Inteligencia Artificial en la ficción: «Eva», de Kike Maíllo

Santiago Morante    21 octubre, 2021
Crítica IA, Kike Maíllo

¿Tienes miedo de que tu robot de cocina se rebele y te envenene las lentejas? ¿Crees que tu Roomba te vigila? ¿Te tapas con una gorra cuando ves un dron? Entonces este es tu sitio. Comenzamos hoy una serie de artículos sobre el tratamiento que se da en las películas y series a la inteligencia artificial, analizándolo desde el punto de vista del estado tecnológico actual, valorando cómo de realistas son las tecnologías que se presentan.

¿Y por qué deberías creerme? Digamos que hasta hace unos años me dedicaba a investigar con robots, a simularlos, a programarlos, y hasta escribí una tesis doctoral sobre ellos… ¿Empezamos?

Argumento

Abrimos esta serie con una película española poco conocida, Eva (2011) del director Kike Maíllo, la que es, probablemente, mi película favorita en cuanto al tratamiento que se da a la robótica. La película se sitúa en un futuro cercano, 2041, en un mundo en el que los humanos conviven con robots que son utilizados para tareas repetitivas o pesadas, como limpiar o llevar la compra.

En este contexto, Álex (Daniel Brühl), un ingeniero cibernético/robótico vuelve a su pueblo después de una ausencia prolongada, con el encargo de la universidad de crear el primer niño robot. La película se centra en las relaciones entre el protagonista y la familia que dejó al marcharse, y cuenta con algún giro de guion sorprendente.

La robótica que ya existe

En la película, la inteligencia artificial y la robótica son tratadas de 2 maneras muy diferenciadas. Por un lado, tenemos a la mayoría de los robots, cuya estructura física y su inteligencia son completamente realistas y asumibles hoy en día o en un futuro cercano. Desde los asistentes con base móvil, al estilo de PR2, hasta los cuadrúpedos de carga, como los que produce Boston Dynamics, estos robots representan la versión comercial de lo que hoy en día está en las universidades o en determinadas industrias. Hay que destacar el gato-robot de Álex, que es casi una versión estilizada de Spot.

La robótica que nos gustaría que existiera

Por otro lado, hay unos pocos robots, como el asistente Max (Lluís Homar), cuya inteligencia, aspecto, sentimientos y movimientos rivalizan con los de lo humanos. Estos robots son la parte más futurista.

Vamos a analizar por partes sus características. Empezamos con la capacidad de movimiento. Tenemos que el movimiento realista y estable de los robots es un tema de investigación que viene de lejos y que, quitando Boston Dynamics con Atlas, nadie ha conseguido resolver adecuadamente.

El aspecto exterior realista, hasta el punto de confundirlo con un humano, es un área en el que arte e ingeniería se dan la mano. Algunos desarrollos actuales pueden llegar a engañar momentáneamente a un observador ingenuo (o miope), pero ninguno soporta el reto de los movimientos faciales, siendo fácilmente detectable que no estamos ante una persona.

En cuanto a los sentimientos… ¿Qué son exactamente? ¿expresiones externas adecuadas ante determinados eventos? Entonces sí que existe un campo de estudio que, unido al punto anterior, en algún momento conseguirá resultados realistas. Pero si consideras que los sentimiento son algo más que expresiones faciales, entonces me temo que la ingeniería no ha llegado tan lejos.

Algunos estudios consideran que las emociones artificiales son “necesidades” (drives) que el robot busca mantener en rango (como estar contento y no triste, por ejemplo). Sin embargo, un problema viene al determinar qué significa para un robot estar contento o triste (¿tiene que afectar a sus decisiones estar enfadado o exultante?) o cómo tienen que influirle las situaciones (¿si se le acaba la batería se pone triste?). Incluso pensando más allá, ¿para que querríamos un robot con esta funcionalidad? ¿Qué aporta a su trabajo? Podríamos acabar con robots depresivos yendo al robopsicólogo.

En resumen, la inteligencia que propone la película en estos robots casi humanos queda lejos de lo que la ingeniería ha conseguido hasta ahora y es el punto menos creíble de la tecnología que se presenta.

Retrofuturo

Otras tecnologías no relacionadas directamente con la inteligencia artificial si que están inspiradas en tecnologías existentes o que se proyecta que existirán en breve, como las interfaces táctiles visuales para controlar el ordenador (hay que tener en cuenta que la película es de 2011 y que, Microsoft Surface, por ejemplo, se lanzó en 2012), o los indicadores de navegación proyectados sobre la luna del coche (como los Head-up Display de algunos vehículos).

En cuanto a los hologramas que el protagonista usa para ver vídeos o para diseñar el cerebro del robot, hoy en día no se ha conseguido aún prescindir de un soporte físico. Sin embargo, no parece tan descabellado pensar que para 2041 pueda existir una versión más o menos funcional de lo que vemos en pantalla.

Valoración

Eva es una gran película que destaca por su buena integración de tecnología avanzada, pero asumible, en un entorno cotidiano reconocible y que, salvo unos pocos elementos más fantásticos, consigue un buen efecto global de realismo.

Con el objetivo de poder hacer un ranking de películas y series en el futuro, vamos a valorar el grado de realismo de cada tecnología presentada, mediante una escala (sobre 5):

  • Inteligencia artificial: 5/5 para los robots no humanoides, 2/5 para éstos, luego le damos un 3.5/5 de media
  • Robótica: 4.5/5
  • Otras tecnologías: 4/5

Resultado:  4/5 de realismo tecnológico

Disponibilidad: Eva estuvo disponible en Filmin, pero ahora no se encuentra en las grandes plataformas. Se puede conseguir en Amazon.

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