Inteligencia Artificial en la ficción: Autómata, de Gabe Ibáñez

Santiago Morante    1 septiembre, 2022
Foto: Iswanto Arif / Unsplash

Después de analizar Eva de Kike Maíllo, seguimos con la serie “La Inteligencia Artificial en las películas de ciencia ficción”. Hoy analizamos Autómata (2014), de Gabe Ibáñez y que protagoniza Antonio Banderas.

Esta película española nos sitúa en un futuro cercano postapocalíptico (2044) donde apenas quedan unos millones de personas en la Tierra. En esta sociedad, muchos trabajos son llevados a cabo por robots humanoides de la compañía ROC.

Jacq Vaucan (Antonio Banderas) es un agente de seguros de ROC que investiga fraudes y malfuncionamientos de los robots, cuando en una inspección rutinaria descubre que existe la posibilidad de que un robot se haya saltado sus protocolos de seguridad. En un entorno al estilo Blade-Runner, la película sigue la trama detectivesca de Jacq hasta dar con la solución al enigma.

Inteligencia Artificial funcional y realista

Sin ánimo de hacer espóiler, diremos que la película tiene un tratamiento realista de la Inteligencia Artificial hasta la mitad de la película y otro más fantástico en la última mitad.

Si nos centramos en la primera parte de la película, tenemos robots que se usan para trabajos físicos (soldadores, constructores, etc.) cuyos movimientos son lentos, ligeramente torpes y con habilidades funcionales únicamente para desarrollar sus trabajos.

La Inteligencia Artificial que tienen asociada es limitada en cuanto a interacciones sociales, y consiste básicamente en órdenes y respuestas preprogramadas. En este sentido nos encontramos con una película que trata este tema de manera muy realista y que plantea un horizonte razonable de tiempo en el que se puede conseguir.

Autómata (2014) de Gabe Ibáñez es una película que trata la Inteligencia Artificial de manera muy realista y que plantea un horizonte razonable de tiempo en el que se puede conseguir.

Los robots actuales más avanzados ya se mueven como los de la película (e incluso un poco mejor) y la interacción humano-máquina es similar a la que tenemos hoy en día con Siri o Alexa. Además, el aspecto de los robots es pragmático, duro e industrial, sin intentar asemejarse a un humano. No obstante, han contado con una asesora científica del campo de la robótica (Concha Monje) para darle esa capa de realismo:

No revelaremos qué ocurre en la segunda mitad de la película, pero si adelantamos que el tratamiento del género se vuelve menos realista y más en línea con el conjunto de películas de ciencia ficción de robots.

Los protocolos

Bebiendo de la mejor tradición robótica clásica, como son las famosas leyes de la robótica de Asimov, la película plantea dos protocolos que son implantados de manera imborrable en los robots:

  1. Un robot no puede dañar a ninguna forma de vida
  2. Un robot no puede modificarse a sí mismo o a otros robots

Aunque estas leyes y protocolos son muy llamativos y ayudan a contextualizar las historias que se cuentan, en el mundo real no resulta tan sencillo hacer que una IA obedezca unas normas tan generales.

Los humanos, por nuestra forma de razonar, podemos valorar cada acción que hacemos en un marco definido. Por ejemplo, si alguien te dice que tienes que cuidar el planeta Tierra y ser más ecologista, tú, como humano, podrías analizar cada acción cotidiana que realizas (tirar la basura, comprar tecnología, elegir unos productos del supermercado u otros, etc.) y comparar si estás cumpliendo mejor o peor esa regla.

No se ha conseguido que las IA tengan esa capacidad y, tal y como van los desarrollos tecnológicos, para poder entender unas normas tan generales, habría que codificar, es decir, dar una respuesta adecuada, a cada una de las situaciones posibles en las que esa regla puede intervenir. Esto no es factible y limita lo que se puede conseguir en este ámbito.

En un contexto industrial, con límites definidos y comportamientos esperados, es relativamente sencillo programar un robot para que no dañe a un humano: no sobrepasar cierta velocidad de movimiento, no apretar a más de tanta fuerza con la pinza, etc.

Esto es así porque las interacciones están muy limitadas y sabemos cuáles van a ser. Sin embargo, en el mundo abierto que es un entorno urbano o rural, existen tantas situaciones imprevisibles, que no es factible esperar que una IA pueda cumplir normas tan genéricas.

El poder de las empresas tecnológicas

Otro aspecto interesante que plantea la película es el papel de las empresas tecnológicas y el poder que tienen. En la sociedad distópica que se presenta, no parece existir ningún gobierno o, prácticamente, autoridades públicas de ningún tipo. El sistema económico-social parece un capitalismo llevado al extremo donde el poder lo acumula una empresa, ROC (Robot Organic Century), dueña de los robots.

La desigualdad extrema es imperante, por ejemplo, con una muralla que separa la ciudad, donde viven las personas que tienen trabajo, con el resto en las afueras, o con la exigencia de contar con un seguro médico a una embarazada para dejarla entrar al hospital a parir a través de la ventanilla del coche. En este contexto, la dependencia de la sociedad de los robots hace que ROC pueda controlar a las pocas fuerzas de seguridad que aparecen, a dirigir la construcción de la ciudad y su clima, o a realizar acciones ilegales sin consecuencias.

La película parece querer transmitir el mensaje de que, al existir una dependencia tan grande de la tecnología, se está cediendo poder a quién a la controla. Desde luego es un tema que merece un debate.

Valoración

Autómata es una buena película que destaca por su realismo tecnológico y por prever las consecuencias de un capitalismo tecnológico sin límites.

Con el objetivo de poder hacer un ranking de películas y series en el futuro, vamos a valorar el grado de realismo de cada tecnología presentada, mediante una escala (sobre 5):

  • Inteligencia artificial: 4,5/5
  • Robótica: 5/5
  • Otras tecnologías: 4,5/5

Resultado:  4,6/5 de realismo tecnológico.

¿Dónde ver la película Autómata, de Gabe Ibáñez?

Autómata está disponible de manera completamente gratuita a través del portal RTVE Play.

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