Lecciones para la gestión empresarial de unas “Olimpiadas de valores”

Ana García-Valenzuela    26 agosto, 2021
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Recordaremos los meses centrales del verano de 2021 por muchas cosas -los picos de temperatura, entre ellas-, pero también por la ola refrescante de valores que nos dejó el deporte. Tras la inesperada y brillante llegada a semifinales de la selección española de fútbol en la Eurocopa, nos sumergimos en los Juegos Olímpicos de Tokio. Fueron atípicos por la pandemia: con la amenaza de cancelación por el virus y, finalmente, sin público en las gradas, con mascarillas y distancia de seguridad. Pero el resultado fue inspirador y no tanto por las medallas, sino por los aprendizajes.

La delegación de España se colgó tres oros, ocho platas y seis bronces, situándose en la posición 22 del medallero. Pero estas Olimpiadas, que han recibido el apodo de “los Juegos de la Bondad”, nos dejan sobre todo el poder de los valores deportivos como transmisores del cambio.

Los Juegos Olímpicos de Tokio como guía corporativa

Dichas competencias y actitudes que se construyen, se trabajan y se predican en el deporte pueden aplicarse al mundo empresarial. Los Juegos Olímpicos de Tokio nos dejan momentos para el recuerdo como los siguientes:

  • Diversidad de género. En la ceremonia de apertura, los 320 deportistas españoles fueron abanderados por la nadadora Mireia Belmonte y el piragüista Saúl Craviotto. Esta representación mixta fomentó la igualdad en unos Juegos con la mayor participación femenina de la historia, casi un 49 por ciento de deportistas han sido mujeres.
  • Éxito compartido. En salto de altura, el catarí Mutaz Barshim y el italiano Gianmarco Tamberi renunciaron al desempate y subieron juntos a lo más alto del podio, algo que no ocurría desde 1908. Apostaron, así, por una victoria conjunta frente al logro individual. La hazaña de Tamberi con este oro fue doble, pues justo antes de los Juegos Olímpicos de Río (2016) se rompió el talón de Aquiles y, pese a que muchos entonces pensaron en su retirada, el atleta italiano supo gestionar la frustración y centrar su objetivo en esta siguiente cita olímpica. Con el lema en su escayola de “Road to Tokyo” ha demostrado que con valores como la tenacidad, el esfuerzo y la determinación se consiguen resultados.
  • Espíritu de lucha frente a la adversidad. En atletismo, la atleta Sifan Hassan se caía en la última vuelta de la semifinal de 1.500 metros. Pero, lejos de rendirse, se levantó y corrió de forma espectacular, remontando a sus adversarias. Esta exhibición de fortaleza la llevó a clasificarse para la final, en la que consiguió medalla de bronce. La neerlandesa de origen etíope logró, además, dos medallas de oro en los 10.000 y 5.000 metros, consiguiendo el triplete.
  • No hay que tirar la toalla. Algo parecido le sucedió al representante español en ciclismo de montaña, David Valero. Tras un enganchón en la salida que lo dejó en la primera vuelta en la posición 30, el corredor fue remontando posiciones hasta asaltar la tercera plaza. En su duelo final consiguió vencer a Nino Schurter (doce veces campeón del mundo y vigente campeón olímpico) para llevarse una medalla de bronce. La historia de David Valero es un ejemplo de esfuerzo y superación, de una escalada de puestos sin descanso a lo largo de su carrera deportiva.  
  • Adiós al edadismo. Valores como la perseverancia y el compromiso quedaron patentes en el español Jesús Ángel García Bragado (Chuso). Con 51 años participó en los 50 kilómetros marcha. El atleta, que fue campeón del mundo en Stuttgart en 1993, rompía, así el récord de participaciones en la historia de los Juegos Olímpicos, tras competir en las últimas ocho olimpiadas.
  • La importancia de las emociones y el espíritu de superación. Gran repercusión tuvo la retirada de Simone Biles en tres finales de gimnasia artística para dar prioridad a su salud mental pues sentía “el peso del mundo” sobre su atlético cuerpo de 1,5 metros. Sin embargo, con gran coraje y afán de superación, la cinco veces campeona del mundo aprovechó su última oportunidad de participar en Tokio 2020 para subirse a la barra de equilibrios. Recibida con mucho cariño por sus rivales, la estadounidense ejecutó con seguridad un ejercicio de alta dificultad que culminó con una medalla de bronce. Biles demostró gran valentía y sana competitividad al animar a voces a su principal contrincante en esta prueba.  
  • La humildad y un propósito. El brasileño Ítalo Ferreira, que aprendió a surfear las olas en tablas prestadas y cajas de pescar, se convirtió en el primer campeón olímpico en esta disciplina deportiva. Declaró que su próximo objetivo es conseguir fondos para abrir una escuela de surf en su localidad para que los niños vean en el deporte una salida para su futuro.
  • La importancia de los gestos. La grandeza de estos Juegos Olímpicos se vio reflejada en la actitud de los deportistas, que queda para la historia. Adriana Cerezo, apodada “la niña maravilla”, que se colgaba la plata al cuello, se llevaba el oro en deportividad cuando, tras perder la apretada final de taekwondo en los últimos segundos, levantó la mano de su rival para felicitarla. También fue emotivo el abrazo de admiración y respeto de Ana Peleteiro (bronce) a Yulimar Rojas (oro) por batir el récord del mundo en la final de triple salto. O la caída de Jewell y Amos en la semifinal de 800m. Uno ayudó al otro a levantarse para llegar juntos a la meta. Valores de compañerismo, amistad y pasión por lo que se hace que dice mucho de todos ellos.

Y es que no hay mejor escuela para la empresa y para la vida que el mundo del deporte. Estos Juegos Olímpicos han vuelto a unir a la humanidad para superar récords, compartir metas, fijar valores, alcanzar hitos, mezclar culturas, hermanar naciones… Tokio ha sido una nueva oportunidad para renovar la esperanza colectiva ante las dificultades, fortalecer la solidaridad e iluminarnos con las historias de superación y actitudes de los deportistas participantes. Que este espíritu olímpico sea fuente de inspiración y guía para personas y empresas para conseguir sus “medallas” en el entorno cambiante e incierto que vivimos.

Imagen: Dick Thomas Johnson

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