Otras cuestiones exponenciales: soberanía de los datos o Internet de la confianza

Jaime Rodríguez-Ramos Fernández    23 abril, 2019

Recientemente escribía sobre cómo ha cambiado en un año la perspectiva respecto a tres tecnologías exponenciales: los procesos inteligentes, la realidad extendida y la nueva matriz de transporte y energía. En mi post de hoy repasaré qué ha pasado en neurogamificación, confianza digital y bioprogramación, que son los otros tres paradigmas que abordaba en mi libro “Más allá de digital”.

La neurogamificación aborda cómo se usa el conocimiento profundo del funcionamiento del cerebro para incrementar la motivación y eficacia o, en el caso distópico, para manipular a los usuarios. Respecto a esto último, por fin la opinión pública y los gobiernos han tomado conciencia de la importancia y peligro de la neuroprogramación.

Compañías como Facebook, Google, Apple, Amazon o Netflix están en el ojo del huracán por las invasiones de privacidad, manipulaciones de elecciones, creación de adicción a los dispositivos digitales e impacto de sus prácticas anticompetitivas y monopolísticas. Es difícil encontrar un precedente equivalente a la capacidad monopolística de estas compañías y al poder de las “big tech” en el mercado. En la mayoría de países Google tiene una cuota de mercado de más del 90 por ciento. Facebook y Google controlan más del 75 por ciento de la publicidad digital. Apple y Google acaparan prácticamente el cien por cien del mercado de sistemas operativos de smartphones y cargan una tasa del 30 por ciento por la distribución de contenidos en los mismos.

Resulta crítico examinar de manera profunda la actividad de estas compañías y acometer las acciones regulatorias necesarias para mantener la competencia en el mercado y garantizar los derechos de los ciudadanos. Si no, existe un riesgo real de que nos convirtamos en una colonia digital de Silicon Valley y los ciudadanos en esclavos digitales de las pantallas, que les arrebatan la privacidad y soberanía sobre sus datos.

Telefónica está haciendo una gran apuesta por devolver el control y propiedad de los datos al usuario y por ofrecer soluciones que eviten el abuso digital, como ocurre con la propuesta multicloud de Telefónica Empresas, por ejemplo.

Confianza digital. Tecnologías como blockchain van a permitir un Internet de la confianza y del valor, en el que las transacciones contractuales y económicas tengan la eficiencia y rapidez que Internet permite, pero con la misma seguridad y fiabilidad que aseguran los mecanismos tradicionales.

En lo relativo a criptomonedas, después de un año de especulación y subidas en 2017, 2018 fue un año de moderación y sentido común y en 2019 queda lejos el boom. En cambio, en términos de tokens y aplicaciones empresariales, blockchain pisa fuerte y el año pasado fue muy positivo. Su uso disruptivo empieza a ser real. Si bien todavía a pequeña escala, se están dando los primeros pasos para probar la tecnología en el mundo empresarial: en cadena de suministro, comercio, en telecomunicaciones o incluso monedas (JP Morgan coin). Estos despliegues reales son la única forma de que la tecnología verdaderamente avance. A partir de ahí veremos el potencial real de la tecnología de cadena de bloques. Así ocurrió con Internet durante los 90.

Por tanto, puede que blockchain haya perdido visibilidad para el público general al enfriarse la oleada especulativa de bitcoin pero, sin embargo, la confianza descentralizada está avanzando rápidamente en aplicaciones reales que son las que pueden llevar a su despegue definitivo.

Bioprogramación. Cada vez más los organismos vivos se pueden programar como si fueran aplicaciones digitales, lo que puede permitir una revolución sin precedentes en medicina, química e incluso energía, a la vez que nos enfrenta a condicionantes éticos y sociales muy importantes.

La bioprogramación es, con diferencia, la tendencia menos conocida para los profesionales TIC. Existe un universo paralelo de compañías e inversores biotech. Sin embargo, ambos mundos se acercan cada vez más y el impacto de la bioprogramación sobre nuestras vidas y sobre la sociedad hace necesario que nos interesemos por él.

2018 fue otro año de grandes titulares para la bioprogramación. Por elegir uno, en noviembre el científico chino He Jiankui declaró que había editado con la tecnología CRISPR los primeros embriones humanos y que estos habían llegado a término. Los “bebés de diseño” siempre habían generado debate, pero parece que ya estamos pasando de la teoría a la práctica. ¿Es ético editar bebés para evitar enfermedades hereditarias mortales? o ¿dónde está el límite? son cuestiones a las que nos enfrentaremos en los próximos años y requiere que todos nos impliquemos como ciudadanos.

Imagen: GotCredit

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