El líder del siglo XXI: su retrato robot

José Ramón Suárez Rivas    29 abril, 2020
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Ya se venía hablando mucho de cómo liderar en disrupción y últimamente se hace de cómo liderar en una crisis como ésta o la manera de hacerlo desde la distancia, con el equipo teletrabajando. Pero la curiosidad por el tema del liderazgo no es nueva. El concepto ha sido ampliamente estudiado, sobre todo desde el campo de la psicología social y la psicología del trabajo y de las organizaciones. En 1940 Kurt Lewin y su equipo de colaboradores ya empezaron a trabajar sistemáticamente en ello. Hoy la pregunta es cómo debe ser el líder del siglo XXI.

Son muchas las investigaciones a lo largo del tiempo pero, como señalaba a finales de los años 50 del pasado siglo Warren Bennis, el liderazgo es una de las áreas oscuras y confusas en psicología social. Se ha escrito mucho de ella pero probablemente sea de la que menos se conoce.

Qué es el liderazo y distintos tipos a lo largo del tiempo

El liderazgo podría definirse como el talento para influir en los demás y alinearlos hacia un objetivo común.

A lo largo del tiempo se ha llamado la atención sobre distintos tipos de liderazgo:

  • Lewin (1930-1940). Liderazgo democrático.
  • Hersey-Blanchard (1969). Liderazgo situacional.
  • James Burns (1970). Liderazgo transformacional.
  • Robert K. Greenleaf (1970). Liderazgo de servicio.
  • Robert House (1978). Liderazgo carismático.
  • Daniel Goleman. Boyatzis y McKee. (2001.)  Liderazgo emocional.

La paradoja de la vulnerabilidad del líder

Aunque pueda sonar contradictorio, es interesante destacar que el líder desarrolla su liderazgo desde la vulnerabilidad. Es decir, mediante el análisis de sus fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades y, por supuesto, de sus valores, emociones y creencias. De esta forma toma conciencia de la necesidad de aprender, desaprender y reaprender nuevas competencias y hábitos. Esto cobra especial importancia para el líder del siglo XXI, que ha de enfrentarse al cambio continuo.

La “resonancia”

Daniel Goleman, en su modelo de liderazgo emocional, explica que la tarea fundamental del líder es despertar los sentimientos positivos de sus colaboradores. Esto ocurre cuando un líder produce resonancia, es decir, el clima emocional positivo indispensable para movilizar lo mejor del ser humano.

Obviamente la inteligencia emocional (entendida como el adecuado conocimiento y gestión de las emociones) hace que el liderazgo aliente esa resonancia y, por tanto, incremente el rendimiento individual y el de los equipos y organizaciones.

El líder nace y se hace

El líder nace como persona y se hace “cultivando y entrenando nuevos hábitos”. Los líderes tienen unas cualidades innatas y hay otras que se pueden adquirir con entrenamiento: las competencias. El concepto lo acuñó el profesor de la Universidad de Harvard, David McClelland, mentor de Goleman.

Posteriormente otros autores han profundizado mucho en ello y, a partir de sus conclusiones, las competencias podrían definirse como el repertorio de comportamientos observables y medibles asociados con un rendimiento alto o excelente en una ocupación de un determinado contexto profesional, y con una contribución notable para el éxito y futuro de la organización.

Por tanto, una competencia comporta una serie de elementos complementarios e interrelacionados entre sí.

  • Saber. Conocimientos teórico-prácticos para un rendimiento alto o excelente.
  • Saber hacer. Habilidades y destrezas para poner en práctica los conocimientos, la capacidad de resolver con autonomía.
  • Saber social. Coherencia con los valores y cultura corporativos. Orientación al grupo y a las relaciones interpersonales.
  • Saber ser. Autoliderazgo, autoconocimiento, proactividad, autoeficacia, autoestima sana. Respuestas coherentes con los hechos, palabras,creencias y valores.
  • Querer hacer. Motivación. La persona tiene que querer mostrar el repertorio de comportamientos propios de la competencia
  • Poder hacer. Disponer de los recursos relacionados con la tecnología, procesos, estructuras y personal necesario para el éxito en el desempeño de una ocupación o en una organización concreta.

