Los menores como víctimas desde la perspectiva de la ciberseguridad

Jennifer González    3 mayo, 2022
Una menor utilizando una tablet

Ser madre de un adolescente mientras se estudia un máster en ciberdelincuencia te hace plantearte muchísimos peligros que, de no tener un hijo de 14 años, ni si quiera se me hubiera pasado por la cabeza. Seguro que en vuestro entorno tenéis menores a los que queréis, ya sean sobrinos, nietos, hijos de amigos o vuestros propios hijos, por lo que os interesa este tema.

Cuando hablamos de ciberseguridad o ciberdelincuencia lo primero que viene a la mente son ciberataques estilo ransomware, phishing o DDoS, entre otros. Estos son ciberataques puros tal y como describe Fernando Miró (2012:50) por el hecho de que solo se pueden cometer en el ciberespacio.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que también existe ciberdelincuencia social y de réplica como es el ciberstalking, cyberbulling, online harassment u online grooming, que son aquellos ciberdelitos que ya existen en el espacio físico pero que también pueden darse en el ciberespacio.

Crece el número de menores que son víctimas de ciberdelitos

Además, a la casuística de que pueda haber delitos físicos que se den también en el ciberespacio, hay que sumar el hándicap de que cada vez los menores acceden más temprano a las tecnologías, y que, sin embargo, se les provee de una herramienta sin previamente formarlos. Por lo que los menores pueden consumir contenidos nocivos y llegar a ser víctimas de distintos ciberdelitos.

Según el último informe sobre la cibercriminalidad en España disponible, en 2020, entre los menores que fueron víctimas de algún ciberdelito, destaca la tipología de amenazas y coacciones con 1.149 cibervíctimizaciones registradas y 1.153 referentes a delitos sexuales. Como se puede observar desde el 2015 ha ido creciendo el número de menores víctimas de estos ciberdelitos.

Gráfico con datos Informes sobre la cibercriminalidad en España del 2015 a 2020
Gráfico: Elaboración propia a través de los datos de los Informes sobre la cibercriminalidad en España del 2015 a 2020

En 2020, los delitos sexuales (online grooming) hacia menores llegan a superar el delito de amenazas y coacciones (ciberbullyng), además, el número de registros en esta modalidad casi se duplica desde el 2015, sin contar que existe una cifra negra, que son aquellos delitos de los que no se tiene constancia por ningún medio, es decir, no se han puesto en conocimiento ante ninguna autoridad mediante denuncia.

Consecuencias de ser víctima de estos delitos

Sufrir cualquier tipo de las conductas mencionadas hace que, a nivel individual de cada víctima, se experimenten consecuencias muy graves. Por ejemplo, varias investigaciones que se han llevado a cabo (Garaigordobil, 2011; Wells y Mitchael 2007, citado en Montiel, 2019) sugieren que llegar a ser víctima de estos delitos por parte de los menores se asocia con el estrés, depresión, conductas suicidas, miedo, baja autoestima en el caso del ciberbullyng. En el caso de víctimas de online grooming, se suma el aumento de probabilidades de consumo de sustancias y desarrollar conductas delictivas, escaparse de casa y llegar a tener relaciones sexuales de riesgo.

Por lo que, en mi opinión, esto es un problema que atañe no solo a los padres (entorno de los menores) en particular sino a la sociedad en general y creo que los que estamos dedicados profesionalmente en este mundo en general de las TIC’s, tenemos un papel fundamental, casi obligatorio, de transmitir conocimientos para la prevención y así reducir la probabilidad de convertirse en víctimas de estas conductas.

Brecha digital entre padre e hijos

Si bien, como se ha comentado, entre otros actores involucrados para que esto no suceda, son los padres principalmente las personas más allegadas a los menores y por lo tanto, los más interesados en la prevención del tema en cuestión, no es menos cierto que existe una brecha digital entre padres e hijos. Los menores han nacido en la era digital, pero como decía, no se les forma en el uso de las herramientas porque principalmente, los agentes encargados de su educación, docentes y familiares, siempre vamos por detrás en el conocimiento sobre todo de las redes sociales existentes, por lo que hay que incidir en el aprendizaje en las TIC’s.

Huella dactilar. Imagen: Pixabay
Imagen: Pixabay

¿Tenemos conocimiento de todas las redes sociales que usan nuestros menores? Si lo sabemos ¿Cuál es la forma de tener conocimiento de que publican? ¿Nos hacemos perfiles en las mismas redes sociales y les seguimos? ¿Les estamos concienciando para que sepan discernir entre lo que deberían o no publicar?

Sin duda son muchas preguntas que nos deberíamos hacer todos y en consecuencia buscar todos los recursos posibles para que, por lo menos, seamos un poco más conscientes de la huella digital que tienen los menores en el ciberespacio e intentar concienciar de todo los peligros que hay detrás de una pantalla. De esta manera se podría reducir ese número tan alto en cibervictimizaciones que apunta el informe de cibercriminalidad en España y que, como se ha visto, cada año va en aumento.

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