La receta electrónica en España como caso de éxito y retos pendientes

Pablo Pascual Martos    2 noviembre, 2015

Una vez más tengo que acudir al Centro de Salud a ver a mi médico sólo para que me recete el medicamento del que dependo desde que me diagnosticaron esta dichosa enfermedad crónica. Y sé a lo qué me enfrento…Con un poco de suerte estaré una hora pero puede que pierda toda la tarde sólo para que me hagan una receta. ¡Vaya pérdida de tiempo! Aprovecharé y le pediré más de una, aunque luego tengo la alacena de la cocina que parece un botiquín y, al revisar la caducidad de las cajas, tengo que tirar alguna.

Pido la cita -bueno, mi hijo, que para eso sabe de Internet y lo hace desde el ordenador- y voy al Centro de Salud a esperar pacientemente mi turno.

“Hoy va con retraso”, pienso mientras ojeo el panfleto que me han dado a la entrada de no sé qué de la lucha de la Sanidad. No sabía que estuvieran en lucha. Luego le preguntaré a mi hijo, que se entera de más cosas.

Por fin me toca.

– “Buenas tardes doctor”, le digo. “Vengo a por la recetita, que me he quedado ya sin las pastillas”.

El médico me pregunta qué tal estoy.

– “Bien, sin entrar en detalles”, sonrío.

Coge mis datos y, antes de darme el papel de la receta, me pregunta por qué no utilizo la receta electrónica y así no tendría que venir tan a menudo sólo por esto.

– “¿La receta qué?”, pregunto.

– “Electrónica”, me contesta alzando un poco la voz y con cierto aire de resignación. Creo que lo ha debido explicar ya varias veces…

– “Mire, es algo nuevo para que los pacientes que necesitan medicación puedan ir a la farmacia directamente sin tener que pasar por el consultorio. Ahora yo le hago la receta y la próxima vez que se quede sin pastillas puede ir directamente a cualquier farmacia y allí se las darán sin necesidad de pasar por aquí más que para ver cómo sigue. No tengo que hacerle la receta habitual, ni necesita ese papel cada vez que se le acaben”, me dice.

Debo reconocer que me desconcierta su explicación, por lo que le pregunto:

– “Pero doctor, ¿cómo van a saber en la farmacia lo que necesito, si no llevo el papel?”.

– “Es muy fácil, nosotros desde aquí usamos un programa informático que nos permite transmitir directamente su receta médica a las farmacias, en lugar de escribirla en papel. De esta forma, las recetas se envían a las farmacias de manera inmediata a través de un sistema telemático seguro que asegura que esto es sólo para usted. Así puede solicitar su medicación en cualquier farmacia de su localidad presentando la tarjeta sanitaria. Eso sí, para gestionarle el alta, necesito su tarjeta”.

Lo que me cuenta me parece una buena idea, así que abro la cartera y se la entrego. El doctor la coge y la pasa por el aparato que tiene para leerla, mientras mira el ordenador y teclea.

– “Como necesita este medicamento continuamente y no necesitamos verle tan a menudo, esto le vale para un año. Por si le ponen alguna pega en la farmacia, yo le voy a dar un papelito, que es la hoja de medicación, para que lo enseñe, pero no necesita llevarlo; con la tarjeta sanitaria es suficiente. Cuando acuda a la farmacia sólo debe enseñar la tarjeta y pedir la medicación”, insiste. Y añade: “Pero acuérdese de ir un poco antes de que se le acabe, por si tienen que pedirla”, concluye mientras me la devuelve y se gira para darme un papel que sale de la impresora.

-“Entonces, a ver si le he entendido bien- pregunto- ¿Basta con que presente la tarjeta en la farmacia sin haber tenido que pasar por aquí antes y sin necesidad de llevar el papel y me darán la medicación?”

– “Si,pero tenga en cuenta que no puede pedir varios envases a la vez. Sólo le darán uno y, cuando esté a punto de terminarse, unos días antes, vuelva y le darán otro, y así hasta que veamos que no lo necesita o haya que cambiarle la medicación”.

