Smart Grids: el papel clave de las redes inteligentes en la transición energética

Antonio Moreno Aranda    21 enero, 2021
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“La mejor energía es la que no se consume”: ésta fue una de las reflexiones que se escuchó en el VII Congreso Smart Grids, que se celebró, de forma virtual, el pasado 16 de diciembre.

Durante el encuentro se subrayó que estamos en un momento de máxima relevancia, cinco años después del Acuerdo de Paris y con nuevos marcos normativos enfocados a impulsar la recuperación económica tras la pandemia, con la transición energética como uno de los puntos clave. Pero ¿cómo?, ¿qué tiene de inteligente un enchufe?

El Acuerdo de París y el PNIEC: Europa y España, alineadas

La sesión sobre Smart Grids arrancó con una revisión a cargo del IDAE de las metas de Europa y España. Los objetivos nacionales se plasman en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC). Éste recoge los objetivos sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), incorporación de energías renovables, descarbonización de la demanda (electrificación) y medidas de eficiencia energética.

Quedó clara la relevancia de las redes inteligentes en la transición energética en España, donde la electrificación de la demanda y la descarbonización de la economía son objetivos primordiales.

El Acuerdo de París de 2015 fue un punto de inflexión por dos aspectos clave: el primero, fijar un objetivo concreto para tener una economía de emisiones CO2 nulas en 2050, y el segundo, situar a la ciudadanía en el centro de la transición energética. Nos enfrentamos como sociedad a un reto muy ambicioso y todos somos necesarios.

Europa quiere ser líder mundial en la transición a las energías renovables y la descarbonización, y España se siente cómoda en esa senda de cambio, como muestra el último PNIEC, que incluso supera en ambición los retos de la UE y los de otros estados.

Con la pandemia se ha pisado el acelerador

Y en este contexto surge la duda de qué hacer durante la pandemia: si frenar todo o acelerar aún más. La decisión ha sido acelerar. Tiene sentido, ya que numerosos estudios indican que la recuperación del PIB será más relevante con las medidas de transición energética implementadas. Se pone de manifiesto, por ejemplo, con los Fondos europeos, que exigen destinar porcentajes muy elevados para la transición verde (37%) y la transformación digital (20%).

Un cambio radical para unos objetivos muy ambiciosos

No es un camino sencillo. Nos enfrentamos a un cambio radical en los mercados energéticos y en los modelos de generación -con  las energías eólica y fotovoltaica como grandes protagonistas. En este recorrido también asistiremos al cierre ordenado de la energía nuclear y la salida completa del carbón. Sin olvidar que el hidrógeno renovable sustituirá al de origen fósil. Todo ello implicará una flexibilidad desconocida hasta el momento por parte de la demanda.

Ejes de desarrollo

En resumen, hay tres ejes claros de desarrollo:

  • Eficiencia energética: Como decíamos al inicio, la mejor energía es la que no se consume. En el sector residencial, en especial, hay mucho potencial.
  • Electrificación. Tendremos que aprovechar la electricidad de bajo coste que seamos capaces de producir de forma renovable. Hay un enorme recorrido en ámbitos como la calefacción/refrigeración y en el transporte, con la llegada del vehículo eléctrico.
  • Creación de un modelo mucho más integral. A diferencia de los antiguos modelos, en los que unas pocas grandes centrales repartían de forma más o menos predecible la energía por la red, vamos hacia una generación más distribuida.

Y todo esto con un empeño cada vez mayor. Este año se revisarán los objetivos desde la UE con metas cada vez más ambiciosas para la descarbonización y la lucha contra el cambio climático.

Las redes inteligentes, fundamentales

En este contexto las redes inteligentes (Smart Grids) son fundamentales. También se hacen necesarias reformas para que se produzca la casación entre demanda y generación. Y no hay que olvidar otra palanca clave como es el almacenamiento energético y la creación de nuevos modelos de negocio para posibilitar una mayor integración sectorial.

Hacia un modelo energético distribuido y con prosumidores

Durante la jornada se hizo hincapié, además, en tres aspectos:

  • Digitalización de la baja tensión y su integración en las smarts grids. Y es que es necesario que el último eslabón, el que conecta con los consumidores, también esté preparado. Sin esta parte de poco sirve que el resto de la cadena esté lista. En un contexto de transición energética las redes de baja tensión cobran protagonismo en los nuevos modelos de generación distribuida en los que los consumidores pasan de pasivos a activos.
  • Nuevos modelos de consumo compartido. Hablamos de poner al consumidor en el centro, pero hasta hace muy poco no ha habido una legislación adecuada. Esta situación ha cambiado para que los consumidores tengan el derecho a producir, consumir y almacenar su propia energía: son los nuevos prosumidores.
  • Retos y oportunidades del almacenamiento en las redes eléctricas inteligentes. El almacenamiento de la energía es un tema muy relevante para alcanzar los retos planteados en el PNIEC y en la estrategia de descarbonización a largo plazo. Existen diferentes tecnologías – complementarias, no excluyentes- en el sistema eléctrico. Muchas tecnologías de almacenamiento en baterías están muy relacionadas con el vehículo eléctrico, pero no olvidemos el uso del hidrógeno renovable o el bombeo hidroelectrico (bombear agua en embalses cuando sobra electricidad para luego volver a producirla cuando hace falta). Todo esto es necesario para dotar de flexibilidad a un sistema basado en fuentes renovables, ya que no podemos hacer que llueva, sople el viento o haga sol a nuestro antojo…

Plan de actuación en política energética

En definitiva, la figura del distribuidor de energía eléctrica va a ir cobrando importancia y complejidad, con flujos variables y bidireccionales. Las redes inteligentes tendrán un papel fundamental dentro de la política energética. En concreto se requerirán acciones en cuatro grandes ejes:

  • Nueva arquitectura de red (Smart Grids) con recursos energéticos distribuidos (la fotovoltaica favorece la aparición de la figura del prosumidor en el mercado eléctrico).
  • Incorporación de nuevos activos y modelos de negocio (nuevos agentes y roles)
  • Profunda digitalización y automatización gracias al IoT y la inteligencia artificial.
  • Desarrollos legislativos y normativos específicos para la nueva situación.

Conclusiones del VII Congreso Smart Grids

El reto para las smart grids será pasar del viejo modelo centralizado y con demanda pasiva a un nuevo modelo disperso con redes de distribución variable y una demanda activa. Todo un desafío que implica una relación mucho mayor entre los actuales agentes del mercado y los nuevos, como los agregadores.  

En este escenario mucho más complejo las TIC jugarán un papel clave y facilitarán, además, la transición energética. De esta forma podremos cumplir los objetivos de descarbonización y electrificación de la demanda que nos exigen los planes gubernamentales y el propio planeta.

Imagen: Kevin Gill

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