Robot androide o tostadora: la realidad tras la apariencia

Manuel García Gil    17 mayo, 2019
Robotización

Cuando hablamos de robots nos viene inmediatamente a la mente, al menos a mí, el robot humanoide de la película “Metrópolis” de Fritz Lang, de la que ya escribió un compañero, así como los robots con cerebro positrónico de Isaac Asimov, pero la realidad es mucho más prosaica. Los robots, al menos la gran mayoría de ellos, no pasan de ser un brazo, o un par de ellos, que trabajan sin descanso ni final en una fábrica (de automóviles, por lo general). No les queda otra, al fin y al cabo el término robot viene de la voz checa robota, que significa trabajo duro. Por lo tanto, los robots mejoran y agilizan el proceso fabril, además de ser indicativo del grado de progreso y avance de un país.

En este sentido, España ocupa el puesto once en el ranking de los países que mejor están adaptando la robotización en el mundo. En concreto, nuestro país ya cuenta con unos 34.000 robots trabajando a pleno rendimiento en las grandes empresas, y el índice es creciente.

En todo caso, no debemos entender la robotización hoy en día solo bajo el prisma de la robótica industrial aunque sea, como apuntaba, el ámbito de mayor implantación. Debemos contemplarla bajo un paraguas más amplio, que está empezando a permear en muchos escenarios distintos.

Esta nueva generación de robótica tiende la mano hacia la inteligencia artificial y la interacción humano-máquina, ya que cuando se produce esta colaboración el entorno gana en productividad. Esto, que puede parecer una obviedad, ha tardado tiempo en calar en el tejido empresarial, más allá del sector automoción que, como decía, es en el que ha penetrado más la robótica.

No obstante, en los próximos años vamos a ver una mayor implantación de esta tecnología en otros muchos ámbitos. De hecho, el 90 por ciento de las grandes compañías y multinacionales ya se encuentran realizando pruebas y ensayos pilotos con robots dentro de sus procesos de trabajo, si bien el mayor escollo con el que se encuentran las empresas, amén de la carestía de talento o especialistas en robótica, es precisamente que no saben bien cómo integrar la robótica en sus procesos y cómo completar esa valiosa colaboración humano-robot de la que hablábamos.

Por lo tanto, aunque aún nos queda mucho camino por recorrer, parece que España está en el buen camino para confirmarse como un país a la vanguardia de la automatización.

En cualquier caso, la robotización siempre genera un debate en torno a la pérdida de empleos que muchos sostienen que supone. Como curiosidad, el término “sabotaje” viene de “sabot”, el zueco de madera que algunos trabajadores encajaban en las máquinas de la fábrica donde trabajaban ante el miedo de que los privasen de sus empleos. También los empleados de correos del siglo XIX temían que desapareciese su actividad frente al novedosísimo telégrafo y cien años después se siguen enviando cartas, aunque pocas, pero el sector se ha reinventado…

En definitiva, el debate sobre si los robots quitan empleo o no es absurdo. Desde el punto de vista empresarial, los robots son una herramienta que ayuda a incrementar la eficiencia de las personas, amén de alejarlas de las tareas transaccionales para permitirles realizar actividades de mayor valor, que también incrementan su satisfacción laboral. De hecho, el informe “The robots are ready. Are you? (“Los robots están listos, ¿y tú?”, Deloitte, 2017), concluye que el 53 por ciento de las empresas dice encontrarse en procesos de implantación de automatización robótica. El documento también destaca que parece haber disminuido la resistencia de los empleados a este proceso, lo cual “continúa superando las expectativas de beneficios no financieros“. De nuevo, bajo la perspectiva de la empresa.

Más allá de la robótica “as is”, está la adopción de soluciones robóticas de última generación cada vez más avanzadas e innovadoras. La tecnología RPA se sirve de la robotización para automatizar los procesos de negocio: replica las acciones de un ser humano al interactuar con la interfaz de usuario de un sistema informático, automatizando tareas de backoffice.

En resumen: ¿Tendremos todos un Kismet avanzado en casa? A corto plazo, lo dudo. ¿Veremos robots por las calles? Reconocibles como tales no, pero no nos olvidemos de que los semáforos y farolas los controla un autómata. A medio plazo iremos viendo un crecimiento progresivo y en algún momento de los próximos siete años, la conjunción de cloud, inteligencia artificial y robótica, hará que, entonces sí, los tengamos “hasta en la sopa”.

– Tostadora, hazme una tostada por favor.

– Sí señor, ¿puede acercarme el pan?

– Cógelo tú, que estás más cerca…

Imagen: TheDigitalArtist/Pixabay

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