#MujeresHacker: érase una vez una princesa ingeniera

Antonio Schuh    4 febrero, 2021
#MujeresHacker: érase una vez una princesa ingeniera

Hace unos años, cuando mis hijas eran pequeñas, solía contarles cuentos antes de que se fuesen a dormir. Recuerdo que había uno que les gustaba especialmente y que me lo pedían muchas noches. Trataba de una princesa que vivía mil aventuras, superaba retos y conocía a su príncipe. Y, por supuesto, cuando ya está todo bien en este cuento, la princesa va a estudiar en la Facultad de Ingeniería para trabajar como ingeniera. Después se casan y acababan comiendo perdices.   

Hoy mis hijas son casi adolescentes y ya no me piden que les cuenten cuentos, pero creo que este relato dejó huella. Son niñas divertidas, llenas de vida y especialmente curiosas, que buscan siempre entender cómo funcionan las cosas, interactuar con ellas, experimentar y pensar en cómo podrían ser diferentes y mejores. Esto vale para todo, de la configuración de la decoración con luces LED de colores a los videos en TikTok obligatorios de la edad. Como muchas niñas de su generación, en su interior llevan un corazón tecnológico.

Me encanta la satisfacción que logran jugando, experimentando y construyendo cosas. Con suerte lo seguirán disfrutando en sus profesiones en el futuro. No saben aún a que dedicarse – tienen todavía mucho tiempo antes de decidir qué carrera estudiar. Acabarán siendo lo que quieran ser, pero sé que tienen claro que el único trabajo indigno es el trabajo mal hecho, y con independencia de lo que elijan estudiar, lo importante será su nivel de esfuerzo y no de su sexo.

Pero me gustaría que valorasen estudiar una carrera relacionada con la tecnología. Yo fui un día un estudiante de Ingeniería Informática (así como, todo hay que decirlo, un ciudadano del Nerdistán). Programar puede ser una plataforma para crear. Hacer software me ha dado algunas de mis horas más felices, construyendo universos y resolviendo problemas. Además, me ha dado una disciplina de pensar de forma estructurada, la cual aplico a mi día a día aunque mi carrera se haya movido hacia temas de gestión. Me encantaría que mis niñas tuvieran la satisfacción personal de crear que tuve en informática y el estímulo mental que una educación técnica impulsa.

Es cierto que, según van creciendo, el interés tecnológico de mis jóvenes princesas se ha ido difuminando un poco. Para animarlas, ahora les contamos (o vemos) historias reales como las protagonizadas por Marie Curie, Ada Lovelace o Margaret Hamilton, la desarrolladora de software de la misión Apolo. Además de que sean conscientes del ejemplo de gente extraordinaria, estas historias ayudan a recordar que las barreras artificiales que limitan el desarrollo de nuestras capacidades están para romperlas, y que no hay más límites para el aprendizaje que los autoimpuestos.  No quiero que mis hijas dejen de hacer algo porque piensen que “no es de chicas”. Es por ello que desde aquí quiero apoyar a la campaña #MujeresHacker 2021. Todos podemos ayudar a nuestras pequeñas a descubrir la importancia de construir y vivir en un mundo libre de barreras donde la princesa, al igual que el príncipe, pueda estudiar lo que quiera (antes de comer perdices). Empecemos un nuevo cuento: Érase una vez una campaña llamada #MujeresHacker…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *