Movilidad y sostenibilidad en el Smart City World Congress 2017

Sara Martínez García    14 diciembre, 2017
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Hacia 2030 seremos mil millones de personas más, más de dos mil millones más que ahora en 2050, según un informe de las Naciones Unidas. De ellas, la gran mayoría vivirá en las ciudades, sobre todo en pequeñas y medianas en el sur del planeta. Si tenemos en cuenta que las ciudades actualmente consumen dos tercios de los recursos de la Tierra y generan más del 70 por ciento de las emisiones de CO2, se entiende la urgencia de la transformación urbana… y la concienciación ciudadana.

El mes pasado tuve ocasión de asistir al Smart City Expo World Congress (SCEWC) que se celebró en Barcelona y conocer, de primera mano, los avances que se están produciendo y las tendencias que los ciudadanos veremos en el ámbito de las urbes inteligentes. El SCEWC no solo reunió a empresas TIC del sector, entre ellas muchas especializadas en IoT, sino también a representantes de 700 ciudades y entidades públicas, y no faltaron tampoco expertos internacionales. Esto lo convierte en un foro muy atractivo en el que se pueden escuchar diferentes voces, lo que ayuda a que cada ciudad pueda definir su estrategia y enfoque a la hora de transformarse.

Esta edición se ha centrado en el empoderamiento ciudadano. Se ha puesto de relieve la importancia de acercar la transformación a los residentes de manera que no solo la entiendan, sino que sean partidarios y partícipes de ella. La clave está en que responda a las necesidades de las personas. ¿Y qué solicitan los ciudadanos de una smart city? Según Amit Pathare, director of the Key programme for cities de Engie, seguridad, un transporte sostenible, eficiencia en el uso de los recursos y una ciudad con una oferta atractiva y que a la vez resulte cómodo y agradable habitarla.

Soy incapaz de resumir en un post todo lo que vi en el congreso; de hecho, tomé tantas notas que llamé la atención de algunos visitantes. Hoy me centraré en sostenibilidad y movilidad, dos clásicos ya de las smart cities, aunque con uno de los mayores impactos.

No es lo mismo construir una ciudad inteligente desde cero que transformar una ya existente. La metodología es distinta, como bien saben en Málaga y Masdar. En el primer caso el enfoque ha consistido en partir de la infraestructura existente para, a partir de ahí, diseñar y desarrollar la nueva e implementarla. En Málaga optaron por comenzar su viaje abordando primero la sostenibilidad. Por ello han implantado una plataforma de puntos de recarga eléctricos con Telefónica, contadores inteligentes con Endesa y trabajan en un proyecto de transporte autónomo junto a DEKRA. La experiencia en Masdar, en Abu Dabi, es curiosa. Han analizado sus debilidades y aprovechado el diseño para darles respuesta de forma ecológica y sostenible. Por ejemplo, el diseño mantiene la estructura tradicional con calles muy estrechas, pero los edificios son altos, de forma que se crea una sombra natural que cubre las calles. Dado que el 60 por ciento de su consumo energético se destina al enfriamiento, investigaron cómo crear aislamientos a partir de materiales del desierto (consumo local), lo que implica una menor huella de CO2.

De visita por los stands pude ver propuestas tecnológicas en este sentido, como las papeleras de greenYng, que utilizan la moneda electrónica y la “gamificación” para fomentar el correcto reciclado. Otro enfoque similar es el de Ros Roca, con control de acceso mediante tarjeta magnética, que solo permite el uso del contenedor a los ciudadanos habilitados y las administraciones pueden aplicar, por ejemplo, bonificaciones individuales por una correcta separación de los residuos. En una charla de FCC se mencionó otro caso de uso interesante relacionado con el mantenimiento del alcantarillado mediante el uso de sensores capaces de captar los niveles de contaminación. La información de estos sensores se podría visualizar en una interfaz o incluso los propios sensores podrían alertar, con señales luminosas, cuando alguna zona del alcantarillado superase los límites permitidos. Entonces podrían ser drones y no funcionarios, para no exponerse, quienes realizasen la inspección de las zonas afectadas. Además, lo suyo sería la integración de todo esto con la plataforma de eGovernment de la administración correspondiente.

