Inteligencia Artificial, IoT y Blockchain: surfeando la “Tercera Ola”

Ismael Rihawi    29 mayo, 2020

Allá por 1980, el “futurólogo” Alvin Toffler publicó The Third Wave, libro en el que se inspiró Steve Case para concebir su visión particular acerca del desarrollo del paradigma tecnológico de la información en un contexto de mundo digital y globalmente interconectado. La Tercera Ola, con el foco puesto en “las cosas” que nos rodean, ya está aquí. ¿Cómo hemos llegado a este punto?

Grandes referentes cinematográficos de la ciencia ficción auguraron en mayor o menor medida un futuro hipertecnológico, en donde toda representación física conviviera en armonía con un universo de activos y servicios digitales a la carta. Ratos de ocio que siempre observamos con cierto escepticismo, pero que poco a poco comenzamos a ver aproximarse a la realidad tal cual hoy la conocemos.

En un universo entendíamos regido a base de impulsos e inercias, surgieron figuras como Steve Case, cofundador de la empresa America on Line (AOL), impulsora de la creación de Internet. Case, ya en 2016, fue capaz de describir con exquisita precisión la evolución de la conectividad en la sociedad de la información, identificando 3 grandes olas con entidad propia que ilustran su distinto grado de madurez en el tiempo.

Hablaremos a continuación de los rasgos que definen cada una de estas etapas, centrando nuestros esfuerzos en esa tercera ola: claves del éxito, principales enfoques de implantación y agentes involucrados en trazar las líneas de un porvenir en el que recientemente nos adentramos.

Primera ola: comunidades más allá de los límites territoriales

Figura 1: Los cimientos se edificaron a base de consenso entre empresas, por aquel entonces de reciente creciente, unidas por un mismo propósito.
Figura 1: Los cimientos se edificaron a base de consenso entre empresas, por aquel entonces de reciente creciente, unidas por un mismo propósito.

En el período comprendido entre los años 1985 y 1999, compañías como AOL (de la que Case era su máximo exponente), Apple, Microsoft, IBM, Cisco Systems, HP, Sprint y Sun Microsystems fueron las responsables de crear el hardware, software e infraestructura de redes necesarios para permitir que las personas pudieran comunicarse entre sí, asentando las bases del Internet de la información.

Viéndolo hoy en perspectiva como toda una revolución, su expansión fue cuánto menos compleja. Por un lado, los altos costes relativos a la adquisición de ordenadores personales e instalación de líneas para cobertura de servicio en particulares. En lo referente a las empresas, la complejidad y sobrecoste de capacitar a sus profesionales en el desarrollo de nuevas líneas de negocio (Web as Business Infrastructure). Todo ello suscitó un mar de preguntas de distinta índole: desde el riesgo tecnológico de los principales players (“¿puedo crearlo”?), a su verdadero beneficio como escaparate sobre el que presentar la marca (“¿compensa la inversión?”). La llegada de la segunda ola respondería de golpe y plumazo a tanta incertidumbre a unos y otros.

Segunda ola: aplicaciones en masa, redes sociales como vía de expresión

Figura 2: Los pasos dados hasta entonces nos han permitido contar con un mercado extenso de aplicaciones, actuando como facilities o meros pasa-tiempos.
Figura 2: Los pasos dados hasta entonces nos han permitido contar con un mercado extenso de aplicaciones, actuando como facilities o meros pasa-tiempos.

En pleno cambio de milenio, y representando un claro acelerador en la crisis de las puntocom, esta época destacó por la creación de un ecosistema desmesurado de aplicaciones de distinta naturaleza, apoyándose en el camino trazado durante la primera ola. Redes sociales, motores de búsqueda, tiendas online y plataformas de pago ejemplifican en buena forma la enorme diversidad. Un aspecto en común unía a todas ellas: posicionar al usuario en el centro de atención, otorgándole el protagonismo para que éste añadiese valor en un entorno de co-creación (Web as Social Media).

En paralelo a tal eclosión, nuevas vías de consumo de la información e interacción con el mundo se desarrollaron. Gracias a la creación de dispositivos inteligentes (smartphones, tablets y wearables) y al concepto de almacenamiento en la nube, se popularizó el uso frecuente de la red, provocando un aumento exponencial en el volumen de datos generados, rompiendo a su vez con los límites espacio-temporales de la conectividad antes impuestos.

