortunadamente se entiende más cada vez), todas bajo el paraguas de la mejor conectividad de banda ancha fija y móvil.

Conforme una organización avanza hacia la “fase mariposa” las competencias digitales siguen teniendo un papel muy relevante, pero ya no se centran en el uso de la tecnología, sino en la capacidad de innovar con ella. Sin innovación no hay futuro.

¿Cuál es la clave de una transformación digital completa?

El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, durante su conferencia en el XVII Congreso de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos, llamaba la atención sobre que “hay que poner límites a la tecnología, es el momento de las personas”.

Es muy interesante el informe sobre el futuro de los empleos del Foro Económico Mundial, que pronostica una creciente valoración de habilidades “esencialmente humanas” como la inteligencia emocional , el liderazgo personal y la influencia social. Dos datos: las empresas emocionalmente inteligentes son un 20 por ciento más productivas y “quien trabaje como un robot tendrá los días contados”.

Por tanto, las organizaciones deben concienciarse y trabajar en adquirir competencias para el desarrollo de las personas: gestión del talento, del cambio, del miedo, liderazgo inclusivo, diversidad, trabajo en equipo, empatía… Si la inteligencia artificial es ya muy relevante y lo será aún más, el énfasis debe ponerse en el valor diferencial que podemos aportar como humanos.

La transformación digital como ventaja competitiva

Llegados a este punto solo falta un último paso para completar la metamorfosis de la oruga en mariposa, según la metáfora de Westerman, y es hacer de la transformación digital una ventaja competitiva.

Para esta nueva era digital podríamos decir que estamos desarrollando la idea de las capacidades dinámicas de Teece, Pisano y Shuen, que las definían como “la habilidad de una compañía para integrar, construir y reconfigurar las competencias internas y externas para afrontar con celeridad los cambios del entorno. Además, reflejan la habilidad de una organización para adquirir nuevas formas de ventaja competitiva”.

Cómo hacer que el cambio perdure y reemplace a los viejos hábitos

Pero ¿cómo se hace eso? Se trata de convertir la transformación digital en un hábito, como propone John P. Kotter, profesor emérito de la Harvard Business School y autor del bestsellerLeading change”. En este sentido, él apunta ocho pasos para un cambio exitoso

  1. Crear un sentido de urgencia para motivar el cambio
  2. Construir un equipo guía con capacidades que ayuden al cambio
  3. Establecer la visión estratégica para hacer del cambio una realidad
  4. Reclutar al mayor número de personas que entiendan y acepten la estrategia adoptada
  5. Eliminar barreras y obstáculos que impidan que se logre el objetivo
  6. Presentar los éxitos alcanzados a corto plazo
  7. Mantener el cambio de forma infatigable hasta que sea una realidad
  8. Hacer que el cambio perdure en el tiempo hasta que reemplace a los viejos hábitos

En definitiva, la transformación digital completa hará que las organizaciones sean mucho más ágiles (no solo por incorporar metodologías ágiles, sino porque se implantará una mentalidad de aprendizaje ágil como cultura). No olvidemos que estamos en la sociedad del aprendizaje. Y serán esas compañías las que atraerán al talento, gestionaran con normalidad los cambios y acelerarán los mismos. Se convertirán, además, en  organizaciones resilientes, capaces de salir reforzadas de cualquier adversidad, por lo que estarán preparadas para crecer, competir y crear valor.

El reto está servido: ¿vuestras organizaciones quieren volar como mariposas o quedarse en orugas rápidas? ¿Tienen una hoja de ruta digital?, ¿están en ella las personas en el centro? ¿O tienen el síndrome de Peter Pan: miedo a crecer y a cambiar?

Imagen: Michael

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