Las TIC, un arma contra la despoblación

Pablo Pinillos    22 agosto, 2019
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En estas fechas son muchos quienes abandonan las grandes ciudades y vuelven al pueblo donde mantienen lazos familiares o tienen casa. Los municipios del interior pasan, así, de la dispersión, baja densidad y envejecimiento de su población a convertirse en un hervidero de gente con cada vez más jóvenes también que optan por el medio rural. Pero esto de que se duplique su población en los meses de julio y agosto es solo un espejismo de verano. De ahí que hoy escriba de las TIC contra la despoblación.

Desde la óptica de un urbanita el concepto “despoblación” suena lejano, pero es una realidad cada vez más preocupante. De ahí que urja su análisis y la detección de posibles soluciones, a las que sin duda las TIC pueden contribuir.

Las proyecciones para los próximos quince años del Instituto Nacional de Estadística recogen que, de mantenerse las actuales tendencias demográficas, habrá 2,4 millones más de habitantes (lo que representa un incremento del 5,1 por ciento), hasta superar los 49 millones en 2033, debido sobre todo a la inmigración, ya que el crecimiento vegetativo esperado es negativo, y el proceso de concentración parece imparable. Además, la tendencia en términos demográficos va hacia un claro envejecimiento de la población, con un aumento de la tasa de dependencia que se elevará del actual 54,2 a un 62,3 por ciento, fundamentalmente por el crecimiento de la población con mayor edad.

Por otro lado, el crecimiento de la población no es homogéneo. Así, nos encontramos con varias comunidades autónomas con un descenso claro de población durante el período contemplado, entre las que destacan Castilla y León, con una pérdida en términos relativos del 8,7 por ciento; el Principado de Asturias, con un 8,5 por ciento, y Extremadura, con un 6,7 por ciento, lo que nos lleva a ahondar en los problemas económicos que se presentan para la Administración y para la economía nacional.

La evolución refleja una clara y progresiva concentración de la población en una parte reducida del territorio, lo que lleva a una reducción del número de municipios y a una profundización de las desigualdades. La última revisión del padrón municipal muestra que en 2018 había 1.360 municipios con menos de cien habitantes -uno de cada seis- y más del 61 por ciento del total de municipios estaría por debajo de los mil, porcentaje que en algunas provincias supera el 90 por ciento, lo que significa una situación demográfica crítica, con un alto peligro de desaparición de los mismos.

A lo largo del presente siglo cerca del 60 por ciento de los municipios ha visto disminuir su población, con una preocupante situación en el ámbito rural debida al impacto negativo producido por el éxodo, la falta de renovación generacional y el envejecimiento de su población. Pero -no nos engañemos- está afectando ya a muchas capitales de provincia también: se puede comprobar una relación directa entre mercado laboral y despoblación.

La conectividad como habilitador clave

Todo ello evidencia un problema sociopolítico y económico importante, que requiere de la definición y aplicación de medidas correctoras. Y para intentar solucionar esta dinámica es necesario un cambio sistémico del modelo productivo, que se apoye en el I+D+i, sin olvidar la necesidad de que el entorno rural disponga de servicios básicos como la educación y una sanidad de calidad, además de potenciar su atractivo para que ofrezca oportunidades a los residentes y pueda suponer un foco de atracción para población ajena a dicho entorno .

Desde la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) se plantea como error el hecho de considerar que la inversión en el reequilibrio territorial y en la lucha contra la despoblación es un coste.

En mi opinión, en este escenario la conectividad puede ser un habilitador clave que ayude a dotar de dinamismo a dicho entorno: una vía para aportar soluciones laborales y romper el gap entre áreas urbanas y rurales. Las TIC son una pieza clave para el crecimiento de la productividad. Por ello, la Agenda digital para Europa ya establece dos objetivos fundamentales para el año 2020: extender hasta el cien por cien de cobertura las redes de 30 Mbps, y alcanzar un 50 por ciento de penetración de servicios de al menos 100 Mbps.

En este aspecto, no hay que olvidar el importante esfuerzo realizado por los operadores, y en concreto por Telefónica, que en su hoja de ruta siempre tiene dotar de un adecuado servicio de conectividad a todo el conjunto de la población, lo que ha convertido a España en el país europeo con la mayor red de fibra óptica hasta el hogar (FTTH), según datos del  FTTH Council. A este esfuerzo se suma ahora el despliegue 5G, que irá más allá de un salto en conectividad para suponer un “enorme empujón hacia la consolidación de la revolución digital”.

Es una realidad que una vez cubiertas las principales áreas desde el punto de vista de población y negocio, cada vez se requiere un mayor esfuerzo inversor para llegar a las nuevas ubicaciones, por lo que es necesario el uso y aplicación de los planes de extensión de la banda ancha de la Administración, apoyados en el fondo europeo de desarrollo regional (FEDER) de la Comisión Europea (CE), al que habría que añadir una mayor flexibilidad en el marco regulatorio que tuviese en cuenta la brecha entre las dos áreas de población e incorporase la despoblación como una variable que garantizase la suficiencia de ingresos a quien realizase el esfuerzo inversor necesario.

Una vez que se pueda disponer de una conectividad adecuada, las TIC deben facilitar una mejor accesibilidad y calidad de los servicios básicos para la población del medio rural con ayuda de la eSalud, las nuevas posibilidades de la educación digital o la eAdministración.

Pero las TIC no se quedarán en los servicios básicos sino que acercarán otras múltiples posibilidades al ámbito rural y, lo que es más importante, se convertirán en un factor dinamizador del empleo, ya que pueden destruir las barreras entre ámbito rural y urbano. La economía colaborativa y el comercio electrónico también pueden traer, a través de las TIC, oportunidades de negocio para el ámbito rural y sus productos y servicios. Como hemos podido comprobar en alguna ocasión, el entorno rural parece especialmente propicio para el uso de las tecnologías emergentes: en modo servicio, IoT, uso de drones, app específicas, gestión en la nube… En la agricultura y ganadería pueden resultar vitales para la planificación, monitorización y trazabilidad de productos y también para impulsar el turismo en estas zonas.

En definitiva, las TIC representan posibilidades de crecimiento y, por tanto, de frenar la despoblación, en el ámbito rural.

Imagen: Juan R Lascorz

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