Otro aspecto ligado a la sostenibilidad de las ciudades es la transformación de los modelos de movilidad. Su importancia explica que no solo se abordara en el SCEWC, sino que este año también se haya celebrado el primer Smart Mobility World Congress.

Según Seat, cada vez seremos más en las ciudades pero el número de coches para 2020 decrecerá en un 5 por ciento. Parece que la generación millennial ya no quiere un vehículo en propiedad, lo que implica que el futuro de la automoción pasa por modelos eléctricos, autónomos, compartidos y, sobre todo, cien por cien conectados. Pero las propuestas van más allá del automóvil. Se maneja la posible interacción entre el coche y la ciudad para generar eficiencias y una mejor experiencia de conducción. Por ejemplo, en caso de accidente, “el cerebro” de la ciudad podría detectarlo mediante el uso de sensores en diferentes puntos de la calle y big data, y enviar automáticamente a los cuerpos de emergencia y a la vez podría modificar los semáforos para redirigir el tráfico y evitar el colapso en la zona del siniestro. También había expuestas soluciones como VisionZero que, mediante el uso de algoritmos de supervisión y análisis de vídeo en tiempo real, calcula las rutas más utilizadas en un cruce, por ejemplo, y permite la planificación eficiente del tráfico. Y existen innumerables propuestas de aparcamiento inteligente, ámbito en el que uno de sus principales retos es la inexistencia de interoperabilidad entre quienes proporcionan soluciones  IoT.

También las propuestas que vimos para el transporte público pasan por su digitalización. Algunas contemplan el uso de sensores que envíen alertas en tiempo real sobre el estado físico de los trenes. Otras plantean el uso de big data para analizar su ocupación y poder ajustar la demanda. Y se planteaba incluso la utilidad de este transporte público para acercar los servicios de la ciudad a los residentes en el extrarradio, de forma que puedan recoger aquello que necesitan en las paradas de metro, por ejemplo.

En términos de accesibilidad e inclusión, tuve la oportunidad de visitar un stand de la organización SmartCities4All, fruto de la unión de dos ONG (World Enabled  y G3ict), cuyo objetivo es ayudar a las ciudades a definir una estrategia de smart city que contemple la accesibilidad para ciudadanos con discapacidades. Y también es clave contemplar la accesibilidad digital. Para ello proponen tanto una comunidad abierta de desarrollo y compartición, y ofrecen además una base de datos de soluciones existentes, como también un kit con las herramientas para la definición y defensa de la estrategia que deba seguirse.

Pero ¿y el precio de todo esto? Las comunidades pequeñas también quieren estar conectadas y disfrutar de las ventajas de la digitalización, de sus mayores oportunidades, su eficiencia, su atractivo para la población. ¿Cómo pueden abordar ellas la transformación? Por un lado, ayuda la existencia de foros y organismos como RECI, EIP-SCC o ETSI ISG CDP, así como también el abaratamiento de las soluciones, fruto de un mayor conocimiento, desarrollo y competencia en el mercado (IoT, paneles solares, vehículos eléctricos…). Por otro lado, en el congreso también se abogó por soluciones basadas en plataformas abiertas. Pero, en general, la clave se encuentra en abordar aquello que es prioridad en la comunidad, empezar por pequeños pasos que pueden ser negociar tarifas progresivas de agua, el uso de soluciones de iluminación inteligente con tecnología LED que se amortizan al cabo de siete u ocho años, desplegar edificios de oficinas en la ciudad que reduzcan los desplazamientos, impulsar la conectividad para que el talento no tenga que estar necesariamente en las ciudades… La clave es dar pequeños pasos en el corto y en el largo plazo, planificar la hoja de ruta para abordar la metamorfosis hacia la smart city particular de cada ciudad.

Imagen: Sara Martínez García

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