Como peces en el agua en organizaciones líquidas

Belén Espejo González    7 mayo, 2021
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La pandemia nos deja innumerables enseñanzas y lecciones aprendidas. Quizá en unos meses olvidemos algunas de ellas pero, sin duda, no volveremos a recuperar la sensación de estabilidad que teníamos antes del COVID-19. Esta enfermedad lo ha cambiado todo a su paso: nuestro concepto de seguridad y riesgo, la manera en que nos relacionamos y los hábitos en el entorno laboral: se abren paso las organizaciones líquidas.

Durante este tiempo las compañías han realizado un enorme esfuerzo para adaptarse a las nuevas circunstancias. En pocos días habilitaron mecanismos de contingencia para seguir trabajando y dar continuidad al negocio. Con el paso de los meses han ido recuperando algunas de las rutinas de antes de la pandemia, pero pocas han vuelto al formato original.

En este nuevo entorno cambiante e incierto las empresas se han visto obligadas a reinventarse, a adaptarse a la nueva situación con los medios que tenían. Por su parte, los empleados han respondido con un compromiso y generosidad a menudo muy por encima de lo que se esperaba de ellos. Han tenido que reaprender a trabajar y hacerlo desde otros espacios, con otras herramientas. y en convivencia con su propio entorno personal.

Supervivencia y competitividad

En este contexto cobran cada vez más relevancia las organizaciones líquidas: empresas sin forma definida que se adaptan a las circunstancias de cada momento, como el agua al recipiente que la contiene. Y lo hacen no solo como mecanismo de supervivencia, sino para impulsar la importante ventaja competitiva que les otorga la agilidad y flexibilidad que han sido capaces de desarrollar.

Organizaciones líquidas: rasgos que las definen

Son muchos los rasgos que definen a las organizaciones líquidas. Me centraré en siete de los más relevantes:

  1. La flexibilidad es la principal característica de las organizaciones líquidas: su capacidad de adaptación constante a las necesidades del entorno les permite evolucionar y transformarse con mayor facilidad. Están más abiertas al cambio, lo que les permite impulsar con más fuerza los procesos de innovación.
  2. Esta flexibilidad tiene un fuerte impacto en los horarios: el puesto de trabajo se convierte en un momento en el que acceder al entorno corporativo. Esto permite que los empleados líquidos tengan acceso a escenarios de conciliación y mayores garantías sobre su derecho a la desconexión digital.
  3. La agilidad es otro de los componentes esenciales de las organizaciones líquidas. Éstas han adoptado metodologías agile y cuentan con una extraordinaria capacidad para tomar decisiones de manera rápida y reducir el time to market.
  4. Además, este tipo de empresas cuentan con estructuras sencillas, horizontales y menos jerarquizadas que una organización tradicional. Los equipos de trabajo se construyen para desarrollar un proyecto y se reestructuran por completo cuando éste finaliza. Los procesos fluyen de manera natural, sin artificios ni excesos burocráticos. Esto las convierte en organizaciones mucho más eficientes.
  5. La transparencia en la comunicación y la colaboración abierta. En las organizaciones líquidas no tienen cabida los silos ni la opacidad de los procesos: la información fluye sin límites.
  6. La ubicuidad . La organización líquida puede funcionar desde cualquier lugar del mundo, no es preciso que los empleados compartan un mismo emplazamiento. La tecnología funciona como puente o hilo conductor entre la empresa y sus colaboradores.
  7. Por último, estas nuevas organizaciones se nutren de empleados líquidos y reconocen el capital humano como su principal fuente de energía. Por lo tanto, sitúan al empleado en el centro de sus decisiones, buscan constantemente su bienestar y felicidad, así como la manera de retener el talento dentro de la organización.

Transformación de la cultura corporativa, el gran reto

Este modelo supone un enorme desafío para los departamentos de Recursos Humanos. Los saca por completo de su zona de confort y los obliga a reescribir las reglas de la gestión de personas. Entre los principales retos a los que se enfrentan destacan la necesidad de entrenar la flexibilidad de los empleados e impulsar su formación continua, ser capaces de identificar, valorar y recompensar las habilidades blandas y contar con las herramientas adecuadas para atraer y retener del talento dentro de la organización.

La gestión del cambio como proceso continuo en las organizaciones líquidas

Pero el mayor reto, sin duda, es la transformación de la cultura corporativa para adaptarla a su nuevo estado material. En la organización líquida la gestión del cambio deja de ser un proyecto puntual, con fechas de comienzo y fin, para convertirse en un proceso continuo que acompaña a la organización a lo largo de toda su vida. Es necesario transformar los hábitos y rutinas tradicionales en actitudes con las que adaptarse con agilidad a las diferentes situaciones que se puedan presentar en cada momento.

La tecnología como aliada

Por suerte, la tecnología se ha convertido en el principal aliado de este tipo de organizaciones y proporciona las soluciones necesarias para trabajar desde cualquier lugar y en cualquier momento: comunicaciones de voz y datos, de colaboración, que fomentan la cooperación abierta y el trabajo en equipo, los dispositivos…

Por otra parte, las herramientas de gestión de Recursos Humanos consiguen conectar a los empleados con la organización. Habilitan mecanismos que integran todos los procesos y permiten una relación más sencilla y transparente para garantizar la mejor experiencia de empleado o, lo que es lo mismo, que se sientan como peces en el agua en organizaciones líquidas.

De todo ello, además de otros temas claves en este momento, se hablará el próximo jueves 13 de mayo en el evento “Digitalización y sostenibilidad: el impulso de la recuperación económica”.

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Imagen: Petras Gagilas

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