Nuevas organizaciones y nuevos líderes: del sumo a la capoeira corporativa

Mercedes Núñez    7 junio, 2019
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En la actualidad ha cambiado el estilo de competir entre las organizaciones: se ha pasado de una especie de lucha libre a un complejo baile. Se ha cambiado el “modelo sumo” por  un “modelo capoeira”. En el primero, deporte nacional de Japón, queda eliminado el primer luchador que toca el suelo con alguna parte de su cuerpo que no sea la planta de los pies. El segundo es un arte marcial afro-brasileño que combina facetas de danza, música, acrobacia y expresión corporal, de forma que resulta una mezcla entre tradición, competición, baile y espectáculo, donde no se trata tanto de derrotar al contrario “haciéndolo caer”, sino de aprovechar las debilidades del rival para hacer algo bello para el público y conseguir una ventaja competitiva efímera. Estamos, así, ante nuevas organizaciones y nuevos líderes.

Me parece una comparación sublime porque efectivamente en la era digital todo es más líquido y las propias barreras entre sectores se desdibujan: así, Ikea entra en la restauración, Google en la banca, Mercadona tiene un hub de startups… y quienes en algunos momentos son colaboradores, en otros se pueden convertir en competencia. Es el fin de los silos.

Y recalcó Isabel Aguilera -quien expuso esta idea en su charla sobre liderazgo en el encuentro “Mentes brillantes”- que en esta capoeira corporativa a la que asistimos, de movimientos rápidos y complejos, en la que el vencedor es aquél capaz de ejecutar maniobras de mayor agilidad,  que las ventajas son efímeras porque en la era digital el suelo firme no existe y todo está en un complicado equilibrio. Los planes estratégicos a cinco años, como comentó Carme Artigas durante su intervención, son una falacia. Sin duda para vivir con ello hacen falta nuevas organizaciones y nuevos líderes y también que nos renovemos cada uno de nosotros.

En este momento tenemos una “incertidumbre conectada”, dijo Isabel. A la vez que hay un inmenso afán regulatorio, se nos pide constantemente que rompamos reglas, que es algo que parece ya un deporte olímpico, señaló. “Está todo on fire y hay que buscar múltiples equilibrios: entre clientes y empleados, servicios excelente y emoción, etc.”.

El formato del evento “Mentes brillantes” me parece un soplo de aire fresco en medio de tanta jornada y congreso similar, y además siempre me resulta verdaderamente inspirador.

En esta ocasión llevaba por título “21 minutos 21 mujeres” y todas las ponentes eran féminas, con el objetivo de que Marie Curie, pese a su descomunal mérito, no sea siempre el único referente de mujer que se nos venga a la cabeza y haya más modelos femeninos, o que los asistentes de voz no siempre tengan voz de chica, como bromeó alguien durante el encuentro.

Acudí el segundo día y dedicaré otro artículo a las ponencias de la primera parte de la mañana sobre ciencia y tecnología, pero en esta ocasión quiero centrarme en la charla de Isabel Aguilera, que habló de “disrupción para cambiar el alma de la economía”.

Se refirió a nuevas organizaciones y nuevos líderes y algunas de sus ideas clave fueron:

  • Como decía Mafalda, “¡El futuro ya no es lo que era antes!” y además ya está aquí, no está por llegar.
  • Atraer talento es el desafío de este momento pero su gestión no es una cuestión tecnológica, sino de saber de personas, requiere un conocimiento profundo de la naturaleza humana. Para atraerlo es preciso saber qué necesita alguien en cada momento de su vida y además hay que entender que el talento necesita más talento para dar lo mejor de sí mismo porque anhela conseguir el éxito y superar los retos. Demanda un ambiente motivador, que se tolere la cultura del error, tener a su alcance las herramientas tecnológicas necesarias, que se utilicen las métricas adecuadas…
  • Es el momento de pasar del “ordeno y mando” a que los líderes hagan lo que sus expertos les digan que tienen que hacer. El liderazgo digital exige cerebro y corazón, debe ser imán y desarrollador de talento, tener un propósito, estar en aprendizaje continuo y compartirlo, debe comunicar bien y convencer, crear engagement, ser “disfrutón”, ético y no pretender tenerlo todo bajo control. Eso sería mala señal, apuntó Isabel: o de que no se va lo suficientemente rápido o de que falta talento que identifique nuevos retos.
  • Para ser consecuentes con todo eso se necesitan nuevas métricas: sobre el retorno del talento, de la competitividad, del número de alianzas establecidas, de la capacidad de las soluciones propias de integrarse con las de terceros en un ecosistema abierto, de ser data driven, de la felicidad, del índice de recomendación, la inclusividad… Y son imprescindibles -añadió- el sentido común y el sentido del humor.
  • Es el tiempo de las organizaciones neuronales, mucho más flexibles.
  • En definitiva, solo cambiando nuestro punto de vista podremos cambiar el mundo. No se trata de ganar al de al lado, en este momento la ambición ha de ser ética, contribuir a los ODS… Esto implica una transformación cultural. Estamos en la última milla de esa carrera y el esfuerzo final es personal e intransferible, responsabilidad de cada uno, sin outsourcing posible.

Y, para terminar, una frase que me pareció maravillosa: “La tecnología es el fin de todas las excusas para no dar lo mejor de nosotros mismos”.

Imagen: Silvia Nikolova

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