Nuevas compañías tecnológicas emergieron ante tal oportunidad, recogiendo el testigo de “la vanguardia por bandera“. Google, Facebook, Twitter o Amazon, entre otras, corrieron el riesgo de invertir en un mercado incipiente, sin certezas de recibir a priori una gran acogida ni obtener un claro retorno de inversión. Y vaya que si acertaron.

Tercera ola: orientando el foco en las cosas que nos rodean

Figura 3: Las nuevas tecnologías al servicio de extender el mundo digital al real.
Figura 3: Las nuevas tecnologías al servicio de extender el mundo digital al real.

Y llegamos al momento presente, objeto de un exhaustivo estudio por parte de Steve Case en el libro que publicó bajo el mismo nombre que el de su mentor. Motivos no le faltaban para dedicarle tal atención: anunciar un nuevo tiempo de expansión de la tecnología a todos los ámbitos de nuestro día a día, convirtiéndose prácticamente en omnipresente. Tan próxima a nosotros, que permita actuar con antelación efectiva ante problemas y deficiencias reales, ya sea en un entorno de procesos productivos industriales, o en la detección de patologías de distinta consideración en pacientes.

Sin embargo, un fin con un impacto social tan acentuado requerirá, al igual que sucedió en la primera ola, del correcto alineamiento de múltiples aspectos que hagan escapar de toda zona de confort. A considerar, la perseverancia en el ejercicio de la innovación, la búsqueda de alianzas multisectoriales para dotar de músculo reputacional y/o financiero al producto, así como una lucha no trivial por el cumplimiento del marco normativo. Recordemos que la complejidad regulatoria ahora abordará cuestiones de magnitudes no desdeñables, como bien pudiera ser la gestión de flotas de drones, la eficiencia en el uso de los recursos en una Smart City, o la implementación de un asistente de Inteligencia Artificial y detección de averías en vehículos autónomos. Cuestiones que revierten en beneficio de la experiencia del usuario, pero que en caso de mala praxis operativa, pudieran poner en riesgo la propia integridad del mismo.

En correspondencia con lo anterior, resultará vital potenciar la habilidad de gestión del cambio, determinante para posicionar qué empresas liderarán este escenario en constante transformación. Perdurarán las que sepan bailar según la música, partiendo de un espíritu emprendedor y de auto-disrupción (Apple y Amazon dan buena fe de ello). Además, premiará un modelo de equilibrio entre el retorno financiero y la ejecución de su propósito, viéndose gratificadas aquellas organizaciones que lo lleven verdaderamente a la práctica. La fidelidad de la marca llevada a un siguiente nivel.

Cuando la tecnología madura para unir sociedad y progreso

Resolver los retos de la Tercera Ola supone hacer uso de herramientas avanzadas como las que ya disponemos, las cuales han alcanzando un grado de madurez notorio. Formando parte de un engranaje perfecto, son tecnologías que en suma actúan como activadores de todo proceso de transformación digital, y cuyas bondades revertirán en ese grado de personalización del producto o servicio que los consumidores esperan en este ciclo. Es así que toda solución empresarial reunirá en sus distintas etapas de vida cada uno de estos pilares:

  1. Internet of Things como elemento múltiple de emisión inteligente, proporcionando un tsunami de datos allá donde se justifique su aplicación.
  2. Capacidades de Big Data e Inteligencia Artificial para la captura, normalización y extracción de patrones y tendencias que nos permitan predecir y actuar a tiempo en la toma de decisiones de negocio.
  3. Blockchain como canal de compartición del registro de cambios de estado de nuestros activos digitales y conclusiones extraídas sobre estos, representando un medio seguro, confiable y de acceso inmediato para todo organismo involucrado, regido por mecanismos de control vía Smarts Contracts.
  4. Los estándares tecnológicos de comunicación requeridos para una correcta transferencia informacional entre los distintos agentes y puntos de control.
  5. Mecanismos de seguridad perimetral, previniendo accesos y usos no autorizados de los datos bajo el cumplimiento de la regulación.

Steve Case tenía razón. No temamos surfear la cresta.

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