La cultura del teletrabajo en LUCA: una virtud convertida en necesidad

Pilar Cantarero    12 marzo, 2020

Es viernes, primera hora de la mañana y estoy trabajando desde casa. Aunque para muchos esto esté siendo toda una novedad, para mí no lo es. Estoy teletrabajando como cualquier otro día de los que trabajo en remoto. Sí, en LUCA se teletrabaja y parece que deberíamos sentirnos afortunados por ello. Formamos parte de una unidad de productos de Big Data dentro de Telefónica donde nuestros equipos están situados en localizaciones diferentes, incluso en latitudes distantes: Madrid, Valladolid, Barcelona, Londres, São Paulo, etc. Nuestros clientes se reparten a lo ancho del globo entre Europa, LatAm e incluso Asia. Las videoconferencias están a la orden del día como no podía ser de otra manera… ¡estamos en una empresa de telecomunicaciones!

Las ventajas de teletrabajar

Teletrabajar es un gran avance de nuestro siglo. Conocido como un “beneficio social”, evidencia una cultura que invita a la colaboración basada en una comunicación abierta de los equipos aunque no sea presencial.

Pero lo realmente valorado es el componente social: permite flexibilizar horarios, permite conciliar a madres y padres y, sobre todo, ser más eficientes. Eficientes porque aprovechamos nuestro tiempo al máximo. Sin commuting, puedes ahorrar ese tiempo para poder gestionarlo de la mejor forma posible estando más fresco y descansado desde el principio de la jornada. Además, en temas de recursos y movilidad, es mucho más ecológico.

Las claves: disciplina, confianza y responsabilidad

No obstante, teletrabajar no es trivial, que nadie se equivoque. Requiere de disciplina, mucha disciplina, y de confianza de quien lo concede y de responsabilidad por quien lo disfruta.

Lo bueno es que teletrabajar hace que centremos nuestros esfuerzos en comunicarnos mejor y hacernos entender, porque no olvidemos que una comunicación “pobre” o un malentendido nos conlleva trabajar el doble, algo que también puede ocurrirnos en la oficina, ¡a veces estamos al lado y no intercambiamos palabra ninguna!

También requiere de una planificación previa que nos hace valorar lo importante versus lo urgente. Por ejemplo, nuestros equipos de desarrollo se auto-organizan para poder funcionar en remoto, cuentan con herramientas para comunicarse síncrona y asíncronamente que les permiten planificarse y, sobre todo, seguir colaborando en la distancia.

Comunicación síncrona y reactiva

Citaré las nuestras como muestra: Microsoft Teams para todas las comunicaciones dentro de la compañía, Sharepoint/OneDrive para disponibilizar documentación, herramientas de issue-tracking como Redmine o JIRA para la gestión de tareas y proyectos, GitHub para sincronizar todo el código, Workplace para compartir información y hacer broadcasting, tableros virtuales para reuniones temáticas, etc.

Como parte de nuestro Way of Working, tenemos de forma periódica reuniones tipo “daily” en remoto. Agendamos sesiones de planning y retrospectiva virtuales con, a veces, más de 20 participantes. Se convocan demos online para decenas de personas.

Se hace pair programming compartiendo pantalla. Se habilitan chats o canales en Teams para hablar de temas específicos y, cuando es necesario, se organiza una call que podemos crear directamente desde nuestro Outlook. Todo esto es parte de nuestra actividad síncrona y reactiva sin que estar en la oficina suponga una necesidad.

Comunicación asíncrona y proactiva

Pero la comunicación asíncrona y proactiva es clave: automatizamos tareas cuyos resultados se reportan vía canales de Teams, se chatea sin esperar que te contesten al instante, se facilita información vía webs internas de consulta o herramientas colaborativas tipo “wiki” de forma que “hacemos pull” o consumimos esa información bajo demanda, cuando queremos y donde queremos, sin forzar el envío de cualquier información en modo “push” generando cientos de emails.

Por eso, mucha de esa comunicación está sustituyendo al correo. Y funciona. Todas estas buenas prácticas nos facilitan la autonomía y la posibilidad de no estar físicamente en el lugar.

Pero también hay que verse…

Eso no quita que no sea bueno verse presencialmente. En nuestros equipos acordamos días para acudir todos a la oficina de forma que podamos hacer varias reuniones presenciales. Si el equipo se encuentra completamente distribuido, se montan eventos para poder juntarnos. Esos días suelen ser muy efectivos puesto que, al estar todos face-to-face, podemos desbloquear fácilmente algún tema que nos permita seguir teletrabajando los siguientes días sin problemas. Al final, cada uno encuentra el equilibrio para planificarse en base a su trabajo.

La excepción que confirme la regla

Ahora que en Madrid estamos en un escenario de quasi-confinamiento, os aseguro que vamos a echar de menos la parte más social de acudir a la oficina: los saludos en los pasillos, nuestras charlas con los compañeros, ese café que te tomas como reunión improvisada, salir a comer…

Ojalá pronto volvamos a la situación en la que, sin que sea por obligación, tod@s podamos decidir si teletrabajar o no en función de las necesidades del equipo, en un entorno de absoluta confianza y de responsabilidad auto-exigida.

Eso significará que, después de esta crisis forzada, aquellas empresas que antes no lo “practicaban”, empezarán a valorar el teletrabajo como una medida real de productividad. Estas 2 semanas serán la prueba de fuego para demostrar que es posible. Porque, ahora mismo, es la mejor forma de que la actividad continúe en sectores como el nuestro. Otra cosa es que llegue alguno de nuestros hijos demandando atención y no podamos trabajar. Eso daría para otro post más… 😊 

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