La verdad es que todo me parecen ventajas con la receta electrónica, aunque me asalta una duda y aprovecho para preguntar:

-“Doctor, ¿y si me voy al pueblo en verano y me quedo sin la medicación puedo cogerla allí?”.

Él esboza una ligera sonrisa de complicidad y responde:

– “Depende. Si el pueblo es de esta misma Comunidad Autónoma, sí, pero si es en otra, de momento no se puede. Están elaborando una propuesta para que sea operativo en toda España, pero el plazo era para el 1 de enero de 2015, y aún queda alguna Comunidad en la que ni siquiera se ha implantado la receta electrónica… así que habrá que esperar un poco más”.

No me quedo muy tranquilo. ¿Qué pasa si decido viajar a otra Comunidad entonces?

El doctor advierte mi angustia y me tranquiliza:

–  “No se preocupe, está todo previsto: si un paciente ya incluido en la receta electrónica va a viajar, podemos imprimir hasta tres meses en receta papel con sus correspondientes fechas previstas de dispensación, sin sacar al paciente del sistema de receta electrónica. Una vez se agoten las recetas en papel, se le seguirá dispensando su medicación con receta electrónica con la cadencia prevista sin necesidad de acudir a la consulta”.

Como veo que han pensado en todo, me despido y me acerco a la farmacia que tengo al lado de casa para ver si todo funciona realmente tan bien y de paso recoger las pastillas, que ya casi no tengo.

– “Buenas tardes”, saludo al farmacéutico.

–  “Muy buenas, Don Ramiro. ¿Qué, a por las pastillas?”.

– “Si, como todos los meses. Mira, me han metido en eso de la receta electrónica. Me han dicho que sólo tengo que darte la tarjeta…” y se la entrego.

– “Bueno, vamos a ver….”, asiente, mientras pasa la tarjeta por el lector y mira la pantalla.  “¿El xxx de 20mg?”, me pregunta.

Y sí, son mis pastillas. Se lo confirmo y el boticario se gira hacia las estanterías donde tiene todas las cajas, la busca y me la entrega. Tras un rutinario trabajo administrativo, me advierte:

– “Recuerde que ya no le puedo dar otro envase hasta dentro de……28 días”.

Me devuelve la tarjeta y, tras despedirme, salgo de la farmacia con la sensación que algo ha cambiado en mi vida.

 

Con esta escena simulada he pretendido ejemplificar la eficiencia que la receta electrónca aporta a los distintos actores involucrados. Ahora os daré algunos datos de la misma:

  • En España existen quince sistemas de receta electrónica diferentes y algunas comunidades autónomas, como Castilla y León, están en vías de implantarla aún. Quince sistemas informáticos diferentes para un fin común, de ahí que la interoperabilidad esté siendo complicada.
  • El pasado 7 de julio se hizo la primera dispensación entre Comunidades: una paciente de Extremadura pudo usar su tarjeta en Canarias. Desde ese día hasta hoy ha habido 26 farmacias en las que se han hecho dispensaciones de este tipo.
  • Nueve millones de españoles aún no tienen acceso a esta receta (Muface, mutuas, medicina privada…).
  • Sin embargo, somos el primer país europeo que tiene la receta electrónica y, en las comunidades en las que está implantado el sistema, el 81 por ciento de las recetas que se dispensa se hace de manera electrónica. En atención especializada la implantación ha sido un poco más lenta.
  • Las farmacias se conectan con los sistemas de receta electrónica de cada comunidad autónoma a través de redes privadas virtuales (conexiones VPN) entre las boticas y los colegios farmacéuticos de cada provincia.  Telefónica tiene presencia en 15.000 de las 22.000, a las que puede ofrecer un portfolio de servicios más allá de la conectividad, que las ayude a evolucionar hacia las oficinas de farmacia del futuro.

Imagen: World Bank Photo Collection

 

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