Proyecto STARR: TIC para la prevención y seguimiento del ictus

Jordi Rovira Simón    12 septiembre, 2016

El ictus es una enfermedad súbita que tiene efectos devastadores en la vida de las personas  y su impacto es catastrófico para la población y nuestra sociedad en general. Quince millones de personas en el mundo sufren un ictus cada año; en España, 130.000 (uno de cada seis españoles sufrirá uno a lo largo de su vida), de las cuales 80.000 fallecen y 50.000 quedan con alguna discapacidad. En la actualidad es la primera causa de discapacidad grave en el adulto (tanto física como intelectual) y de dependencia; la segunda causa de muerte en nuestro país y la primera en la mujer española. Además, sabemos que la incidencia aumentará un 36 por ciento para 2025 a causa del envejecimiento de la población. Las personas mayores de 65 años son las que sufren el 75 por ciento de todos los casos aunque se está notando un aumento de su incidencia en los jóvenes por los nuevos malos hábitos de vida: entre el 15 y el 20 por ciento de los casos afecta ya a personas menores de 45 años. 

Las personas que han sufrido un ictus tienen muchísima probabilidad de sufrir un segundo y que éste sea mucho más grave. Es decir, cuando alguien ha tenido un evento de este tipo contrae riesgo crónico de padecer otro. Se necesitan sistemas para mitigar este riesgo, que promuevan el empoderamiento de los pacientes y la adherencia a un plan de salud personalizado. Y es aquí donde cobra relevancia el proyecto STARR, en el que Telefónica está trabajando junto con el Servicio de Salud Vasco, Osakidetza, para crear nuevas herramientas que permitan a este colectivo recuperar y tener un mejor control de su vida. Este trabajo se engloba en el marco del proyecto internacional Horizonte 2020, financiado por la Comisión Europea, y en él participan otras ocho organizaciones.

El objetivo es desarrollar un nuevo servicio que mejore la gestión diaria de esta afección de forma remota. Para ello, Telefónica adquiere un papel clave junto a otras empresas tecnológicas de diferentes países para trabajar en la creación de herramientas digitales que ayuden al paciente en la toma de decisiones diarias, siempre teniendo en cuenta y estimando el riesgo latente de un nuevo ictus mediante la incorporación de nuevas variables más dinámicas proporcionadas por wearables, como la actividad o el pulso, en los modelos predictivos que han sido validados clínicamente para esta patología.

El proyecto contempla también el desarrollo de nuevos wearables adaptados a las necesidades de las personas que han adquirido alguna discapacidad física o cognitiva e incorpora la telerrehabilitación mediante juegos para estimular justamente esas capacidades.

En tan sólo unos meses de trabajo, el consorcio ya ha sido capaz de definir cinco escenarios relevantes de autogestión:

1. Práctica de ejercicio en el hogar: El objetivo es entrenar a los pacientes para que ejerzan la presión correcta en cada pierna a la hora de caminar. Mediante sensores no invasivos se tomará información sobre la evolución del paciente al andar.

2. Ejercitación de las manos en casa: Se pretende estimular la capacidad física de sujetar objetos con ejercicios que hagan uso de tecnologías de telerrehabilitación con juegos.

3. Seguimiento de actividad durante el paseo: Con sensores inerciales se personalizará el plan diario de actividad adaptado al nivel de discapacidad y se hará un seguimiento para comprobar que la motivación del paciente es buena y mantiene su nivel de actividad.

4. Seguimiento de extremidades superiores: Para aquellas personas que hayan sufrido daños en esta zona se usarán sensores inerciales para comprobar que se realizan ejercicios que permitan movilizar los miembros afectados y así evitar problemas relacionados con la higiene, dolor y llagas.

5. Seguimiento de espasticidad: El propósito es identificar las situaciones donde se observan posiciones de las manos contraindicadas para personas espásticas.

En la mayoría de ellos se hará uso de un revolucionario wearable desarrollado por la organización francesa CEA, que integrará varios sensores en una pulsera sin que la persona tenga que realizar ninguna manipulación del dispositivo.

Con el proyecto STARR, un nuevo camino en la prevención y atención de los pacientes con ictus acaba de empezar y el futuro se vislumbra muy prometedor. Durante el próximo año y desde este blog seguiremos muy de cerca todos los avances.

Imagen: Geralt

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