El poder de una sonrisa (en el trabajo y en la vida)

José Ramón Suárez Rivas    30 agosto, 2022
sonrisa-trabajo

«¡Hola, soy Smiley!:

Tengo 59 años -bueno, los cumpliré a final de año- y nací en Worcester, Massachusets. Fui muy popular en la década de los sesenta (algunos no tan jóvenes recordaréis aquellos botones amarillos en las solapas). Ahora he mutado en múltiples formas, como 3D o GIF y también ha crecido mi familia (emojis) pero es probable que muchos no sepáis que vi la luz en el entorno corporativo, para concienciar sobre la importancia de la sonrisa en el trabajo. Mi creador fue el diseñador Harvey Ball».

Smiley nació para un cambio de mentalidad organizacional

Harvey Ball, el creador de Smiley face, fue aprendiz de un pintor local de carteles antes de estudiar Bellas Artes en la Escuela del Museo de Arte de Worcester.

Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en Asia y el Pacífico y recibió la Estrella de Bronce por heroísmo durante la Batalla de Okinawa. En un ataque de mortero japonés, un proyectil cayó a unos metros de él. Murieron tres amigos pero él salió ileso y, como consecuencia, regresó a casa con la actitud de que “cada día era un regalo”.

Continuó sirviendo en la Guardia Nacional durante gran parte de su vida y alcanzó el rango de coronel antes de su jubilación en 1979. Tras la guerra, Ball trabajó para una empresa de publicidad en Worcester y en 1959 fundó su propia compañía: Harvey Ball Advertising.

El símbolo gráfico de una «campaña de amistad» tras una adquisición-fusión

Fue entonces, a principios de la década de 1960, cuando recibió un encargo.

Una compañía de seguros de Worcester, State Mutual Life Assurance, compró otra de Ohio, Guarantee Mutual. La adquisición-fusión creó malestar y una fuerza laboral “tan poco sonriente” que el vicepresidente de State Mutual consideró necesario hacer algo al respecto. Se trataba de cambiar el ánimo y reforzar la moral de los empleados, a la vez que generar un cambio de mentalidad organizacional.

Para ello propuso una “campaña de amistad”. Esta necesitaba un símbolo gráfico y se lo encargaron a Ball, con quien ya habían trabajado antes.

Le pidieron que inventara algo alrededor de una sonrisa y Harvey comenzó a dibujar. Solo le llevó diez minutos. A la sonrisa le añadió los ojos por temor a que algún empleado malhumorado la estropeara con un ceño fruncido. Y se decidió por el amarillo para el fondo porque era un color «brillante». Así nacía Smiley en diciembre de 1963 para promover la sonrisa en el trabajo.

El salto de «la carita sonriente» a la cultura popular

State Mutual puso esta cara sonriente en los botones, que después se convertirían en pin. Fue la pieza central de una campaña que instaba a los empleados a sonreír cuando contestaban el teléfono, atendían una reclamación, escribían un informe o recibían a los clientes.

Aunque al principio se hizo solo un centenar de botones pronto se hicieron tan populares que State Mutual comenzó a encargar lotes de 10.000 para satisfacer las solicitudes de clientes y agentes. En poco tiempo “la carita sonriente” saltó a la cultura popular. Tanto es así que en 1971 ya se habían vendido más de 50 millones de estos botones y además el smiley aparecía en tazas de café, calcomanías, camisetas, toallas y muchos otros artículos.

Su creador, obviamente, no se esperaba este impacto. Por el trabajo obtuvo unos honorarios de 45 dólares porque nunca registró los derechos de autor. Sí lo hizo un empresario francés, que registró “la marca sonriente” en 75 países y amenazó con demandar a las empresas estadounidenses que vendían productos con ella.

A Ball no le preocupó demasiado, se sentía orgulloso de que su emblema para promover la sonrisa en el trabajo hubiera dado la vuelta al mundo. Pero con el paso de los años sí comenzó a preocuparse por la comercialización excesiva de este símbolo y por cómo su significado e intención originales se habían difuminado o perdido la esencia. De ahí surgió su idea para el Día Mundial de la Sonrisa®.

