Concha Monje: la mujer que impulsa firmemente la robótica blanda

Félix Hernández    2 abril, 2020
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En mi artículo de hoy reproduzco la conversación que mantuve la semana pasada con la experta en robótica blanda, Concha Monje Micharet. Los robots ya están con nosotros, pero ella trabaja en la punta de lanza de la que será la nueva generación: unos robots que deberán ser cada vez más humanos, cuyos miembros blandos imitarán a los nuestros y que podrán leer nuestros cerebros.

Pero empiezo por el principio…

Concha piensa que la serendipia ha iluminado su vida. En este sentido, gracias a un hallazgo afortunado, me he cruzado con ella y me gustaría contaros su historia y aprendizajes. Comparto con ella importantes aspectos en nuestras vidas, como una curiosidad incansable. Los dos descubrimos el mundo de la tecnología a través del cacharreo con los primeros ordenadores personales que cayeron en nuestras manos cuando éramos muy jóvenes y creemos en este mundo con fervor. Coincidimos en unos padres, a la vez preocupados y sensibles, que hicieron lo posible por cultivar nuestro interés.

Formación transversal

También compartimos el gusto por las humanidades, las artes, la música… Ella toca la batería, que es como una metáfora de la energía e intensidad de su acción investigadora.

Concha terminó ingeniería industrial y, en el camino, mientras realizaba su tesis, descubrió y se enamoró del mundo de los robots gracias al denominado “control fraccionario”. Y en ello trabaja ahora en el Robotics Lab de la Universidad Carlos III de Madrid, donde realiza una labor muy relevante.

Su formación transversal -como podéis imaginar- y su experiencia amplia la convierten en una mujer de visión poderosa. En su periplo ha hecho casi de todo: programación en cualquier interfaz que tenga un lenguaje, pero también animación en 2D y hasta videojuegos, por poner algunos ejemplos. Sostiene que la creatividad es el arma poderosa del ingeniero para solventar los problemas de la forma más original posible. “Los ingenieros no somos cuadriculados ni los escritores son pura imaginación. Somos lo que somos al decidir cómo afrontar nuestros retos”, explica.

Funcionalidades de la robótica blanda

La robótica blanda, su especialidad, es un espacio muy interesante que desconocía hasta que tuve ocasión de charlar con esta experta. Las articulaciones, los actuadores y sensores de los autómatas beben de los preceptos de la naturaleza, de los tejidos que se doblan y comprimen.

Gracias a ellos estos robots pueden alcanzar espacios que de otra manera sería imposible. Por ejemplo, trabajar en zonas de escombros y soportar vibraciones sin alterar su funcionalidad e incluso disponer de capacidades “autoregenerativas”. Concha Monje menciona también otros usos en el ámbito de la cirugía (para entender lo relevante de esta oportunidad os recomiendo leer sobre la apuesta de Google en tecnología quirúrgica). También se refiere a escenarios donde se requiere una manipulación alternativa a las garras duras, situaciones en las que se necesitan miembros que abracen con extremidades “tipo pulpo” o quizá “robots gusano”, “estructuras origami” que se podrían adaptar al cuerpo de la persona u objeto que fuesen a trasladar.

Robótica asistencial

Conversamos también en términos más globales del presente de la robótica. A ella le importan sobre todo los robots asistenciales, los que salvan vidas. Los robots próximos. Cuando le pregunto sobre los usos militares Concha reconoce que sus aplicaciones no le interesan. Tiene su mirada puesta en temas más trascendentes: en cuando seamos cíborgs y esta robótica blanda pueda suplir y potenciar parte de nuestros órganos y miembros.

Respecto a los retos, me explica que uno de los más relevantes es la integración de estos elementos a nivel cerebral. Ellos ya trabajan con exoesqueletos dotados de sensores EMG, que son aquéllos que recogen las señales de los músculos del cuerpo. Avanzan en exoesqueletos en escenarios de rehabilitación para labores de tratamientos médicos mediante sus novedosas plataformas robóticas.

Al imaginar el futuro y reflexionar sobre cuándo podrán las interfaces neuronales conducir estos robots “blandos”, le menciono Neuralink que ya está trabajando en ello y ambos coincidimos en que las posibilidades son infinitas.

Imagen: UC San Diego School of Engineering

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