IoT ético: principios para una implementación que respete los derechos digitales de las personas

Nacho Palou    20 diciembre, 2022

IoT (Internet de las Cosas) es una de las tecnologías fundamentales en cada vez más procesos de transformación digital y en el desarrollo de nuevas oportunidades empresariales. Consiste en el uso de dispositivos y sensores conectados que generan o capturan datos a través de objetos comunes como contadores de agua, prendas deportivas y wearables, vehículos, sistemas industriales, lámparas, sensores de domótica,…

Esta gran red de dispositivos IoT conectados generan una ingente cantidad de datos del entorno físico. Estos datos se capturan y pueden procesarse con tecnologías como Cloud, Big Data e Inteligencia Artificial para ayudar a tomar decisiones basadas en datos que tendrán a su vez repercusiones en el entorno físico y en las personas.

Un ejemplo sencillo sería el caso de un sistema inteligente de climatización que tenga en cuenta datos procedentes de diferentes sensores (termostatos, de luz solar, de ocupación y circulación de las personas,…) para ajustar la temperatura óptima en un centro comercial.

Los dispositivos IoT permite crear copias virtuales (gemelos digitales) de infraestructuras, entornos o servicios físicos que recrean con precisión su estado, operaciones y comportamiento.

Por tanto, igual que sucede con la Inteligencia Artificial, es importante asegurar que los datos captados por los sensores y dispositivos IoT se registran, almacenan y utilizan de forma ética y responsable. En especial cuando se trata de datos personales; como sería el caso, por ejemplo, de un reloj inteligente capaz de medir la actividad física, el sueño y otros parámetros relativos a la salud.

Tres ingredientes para un IoT ético

Como sucede con el resto de las tecnologías en general, y con las tecnologías digitales en particular, la confianza del público es esencial para impulsar una adopción masiva que permita aprovechar la capacidad y el potencial que ofrece IoT para mejorar el entorno, la economía y la sociedad.

  • Transparencia: como elemento esencial para la confianza, los fabricantes y las empresas deben ser honestas y claras acerca de qué datos van a capturar, cómo se van a utilizar, con qué propósito. También de qué manera van a influir en la toma de decisiones. Sabiendo esto, los usuarios entienden además cómo se van a utilizar sus datos y pueden tomar una decisión informada al respecto.
  • Responsabilidad: Al recibir el consentimiento del usuario las empresas adquieren un compromiso que hace necesario asegurar que esos datos se capturan, almacenan y procesan de manera responsable. Especialmente cuando se trata de información personal, los datos deben mantenerse confidenciales y seguros y procesarse siempre para beneficio del usuario, y no solo para obtener rendimiento económico.
  • Seguridad: para mantener los datos privados y confidenciales la información captada por los sensores y dispositivos IoT, las empresas deben asegurarse de configurar un ecosistema que proteja al usuario y su información. Esto incluye garantizar que tanto los dispositivos IoT como los datos no están expuestos a ciberamenazas y ataques maliciosos, y que cualquier dato solo se utiliza con el propósito comprometido y siempre con el consentimiento del usuario.

Iniciativas que fomentan un Internet de las Cosas ético

El factor ético es esencial para cualquier empresa que desarrolle, implemente o haga uso de dispositivos IoT. Asegurar que los datos están protegidos y que se capturan y utilizan de forma honesta y transparente, siempre con el conocimiento y el consentimiento de los usuarios, permite a las empresas respetar los derechos digitales de las personas y desarrollar una relación de confianza con el público.

Existen diversas iniciativas internacionales, tanto públicas como privadas, que orientan y participan en el desarrollo de tecnologías IoT éticas, como:

También muchas grandes empresas y tecnológicas están demostrando su esfuerzo y compromiso para proteger los derechos digitales de las personas. También por implementar los principios de ética y transparencia que requiere el uso masivo de datos generados por los sensores y dispositivos IoT, y su convergencia con Big Data e Inteligencia Artificial.

Muchas grandes empresas y tecnológicas están demostrando su esfuerzo y compromiso para proteger los derechos digitales de las personas

En este sentido, la iniciativa Ranking Digital Rights (RDR) que impulsa New America’s Open Technology Institute clasifica a las principales empresas de telecomunicaciones, internet y ecosistemas móviles cuyas decisiones afectan en conjunto a miles de millones de personas en todo el mundo.

RDR elabora anualmente el Corporate Accountability Index que, en 2022 y por tercer año consecutivo, lidera Telefónica. Entre otros motivos por tener «políticas claras y robustas en cuanto a la recopilación y el uso de datos» y ser la única de las compañía analizadas con un compromiso por respetar los derechos humanos en el uso de la Inteligencia Artificial.