Nuestra relación con las máquinas pasa por entendernos con ellas y reinventarnos

Belén Espejo González    20 enero, 2020
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En febrero del año pasado publicaba el post “El trabajo se transforma: digital workers y robots, compañeros necesarios” y, a día de hoy, el tema ha cobrado mayor actualidad aún.

Ya no hay duda de que las máquinas, por una parte, suman eficiencias, restan errores y simplifican la vida del ser humano mientras que, por otra, se disputan con las personas el desempeño de algunas funciones. La automatización avanza imparable.

Nada nuevo bajo el sol… A lo largo de la Historia todas las profesiones han tenido que redefinirse con la incorporación de la mecánica, la informática y recientemente la revolución digital pero, en este momento, la inteligencia artificial y el machine learning suponen un desafío adicional. Ya no solo se cuestiona la medida en que la tecnología puede contribuir a las tareas que realizan los humanos, sino en su capacidad para sustituirlos.

De ahí que en los últimos tiempos se esté produciendo una vuelta al humanismo y la emoción como verdadera revolución tecnológica. Un robot nunca podrá llegar a emular la verdadera naturaleza y el valor diferencial de los seres humanos. Es cierto que la inteligencia artificial “está en ello” pero queda aún muy lejos.

Para un robot siempre existe un patrón definido, ellos se ciñen a un guion. El ser humano, en cambio, es impredecible: su cerebro evoluciona a lo largo de la vida y la propia historia, la experiencia de cada individuo lo hace madurar, adaptarse al medio y sentir algo distinto en cada momento.

Por ello, podemos ser complementarios. De hecho, tal y como comenzaba este artículo, en el corto plazo estamos “condenados” a entendernos, lo cual requerirá por nuestra parte mucha inteligencia emocional. Pero, además, también a reinventarnos en el medio plazo para poner en valor nuestro talento frente a las máquinas.

Robots: se impone otro modelo de relación y nuevos perfiles

Solo así podremos construir un nuevo modelo de relación sostenible en el tiempo, en el que resultan indispensables unas pautas éticas en inteligencia artificial, como las que propone Telefónica, para garantizar un impacto positivo en la sociedad y situar a las personas en el centro.

Y bien enfocado el tema, puede que no solo no nos quiten trabajo, sino que nos lo den, como apuntaba un compañero en este mismo blog.

Se consolidarán, además, nuevos macroperfiles funcionales, como explicaba recientemente en la revista BIT:

 -Desarrolladores: personas analíticas y metódicas, capaces de desplegar pensamiento abstracto y resolver problemas complejos. Su misión será programar los patrones de comportamiento de los robots y definir las pautas de su funcionamiento, en base a algoritmos de programación.

-Entrenadores de robots: su objetivo será garantizar la relación fluida del robot con el ser humano, interconectar ambos mundos. Tendrán en machine learning ayuda para el enorme desafío de lograr que las máquinas aprendan de sus errores y desarrollen de manera autónoma capacidades de autogestión.

-Exploradores, cuyo punto fuerte será el pensamiento disruptivo y su capacidad de construir puentes entre las diferentes áreas de conocimiento. Su misión será emprender, abrir camino y conquistar nuevos terrenos a los que la tecnología aún no ha podido llegar.

Los tres requerirán combinar la capacidad de adquirir conocimientos de manera permanente para adaptarse de manera inmediata y flexible a los avances de la tecnología y una base de habilidades blandas como la curiosidad o la improvisación.

Imagen: Tecnalia

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