Sesgos cognitivos en los datos (III): Coste hundido

Paloma Recuero de los Santos    1 septiembre, 2020

En esta tercera entrega de nuestra serie sobre sesgos cognitivos en los datos, vamos a hablar de otro muy habitual, el sesgo de coste hundido, también llamado sesgo costo perdido o del Concorde.

El sesgo de Coste Hundido

¿Te ha pasado alguna vez eso de pedirte el “postre especial de la casa“, para luego darte cuenta de que es enorme, y estás muy lleno; pero aún así comerte hasta la última cucharada aunque sepas que te vas a sentir mal porque…lo vas a tener que pagar igual? ¿O empeñarte en acabar ese libro que no te gusta nada porque “ya llevas más de la mitad”?

En ese caso, nuevamente has sido víctima de un sesgo cognitivo: el sesgo de coste hundido.

El sesgo de coste hundido se refiere a la toma de decisiones basada en lo que ya se ha invertido en un proyecto, no en su rentabilidad actual. 

Se trata, por tanto, de un sesgo cognitivo cuyo origen es nuestra adversión a las pérdidas y a reconocer nuestros errores. El precio pagado, el esfuerzo ya invertido se convierten en un marco de referencia para el valor, cuando en realidad deberían ser irrelevantes.

De hecho, la principal consecuencia de tomar decisiones bajo el prisma de este sesgo, es precisamente, generar mayores pérdidas. Muchas veces es mejor pararse, cuando te empiezas a dar cuenta de que la cosa va mal, que seguir invirtiendo más y más, para tener que acabar de la misma forma semanas, meses o años después.

Esto sucede a menudo con los proyectos de ciencia de datos. Proyectos que duran mucho más de lo previsto sin ofrecer resultados, pero cuyos responsables son incapaces de tomar la decisión de pararlos por todo el tiempo, esfuerzo y dinero invertidos en ellos. Como si se pudiera recuperar todo lo invertido cuando las evidencias muestran que no es una estrategia adecuada. En esos casos, es mejor asumir esas pérdidas que dejarse llevar por este sesgo e incurrir en costes mayores.

Un poco de historia: la falacia del Concorde

La Falacia del Concorde, proviene, evidentemente, del famoso avión de pasajeros anglo-francés llamado a revolucionar los vuelos transoceánicos gracias a su velocidad supersónica. A pesar de estar considerado como un icono de la aviación y una maravilla de la ingeniería, como negocio, era ruinoso. No obstante, se mantuvo en servicio entre 1976 y 2003 ya que lo mucho que había costado ponerlo en marcha y las ilusiones depositadas en él, pesaron más que las evidencias de su falta de rentabilidad.

Figura 1: El Concorde, orgullo de la aviación europea
Imagen de Metropolitaneando en Pixabay
Figura 1: El Concorde, orgullo de la aviación europea

Otros ejemplos

No es difícil encontrar situaciones en las que lo más racional sería tirar la toalla, pero se sigue adelante para no tener que reconocer, ante nosotros mismos y ante los demás, que nos hemos equivocado. 

Un ejemplo doloroso, son los argumentos que justifican la prolongación de una guerra por la tristemente conocida “falacia de nuestros-muchachos-no-han-muerto-en-vano”. Por no admitir que unos cientos de jóvenes americanos habían muerto en vano, la prolongación de la guerra de Vietman condujo a que los muchachos-muertos-en-vano fueran cerca de 60.000.

¿Cómo evitarlo?

Una forma de protegerse frente a este sesgo cognitivo es centrarse en los beneficios y costes futuros en lugar de los costos pasados. Hay que evitar que el conocimiento de lo ya invertido en el proyecto, lastre nuestras decisiones, alejándonos de la más racional. Saber parar a tiempo, reconocer los errores, aprender de ellos y asumir que los fracasos forman parte de la carrera del éxito.

Post de la serie “Sesgos cognitivos en los datos”

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