Entrevista a Víctor Almonacid: “La nueva normalidad en la nueva Administración”

Mercedes Núñez    11 enero, 2021
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En la Administración no debemos volver a caer en el error de empezar la casa por el tejado e implantar proyectos increíblemente tecnológicos mientras todavía hay quienes se niegan a tramitar o firmar electrónicamente

Siempre es un placer hablar con Víctor Almonacid -@nuevadmon en Twitter-. Tanto que cuesta quedarse con un solo titular. Es un firme defensor de que otra Administración es posible y se deja la piel en ello.  Lleva mucho trabajando incansablemente en este sentido y 2020, aunque por un motivo trágico, ha supuesto un punto de inflexión que le da la razón. “La nueva normalidad en la nueva Administración” fue el título de la conferencia principal que impartió en la última edición del Congreso NovaGob.

Destaca que la crisis es enorme y la oportunidad también. Y, aunque hay importantes escollos que vencer, Víctor es optimista respecto a la posibilidad -hoy más cercana que nunca- de hacer las cosas de otra manera. También partidario de empezar la transformación por la base, sin fatuos fuegos de artificio. De la firma electrónica como objeto de deseo, de los datos como piedra angular de la gestión pública, de la importancia de la transparencia o de la compra pública innovadora como manera de impulsar la innovación desde la Administración habla en esta entrevista.

En tu intervención en la última edición de NovaGob bromeabas con que si la Cámara de los Lores se ha reunido de forma telemática ya se puede modernizar cualquier institución. Pero también señalabas que sigue habiendo mucho “terraplanismo” en la Administración… ¿Cómo crees que van a ser las cosas a partir de ahora? ¿Un momento tan complicado como el actual, que exige más agilidad y eficiencia que nunca, ayudará a abrir definitivamente la mente en la Administración?

No bromeaba. Creo de verdad que se puede modernizar cualquier institución. Cualquiera. Y también es cierto que sigue habiendo mucho “terraplanismo”, lo cual dificulta esa posibilidad. En realidad este escenario sigue siendo el mismo que teníamos hace diez o quince años: el conflicto entre lo que es bueno y posible versus la ignorancia, la corrupción y la resistencia. Pero 2020 ha marcado evidentemente un punto de inflexión, de no retorno.

El avance de una década en diez meses

En los últimos diez meses hemos avanzado tanto o más que en los diez años anteriores. Aunque haya sido por un motivo desgraciado, lo cierto es que en la actualidad muchos empleados públicos teletrabajan, lo cual era impensable hace un año. Y también se plantean a gran escala debates antes reservados a nuestros foros de “frikis” sobre la necesidad de simplificar los procedimientos, de digitalizar y automatizar los procesos, de identificar al ciudadano mediante videollamada, de trabajar con datos, o incluso de incorporar la inteligencia artificial a la Administración, entre otras muchas “novedades”, que en realidad no lo son tanto. En la Administración se confunde lo nuevo con lo inédito.

¿Piensas que los Fondos europeos van a ser el empujón definitivo o hay una barrera de actitud/aptitud? Muchos todavía se centran en la tecnología como el fin e ignoran el cambio cultural y organizativo o la redefinición de procesos, claves para la transformación.

Con los Fondos europeos alguno se va a llevar un disgusto. Se trata de fondos para la recuperación y la innovación. Como cualquier ayuda, se otorgan para financiar proyectos reales. Si no los hay, igual nos llevamos la sorpresa de tener que devolverlos. Llenar una ciudad de luces de colores, como dice mi amigo Borja Adsuara, no ayudará a mejorar el servicio público.

La falta de actitud, más preocupante que la de aptitud

Estoy de acuerdo en que hay una barrera invisible que es la cultura administrativa, esa mentalidad reaccionaria y anquilosada. El problema incluye la falta de actitud y de aptitud, entre las que me preocupa mucho más la primera, por cierto. Sin actitud nunca se podrá desarrollar la aptitud. El mayor problema no es no saber, sino no querer esforzarse en aprender y mejorar.

Ahora, como decía, se habla de inteligencia artificial, lo cual me parece genial, pero no debemos volver a caer en el error de empezar la casa por el tejado e implantar proyectos increíblemente tecnológicos mientras en las Administraciones públicas todavía hay sujetos que se niegan a tramitar o firmar electrónicamente porque afirman que no es obligatorio. O, peor aún, porque su administración todavía funciona a base de papel y burocracia. Mejor empecemos transformando lo que debimos haber transformado hace veinte años, y sobre esa transformación construyamos la de los algoritmos y el 5G.

¿Qué DAFO harías de la administración local, que es la más cercana al ciudadano? 

Como un DAFO completo sería muy extenso, mencionaré una Debilidad, una Amenaza, una Fortaleza y una Oportunidad en relación a la administración local.

La debilidad es la escasez de medios y los continuos ataques a la autonomía local. De hecho, es un milagro que podamos hacer cada vez más cosas con menos recursos pero, si este déficit no cambia, el futuro de la administración local, sobre todo de los Ayuntamientos, puede complicarse.