Y en este proceso desde el saber ser a la coherencia con los hechos es donde el líder debe tener una integridad emocional.

Competencias del líder

Lo anterior exige cinco tipos de dominios:

  • Competencias estratégicas: liderar el cambio
  • Competencias sociales: influencia
  • Competencias personales: dominio de sí mismo
  • Competencias de gestión: ejemplaridad
  • Competencias éticas: reconocimiento

Más responsabilidades que privilegios

Ser líder, más que una posición de poder, autoridad o privilegio, entraña cinco grandes responsabilidades. Valga esta regla nemotécnica como si la palabra fuera un acrónimo: L.I.D.E.R.

  • Liderar el cambio y transformar las organizaciones.
  • Influir e inspirar a los colaboradores hacia una visión compartida y un objetivo común.
  • Dominio de sí mismo, que implica un buen nivel de autoconocimiento y autoaceptación.
  • Ejemplo. El líder debe ser un referente.
  • Reconocimiento. Las personas motivadas se comprometen y dan lo mejor de sí mismas y valorarlo es fundamental.

“Superpoderes” del líder del siglo XXI

Y éstas serían “las principales piezas del retrato robot” del líder del siglo XXI:

  • L: Visión de negocio, visión de la organización, orientación al cliente, compromiso, negociación, networking, innovación.
  • I: Comunicación, carisma, coaching, delegación, empatía, colaboración, confianza, conciencia social, gestión de las relaciones, trabajo en equipo, gestión de conflictos.
  • D: Conciencia de sí mismo, autogestión, autodisciplina, proactividad, creatividad, autocrítica, aprendizaje, autoconocimiento, equilibrio emocional.
  • E: Planificación y gestión de actividades y recursos, Análisis de problemas, Toma de decisiones, disciplina, gestión del tiempo, empowerment.
  • R: Integridad, honestidad, credibilidad, dirección por valores.

A continuación desarrollaré una competencia de cada dominio:

  • Visión de negocio. Capacidad de reconocer los peligros y aprovechar las oportunidades que repercuten en la competitividad y efectividad del negocio.
  • Gestión de conflictos. Capacidad de diagnosticar, afrontar y resolver conflictos interpersonales con prontitud y profundidad, sin dañar la relación personal e incluso reforzándola
  • Autocrítica. Capacidad de aceptar y asumir las limitaciones y errores personales. Humildad para aceptar críticas constructivas y la opinión sincera de los demás sin ponerse a la defensiva. Es la puerta del autoconocimiento.
  • Planificación y gestión de actividades y recursos.  Capacidad de organizar eficazmente las actividades y recursos en función de los objetivos estratégicos. Implica integrar y armonizar los recursos disponibles según la amplitud de la gestión del puesto, proyecto o tarea, así como priorizar su actuación para obtener el rendimiento más eficiente y garantizar la consecución de los objetivos.
  • Integridad: Capacidad de comportarse de manera recta y honrada ante cualquier situación. Señala a una persona “de una sola pieza”, sin fisuras, clara, honesta y coherente. La ejemplaridad se fundamenta en la integridad y de ella nacerán la confianza y autoridad moral.

En resumen, el líder del siglo XXI marca la estrategia, consigue una visión compartida, genera confianza, contagia entusiasmo, sabe reconocer, da ejemplo, impulsa el desarrollo de sus colaboradores y tiene un alto grado de inteligencia emocional.

Goleman dice en su modelo que el líder eficaz no tiene que tener necesariamente todas las competencias en cada dominio pero cuantas más y de mayor grado, mejor…

Imagen: Ines_

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