El teletrabajo y sus circunstancias: desde casa con humor

Mercedes Núñez    22 mayo, 2020
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Nunca antes de la pandemia se había teletrabajado tanto ni esta fórmula laboral había interesado a tantos tampoco. De sus innumerables ventajas para el empleado, la empresa y el medioambiente, del cambio cultural necesario, de la tecnología que lo hace posible, de los riesgos y problemas de entenderlo o ejecutarlo mal o de cómo quedará su implantación una vez pase la crisis se ha escrito casi todos los días desde que el coronavirus nos confinó. También de las características que debe tener un nuevo modelo de liderazgo en remoto, de cuál será su impacto en las oficinas e incluso en la propia fisonomía de las ciudades…  Pero este post quiero dedicarlo al teletrabajo y sus circunstancias: a su cara divertida, y es que veréis que está dando mucho juego.

Entre las claves para el éxito del teletrabajo los manuales apuntan “vestirse como si uno fuera a ir a la oficina y diferenciar los espacios para la vida profesional y privada”. Pero cuando no hay una cultura del teletrabajo previa y la gente se ve obligada, de la noche a la mañana, a trabajar desde casa a la fuerza durante tanto tiempo, la teoría y la realidad son bien distintas. Lo dicho: el teletrabajo y sus circunstancias…

Pijamas especiales para teletrabajo

Tengo compañeras que aseguran que, aunque sea para estar en casa, “se levantan la pestaña” pero lo cierto es que la generalización del teletrabajo ha provocado cambios a la hora de arreglarnos y elegir el vestuario Según un estudio de AxiCom cinco de cada diez encuestados afirman seguir vistiéndose como cuando salían a trabajar, aunque eligen ropa más cómoda. Frente a ellos, el 31 por ciento asegura que permanece en pijama o ropa de estar por casa durante todo el día.  Y ¡atención! el 5 por ciento se viste bien solo de cintura para arriba, ya que es la parte del cuerpo que aparece en las videollamadas.

En este sentido, el otro día veía en Twitter una curiosa prenda, que calificaban como “pijama para el homeworking”. Consistía en que un tercio de la parte superior era como una camisa blanca -lo justo para dar el pego- para dar luego paso a la felpa gris pelotillera. Entre dos aguas: el teletrabajo y sus circunstancias.

Un escritorio de cartón que se monta en diez minutos

El de los espacios es otra cuestión… Normalmente un teletrabajador tiene un despacho o zona habilitada para su desempeño desde casa pero estos días en muchos hogares ha sido misión imposible encontrar el hueco. Los niños suelen ser grandes okupas de metros cuadrados y ahora no solo están ellos en casa, sino también el cole. Además de la pareja con su propio estrés laboral. Muchos, en el mejor de los casos, se han visto desterrados al salón. Un colega comentaba en redes sociales que había comprado su lavadora como silenciosa pero al verse obligado a recluirse en la cocina para trabajar y hacerlo sobre ella había descubierto que le habían tomado el pelo. El teletrabajo y sus circunstancias también está resultando revelador,

Y es que la lavadora como escritorio de urgencia no debe ser un caso aislado porque estos días se ha escrito bastante sobre ello.

Por eso precisamente, como solución para salir del paso, era noticia “StayTheF***Home Desk”, un escritorio de cartón, ideado por una firma danesa, que se monta en diez minutos para improvisar una oficina en casa. Típico minimalismo nórdico y sentido del humor no tan típico  (adivinad las tres letras que siguen a la F). Es barato, reciclable cuando ya no se necesita y opensource. Sus creadores han colgado los planos del diseño en su web para que los manitas puedan fabricárselo ellos mismos, adaptarlo a sus necesidades y mejorarlo.

Los detalles que carga el diablo en una videoconferencia

Siguiente cuestión: con el boom de las videoconferencias -se ha cambiado reunionitis por videoreunionitis- y, con eso de tener todos los días visitas en casa, la decoración de interiores cobra protagonismo.

El otro día descubría, a través de un divertido artículo, que la cuenta de moda en Twitter en Estados Unidos se llama Room Rater y se dedica a analizar los fondos de las habitaciones desde las que la gente habla. Puntúa de cero a diez paredes, visillos, cuadros, esculturas absurdas… 

Las habitaciones más exitosas son aquéllas que tienen lo que llaman “puesta en escena”. Así, una con una bonita estantería en la que hay una colección de radios antiguas obtiene la máxima puntuación. También se valora la autenticidad del músico que habla con su estudio de grabación como fondo. Penaliza, en cambio, al ejecutivo que se ha atrincherado en la habitación del hijo y sale con los peluches y el dibujo de un arcoíris detrás. Y un cero se lleva la mezcla de plantas de plástico y armas colgadas a modo de trofeo …

Es el mal gusto el que alimenta a esta cuenta y la verdad es que no le falta trabajo: habitaciones que parecen mazmorras en las que están a punto de ocurrir cosas horribles, paredes tan recargadas que uno teme que se vengan abajo o fondos con más cachivaches que un zoco marroquí.

Desde Room Rater advierten también sobre la importancia de la iluminación:  “espacio demasiado íntimo, compra una lámpara. Déjanos verte” reconvienen a un usuario.  

Tu librería habla por ti

Mención aparte merecen las librerías. Tanto que para ocuparse de ellas existe una cuenta específica: Bookcase Credibility que analiza la credibilidad que da a una persona la estantería que tiene detrás. Su principio es : “No es tan importante lo que dices como la estantería que tienes a tu espalda”.

Por supuesto señala que las personas que tienen los libros ordenados por colores o los apilan en horizontal no pueden tomarse en serio. También hay quienes los usan como decorado o no dudan en utilizarlos para enmarcarse ellos y su mensaje, a modo de Lego. Bookcase Credibility no puede dejar de llamar la atención sobre “gente que se agacha frente a su estantería como un futbolista posando para una foto” o ésas que apenas caben en la sala de las que alardea alguien que no parece demasiado culto. Incluso entra a analizar la combinación de títulos que se ve en algunas de ellas y alerta sobre mezclas imposibles para la salud mental.

El tema da para tanto que algunas plataformas de comunicación y colaboración ya proponen fondos tipo decorado, que sitúan al que habla en una tranquila terracita o incluso en medio de una especie de Big Bang, eliminan ruidos de fondo, etc.

Las tribus de oficina se reinventan

Y, para terminar este post sobre el teletrabajo y sus circunstancias, son pocos los que echan de menos la yincana que supone la hora y pico de desplazamiento hasta llegar a la oficina. Pero sí hay ya quien advierte de que si el teletrabajo se extiende en el tiempo o se generaliza como la nueva normalidad podría acabar con prácticas laborales históricas como el “camera café” de turno.

A ésos hay que decirles que no se preocupen: el jefe controlador, el pelota, el trepa o el vago no van a desaparecer. Las tribus de oficina típicas se están reinventando y sus prototipos ya han encontrado la fórmula para adaptarse al nuevo medio. ¿No os suena acaso el que no se pronuncia en la videoreunión pero espera a que termine para hacer la llamadita de turno al jefe o mandar el whatsapp privado, en el que se desmarca de sus compañeros? ¿Y ése que se conecta el primero al comienzo de la jornada, dejando cuanta más constancia mejor, y no hay ni rastro de él luego?

En fin, lo mejor es tomárselo a risa y, sobre todo, un gran consejo:  Quien no trabaja en fin de semana no teletrabaja tampoco en sábado ni domingo. ¡Desconectad!

Imagen: Dru Kelly

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