Hacia un nuevo modelo laboral: los retos

Virginia Cabrera    5 abril, 2021

Como explicaba en un post anterior, hacer repaso de lo conseguido, y no solo de lo perdido durante la pandemia, nos ayuda a seguir avanzando en los retos que quedan por delante.

El nuevo papel de la oficina y un cambio de relación entre empresa y empleado

El hecho de que trabajar en casa se haya convertido en sinónimo de vivir en el trabajo presenta aún algunas aristas. Puede que la de los costes sea la más evidente, pero no es la única. Es necesario gestionar la pérdida de valor asociado a “ir a la oficina”: el contacto social o la transferencia de conocimientos, por ejemplo.

Lo cierto es que la oficina no ha muerto, pero deberá reinventarse. Y es de suponer que cada empresa lo hará a su modo. Según las encuestas hay un alto porcentaje de trabajadores que no quieren volver a ellas; otros  sí… pero no demasiados.

Nueva cultura corporativa

Las organizaciones tienen ante sí la oportunidad de innovar no solo en sus herramientas sino también en el fomento de una nueva cultura corporativa, adaptada a equipos virtuales. Quienes sean capaces de innovar en la búsqueda, contratación, valoración y remuneración del talento en este nuevo entorno se encontrarán con grandes oportunidades. De la misma forma, las que no sean capaces de incorporar la agilidad y una mentalidad digital se resentirán.

Mayor colaboración e interacción y la empatía digital como desafío

Aunque ya nadie duda de que el teletrabajo no disminuye la productividad, sino más bien al contrario, el recorrido de mejora existe en relación a la colaboración y, sobre todo, a la interacción social.

Ahora que pasamos horas y horas delante de una pantalla, estamos empezando a sentir cierta “fatiga digital”, se anhela el contacto humano.

Lo cierto es que la interacción digital va a continuar presente en nuestras vidas y en nuestros trabajos cuando hayamos superado todo esto. Por eso, de igual modo que los fabricantes y desarrolladores de aplicaciones están mejorando el diseño de los equipos, las interfaces y la usabilidad de las herramientas, a nosotros nos toca mejorar la forma en la que usamos la tecnología. Se trata de ponerle sentido común, pero también emoción y ganas de conexión real.

La empatía digital es una asignatura pendiente por ejemplo para construir mensajes más estructurados y presentarlos de forma más atractiva. Hay que pensar en quien los recibe y poner empeño en llegar a ese público, conversar y disfrutar con ello.

Nuevas reglas de juego

Cambiar la forma en la que hacemos las cosas también altera, sin duda, los vínculos emocionales asociados a ellas.

El entorno y el contexto nos moldea y ahora que las paredes han desaparecido, la entropía tiende a dispersarnos, alejándonos del centro. El trabajo en remoto, aunque estemos conectados, puede hacernos silenciosos, más individualistas.

El tablero, las reglas del juego y los objetivos han cambiado, pero seguimos dando por válidas las normas anteriores, sin percatarnos de que ni las estrategias ni las acciones pasadas son útiles ya.

Es hora de redefinir un nuevo modelo laboral, de que pongamos de manifiesto qué comportamientos son valiosos en el nuevo contexto y cuáles son las nuevas varas de medir.

Es evidente que las personas necesitan nuevos hábitos, rituales y estrategias que las ayuden a desenvolverse en las nuevas circunstancias y un contexto de incertidumbre creciente. Y es algo que debemos construir entre todos para formar parte del cambio. Nos toca agudizar el ingenio y el espíritu comunitario a todos para poner patas arriba, sin miedo, casi todo lo que dábamos por supuesto. Se trata de observar con una mirada distinta nuestros nuevos problemas.

Imagen: qimono/pixabay

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