Esta crisis enorme es la oportunidad de nuestras vidas

La amenaza y la oportunidad casi podrían coincidir: la coyuntura actual. De nosotros depende hacer bueno el tópico de que toda crisis es una oportunidad. Desde luego, al ser esta crisis tan enorme, la conclusión es que estamos ante la oportunidad de nuestras vidas.

La fortaleza principal que tenemos, incluso por encima de esa condición de administración más cercana al ciudadano, es la vocación de servicio público de una gran cantidad de servidores públicos convencidos e implicados frente a una minoría, muy dañina, de vagos, corruptos y tóxicos.

Afirmas que “los datos son una de las claves de la gestión pública moderna”. Explica las bondades de un open and data driven government.

Sí, los datos son la piedra angular de la moderna gestión pública. Todo gira o debería girar en torno a los datos, que son objetivos e inapelables, frente a las ocurrencias o creencias subjetivas de algunos dirigentes. En el momento actual tenemos millones de datos a nuestra disposición (big data), procedentes de distintas fuentes: desde los servicios e infraestructuras sensorizados hasta la propia experiencia de cliente de nuestros usuarios. Obviamente los móviles son el principal dispositivo generador de datos.

“Los datos deberían ser nuestros verdaderos influencers

En realidad las Administraciones públicas siempre han sido poseedoras de una gran cantidad de datos, incluso en la era analógica, pero muy pocas veces los han utilizado para tomar decisiones o reorientar el servicio público. Ahora esto tiene más sentido que nunca.

Por otra parte, muchos de estos datos no solo son útiles para la administración, sino también para el resto del mundo. Por eso hay que “abrirlos” (open data), con la debida cautela evidentemente. El tejido empresarial, especialmente el emprendedor, las asociaciones, la comunidad educativa, los propios ciudadanos, etc. pueden extraer información de calidad de dichos datos.

La transparencia de los datos mejora en todo caso la calidad democrática porque los datos son conocimiento y, de esta forma, creamos sociedades informadas e involucradas con lo público (participación, colaboración). A esto lo llamamos open goverment.

Además de todo lo anterior, los datos también son la mejor arma que tenemos frente a esa cultura de la desinformación y la posverdad que se practica actualmente por parte de algunos lobbies y “opinadores” profesionales. Los datos deberían ser nuestros verdaderos influencers.

Últimamente, frente al tradicional pliego de condiciones, se insiste mucho en fórmulas como la colaboración público-privada y la compra pública innovadora, que defiendes fervientemente, o la compra pública verde, que ha pasado a primer término y según los datos la lideran los ayuntamientos. ¿Cuál es tu visión? 

La colaboración público privada es necesaria para la gestión pública. En realidad siempre lo ha sido, pero en la coyuntura actual recobra protagonismo. Recordemos que entre 2007 y 2017 tuvimos un contrato llamado “de colaboración público privada” en la Ley y prácticamente no se utilizó. Por otra parte, hay muchas fórmulas de colaboración público privada. Yo creo especialmente en las que fomentan la iniciativa económica de las pymes y los emprendedores, de empresas más bien pequeñas e incluso autónomos.

“Si queremos innovación, comprémosla desde la propia Administración”

Ahora se plantean nuevas fórmulas y escenarios. Tampoco hace falta inventar la rueda en esto de la colaboración público privada. La llamada “compra verde” consiste en tener en cuenta criterios y elementos de sostenibilidad ambiental en los contratos. También debemos incorporar cláusulas sociales. Todo esto hace años que aparece en la Ley.

De todos estos procedimientos, mis preferidos son la asociación para la innovación y la compra pública innovadora. Si queremos innovación, compremos innovación desde la propia Administración pública. Para que surja la oferta se debe crear la demanda.

En todo caso soy partidario de la colaboración del sector público con todos los actores existentes: el privado, el universitario, el social y, por supuesto, el resto del sector público. Esto del servicio público se ha convertido en algo tan complejo (y tan caro) que hace años que es un hecho que la Administración no puede con todo ella sola.

¿Qué opinas de la idea de un registro nacional de evaluación de los concursos públicos?

No me parece mal, pero sí redundante. Al menos en principio. Habría que ver cuál es exactamente su valor añadido respecto a otras instituciones preexistentes, como el Tribunal de Cuentas o el Registro de contratos. Lo malo de las “tormentas de ideas” que surgen en plena crisis es que se plantean cientos de nuevos mecanismos cargados de buenas intenciones. Pero algunos de ellos ya existen y no hay que sobrecargar, sino hacer que el sistema funcione. Lo malo no es el sistema en sí, sino esa oscura práctica de torear constantemente los mecanismos de control. Hay que preguntar a los expertos, no a los iluminados.

Lo cierto es que los registros públicos donde consta toda la información contractual del sector público ya existen. La evaluación podría ser un valor adicional, pero preferiría que se dotara de medios y efectividad a las instituciones existentes antes de crear otras adicionales.

Mañana publicaremos una segunda parte de esta entrevista sobre el nuevo perfil de empleado público deseable para construir esta nueva Administración.

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