Revistas para el verano, los enigmas del cerebro y un cuerpo virtual

Mercedes Núñez    6 agosto, 2019
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Desde junio hasta ahora ya he leído bastantes artículos que recomiendan libros para estas fechas así que voy a tratar de innovar (un poco) y os voy a proponer revistas para el verano. Dos de ellas son relativamente nuevas: u-GOB de Novagob, sobre innovación en la Administración pública y su transformación digital y The Journey, de Asociación DEC, sobre experiencia de cliente. La tercera es TELOS, de Fundación Telefónica, una publicación con más de treinta años -que para una revista es como la inmortalidad…- pero que ha sabido reinventarse y con el número 108 (hace tres ya) emprendía una nueva etapa en su formato papel y web con contenidos nativos digitales, además, que complementan y amplían la información de la revista física. El resultado es tan espectacular que hace unos meses conseguía el Premio Internet 2019 como mejor medio de comunicación en estrategia digital.

Para despertar aún más vuestra curiosidad no os destriparé su última entrega pero sí voy a referirme al tema de portada del número anterior. Se titula “El cerebro ya está en la nube”. En él, Mavi Sánchez-Vives, una de las más prestigiosas investigadoras del cerebro humano, neurocientífica en el Human brain projectt, y con un interesantísimo trabajo sobre las posibilidades del cerebro y su capacidad para interactuar con las máquinas así como en aplicaciones de realidad virtual con fines terapéuticos, puntualiza: “Podemos decir que el cerebro humano ya está en la nube en el sentido de que imágenes y registros cerebrales se almacenan allí”.

Es decir, hablamos del poder de cloud; la experta aún ve lejano el momento en que podamos vaciar la conciencia humana en un ordenador o en un robot que se transformaría en esa persona (en línea con “la biblioteca de almas” de Michio Kaku).

Mavi, que estuvo en la sede de Telefónica para presentar la revista, junto a sus responsables, y profundizar sobre la entrevista que le habían hecho, explicó que, sin embargo, otras cosas que hace un tiempo parecían ciencia ficción, como la lectura de la actividad cerebral o un interfaz cerebro-ordenador, hoy son realidad. Y si bien leer los sueños y el pensamiento aún está lejos, contó que se lleva ya 25 años trabajando en estimulación cerebral profunda para evitar los temblores del Parkinson y, más recientemente, para reemplazar sentidos que se han perdido. Es posible -señaló- porque el cerebro funciona mediante actividad eléctrica y, por tanto, puede establecer una interacción con la máquina.“Es una colección de cables e interruptores” en palabras  de Roger Kornberg, el investigador de la Universidad de Stanford y Nobel de Química en 2006.

El cerebro (aunque a veces no lo parezca…) está de moda. A su indudable interés científico y médico hay que añadir el de gobiernos y empresas como las grandes tecnológicas por su capacidad de interactuar con las máquinas. Existe un interés enorme acerca de su conocimiento porque es lo que define al ser humano.

El cerebro está formado por circuitos, redes neuronales… y, como la tecnología, computa información y funciona con electricidad, lo que facilita el “diálogo” con las máquinas. Se ha avanzado mucho -destacó la científica- en la forma de leer la actividad cerebral, el almacenamiento electrónico, nanotecnología y nuevos materiales (como el grafeno como interfaz) o la capacidad computacional para analizar la información que se genera.

Otro aspecto de la charla y la entrevista de Mavi que me pareció apasionante es su trabajo acerca de qué hace falta para que sintamos un cuerpo virtual como propio. La realidad virtual también sirve para estudiar cómo funciona el cerebro. Tiene una trascendencia enorme y muchas aplicaciones porque ese cuerpo virtual va a tener un impacto sobre nosotros, por ejemplo en la rehabilitación física o el tratamiento del dolor crónico. La magia de la realidad virtual es que el cerebro admite “el engaño” de la tecnología con gran flexibilidad, si bien hay reglas que no le gusta saltarse y lo que mejor funciona es una correlación visual motora. Los resultados, además, pueden medirse.

La realidad virtual resulta también una herramienta útil para cambiar la conducta. Es muy interesante que “nuestro cuerpo virtual” influye en cómo percibimos el mundo exterior. Así -contaba la científica- en el cuerpo de un niño el mundo se percibe desde otra perspectiva, el tamaño condiciona. Igualmente, la realidad virtual puede servir para la rehabilitación social y ayudar a disminuir el sesgo racial si estamos en un cuerpo de otra raza. Y están investigando el uso de la realidad virtual para rehabilitación de maltratadores para erradicar la violencia de género. El que los agresores asuman su propia realidad desde la perspectiva de la víctima contribuye a desarrollar la empatía. Por tanto, es una herramienta útil para cambiar actitudes y darnos otros puntos de vista diferentes del que tenemos: en realidad virtual podemos ser otros.

Ya teníamos en el blog una oda al cerebro… un órgano fascinante y enigmático, muy complejo, con plasticidad y capacidad de transformación y mejora, que lejos de apagarse ni trabajar a media máquina mientras dormimos desarrolla la creatividad.

Interesantísimo ¿no? Pues no es perdáis tampoco el último número de Telos sobre “la voz, que nos distingue como humanos”. Parece que la imagen retrocede frente a la palabra…

Revistas para el verano por tanto: Yorokobu, las de Forbes, MIT Technology Review o, si cogéis el tren, Club Renfe…

Desde que vieran la luz las primeras allá por 1670 también son un ejemplo de transformación. Y tras un periodo de agonía y desapariciones, me alegra ver que renacen renovadas.

Imagen: Thomas Hawk

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