Día Mundial de la Sonrisa

Harvey pensó que todo el mundo debería dedicar un día al año a la sonrisa y los actos amables para tomar conciencia de su importancia. El primer viernes de octubre sería el Día Mundial de la Sonrisa. El primero se celebró en 1999.

Esta vez Ball sí registró la marca, cuyo propósito era simplemente animar a otros a “hacer un acto de bondad: ayudar a una persona a sonreír”.

Con esta filosofía, tras su muerte en 2001 se creó la Fundación Harvey Ball World Smile, que es el patrocinador oficial del Día Mundial de la Sonrisa.

Harvey Ball creía que cada uno de nosotros tiene la capacidad de marcar una diferencia positiva en el mundo. Sabía que cualquier esfuerzo por mejorar el mundo, por pequeño que fuera, valía la pena. Y entendió el poder de una sonrisa y un acto amable.

Beneficios de la sonrisa según la ciencia y los expertos

Los científicos han averiguado que no es solo que las emociones dejen huella visible en nuestra cara y nuestro cuerpo, sino que al revés también surte efecto. Si alguien no se siente bien pero pone cara de estarlo, aunque sea “una sonrisa mecánica” genera una “química del bienestar”, que ayuda a sentirse mejor.

La investigación realizada confirmó la hipótesis de retroalimentación facial de Charles Darwin, que sugería que las emociones podían verse alteradas por la actividad de los músculos faciales. Por tanto, y aunque suene tonto, según “la ciencia de la sonrisa” cada vez que estemos estresados, molestos o malhumorados, puede ayudar que nos miremos en el espejo y sonriamos al menos 20 segundos. Y es que cuando nuestro cerebro se siente feliz, sonreímos y cuando sonreímos nuestro cerebro se siente más feliz.

La sonrisa es contagiosa…

Lo es y tiene base científica porque la transmisión de emociones realmente existe. Es difícil mantener una cara larga cuando alguien nos está sonriendo. Ver a la gente sonreír estimula nuestras neuronas espejo (las responsables de la empatía, que descubrió en 1996 el neurobiólogo Giacomo Rizzolatti).

…y terapéutica

Además, sonreír trae beneficios para la salud. Reduce la ansiedad, disminuye la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Con estas propiedades, ¡cuánto bien puede hacernos la sonrisa en el trabajo!

El doctor Luis Rojas Marcos destaca la conexión fisiológica de doble sentido que existe entre las emociones y los gestos faciales “No solo exteriorizamos nuestro estado de ánimo con la sonrisa, sino que la sonrisa termina por producir en nosotros sentimientos positivos genuinos: sonreímos porque estamos alegres y estamos alegres porque sonreímos”.

Una «cultura de la sonrisa» para mejorar las relaciones interpersonales

José Antonio Marina, con una visión sociológica de los beneficios de la sonrisa y la manera en que ésta actúa en las relaciones interpersonales, señala: “La sonrisa es un signo expresivo de bienestar, que fomenta la sociabilidad y favorece la comunicación entre las personas. Es uno de los pocos gestos comunes a todas las culturas… demuestra que se acoge amablemente a la otra persona .. La sonrisa fomenta la confianza y permite crear un entorno seguro”.

Marina tiene la convicción que “la cultura de la sonrisa” podría ser un buen antídoto para una sociedad en tensión como la nuestra, en la que las relaciones se han endurecido por el ajetreado ritmo de vida, el estrés y las dificultades cotidianas. La sonrisa en el trabajo cobra, así, plena actualidad tras la vuelta de las vacaciones y frente a los tiempos complicados que se avecinan.

Elsa Punset, en “Una mochila para el Universo” escribe que “Hay un gesto que resulta tremendamente atractivo para conectar con los demás: los científicos lo llaman sonrisa espontanea, cálida o verdadera: la sonrisa de Duchenne. Las personas que sonríen así lo hacen con toda la cara -incluidos los músculos de los ojos- y resultan tremendamente atractivas. Tendemos a confiar automáticamente en ellas porque transmiten autenticidad y transparencia”.

En definitiva, vistos los múltiples beneficios de la sonrisa no esperéis al Día Mundial de la Sonrisa -el próximo 7 de octubre- para practicar. Hoy es un buen día para hacerlo.

Imagen: Marco Verch Professional

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