Mi colega robot

Ignacio G.R. Gavilán    22 marzo, 2019
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Tenemos “compi’ nuevo en la oficina”. Pero la verdad es que no sé su nombre. Tampoco si es chico o chica, ni si se cree divino o divina. ¡Es un colega robot!

¿Os lo podéis creer?

Y ni siquiera es metálico o de plástico. O como Sophia que, al menos, se asemeja a nosotros. Éste no. Es un robot software, un bot, que dicen algunos modernos.

Resulta que la compañía ha decidido automatizar las tareas repetitivas y burocráticas que hacemos todo el santo día: que si meter facturas en el ERP, que si traspasar datos de una hoja de cálculo al CRM, que si quemarnos los ojos buscando datos en un PDF, que si gestionar administrativamente la entrada de un nuevo empleado, que si contestar correos “rollo” que son siempre iguales… Bueno ¡qué os voy a contar que no sepáis!

Así que han decidido meter ‘Robotic Process Automation’. ¿Robotic, qué?, pregunté yo. Y me contestaron que, para que me resultara más sencillo, me quedara con las siglas: RPA. Y eso es lo que he hecho.

Lo que me cuentan es que se trata de unos módulos software que interaccionan con aplicaciones y documentos de la misma forma que una persona. Es como si utilizaran la pantalla y el teclado o el ratón pero, claro, como son robots, son más rápidos, no se equivocan y trabajan todos los días de la semana. Una bicoca el colega robot, vamos.

Pero, claro, yo me quedé preocupado. Si los robots estos, el RPA o como se diga, trabaja tan bien, ¿qué pasa conmigo? ¿Y con los otros compañeros del departamento? Que no está el horno para bollos…

Como os podréis imaginar, me fui corriendo a hablar con Recursos Humanos para que me pusieran negro sobre blanco. Y me dijeron que tranquilo, que lo que se buscaba era automatizar esas tareas burocráticas que nos comen en el día a día, de forma que los profesionales de la compañía pudiésemos dedicar más tiempo a tareas más creativas y de mayor valor añadido. Y que, aunque esos bots utilizan la inteligencia artificial, que está tan de moda para entender el lenguaje natural o reconocer imágenes y caracteres, no tienen ni un puntito de creatividad ni inventiva. Vamos, que, a partir de ahora, mi puesto de trabajo era más seguro que nunca y que mi labor iba a ser clave. Adiós a la burocracia y los agobios y bienvenidos la creatividad y el valor añadido.

No creáis que salí convencido del todo, os podéis imaginar.

Pero, bueno, luego lo vas viendo en el día a día y es verdad. Ya me he olvidado de facturas y de la mitad de los correos: se encarga mi colega robot. Y no falla, ¡qué máquina! Claro, es que es un robot…

Ahora hablo más con otros compañeros, y con los clientes, y con los proveedores. Y se me ha ocurrido un nuevo proyecto, que va a ser impactante. Porque es que ahora, de vez en cuando, hasta puedo pensar e imaginar mejoras para el departamento y para nuestros clientes. Da gusto. En realidad casi me da pena del robot, el pobre (o la pobre), todo el día trabajando como un esclavo. Y toda la noche también. Cuando me voy por las tardes, no puedo evitar despedirme: “¡Adiós, colega! Hasta mañana. Que te sea leve”.

Y el pobre, como es un RPA de esos, no dice nada pero los de atención a cliente tienen uno de esos que llaman chatbot la mar de simpático, que habla y todo. Dicen que hace síntesis de voz y procesamiento de lenguaje natural y entiende este último y no sé cuántas cosas más, pero yo, lo que veo, es que saluda y contesta a todo lo que le preguntamos, como si tal cosa. Es muy simpático y atento y siempre está de buen humor, no como algunos humanos…

Y por lo que me cuenta mi amigo de Bilbao, ellos en la fábrica tienen otros robots que les ayudan. Les llaman cobots porque son roBOTS que COLaboran, de ahí las siglas. Ésos sí que se ven porque no son robots software sino brazos articulados, pero en lugar de dedicarse ellos solos a hacer todas las cosas como en las fábricas de coches que vemos en la tele, lo que hacen es ayudarle a él, a mi amigo, a hacer su trabajo, a mover y  encajar piezas, y cosas así. Le hacen de “ayudantes” en lo que necesita.

Creo que me lo ha contado para darme envidia y ponerme los dientes largos  porque se imaginaba que yo, al estar en una oficina, no iba a tener mi propio robot, así que me he venido arriba y le he hablado de mi colega robot, de lo bien que trabaja y de la cantidad de trabajo que me quita. Y, al final, y como resumen, le he dicho que tengo colega nuevo en la oficina, que se llama RPA y que es divino o divina.

Imagen: ‘Big bots and mini bots’ por Jelene Morris en Flickr.

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